lunes, 29 de julio de 2013

E.T.

Ayer leí la descripción que un hombre hacía de sí mismo. Decía que debía de ser un extraterrestre que había acabado en la tierra por error porque no entraba dentro de lo que se considera normal, y que de hecho “lo normal” le parecía tan… anormal… Pensé, anda mira, otro que ha caído aquí por error. Yo lo pienso a diario,  varias veces al día. No sé dónde debería estar pero dudo mucho que sea aquí.

Aquí la gente se alegra porque hace frío y llueve en julio. A ser posible ocupan con un coche el sitio de dos. Si van en bici creen que el universo es un gigantesco carril bici en el que las normas de tráfico no rigen para ellos. En general hay mucha mala idea y aún así, las personas se empeñan en estar juntas. Y no hablo de parejas, o familias. Voy a dar un paseo, a leer un libro a un parque y si hay otra persona en un radio de 500 metros ten por seguro que acabará sentada a mi lado hablándome. Si intento perderme en la orilla pedregosa de un pantano sin sombra alguna, con absoluta certeza acabará apareciendo alguien que no encontrará sitio mejor para poner su toalla que al lado de la mía y luego encima se quejará porque mi perra se sacude cuando sale del agua y le moja.

No vienen en son de paz, no. Vienen a contarme que ayer para que su perro soltara la pelota tuvieron que tumbarlo, estilo gañán televisivo. O que ya era hora de que refrescara, en julio. No me jodas. En esta ciudad que tiene como 10 meses de invierno. Venga hombre.

Da igual que lleve cascos, o que esté leyendo o jugando con el móvil. La gente viene y me habla. Y me cuentan cosas que o no me interesan o me disgustan. Cosas con las que no estoy de acuerdo en absoluto, pero en nada de nada. Y como son extraños, y no tengo ganas de entablar conversación pues ahí me quedo. Claro, por eso lo hacen, ya no pueden contar sus chorradas a la gente a la que conocen y van buscando gente desconocida para tocarles las narices pero sin el riesgo de ser mandados al carajo, porque no nos conocemos de nada y no estaría nada bien.

Y yo me pregunto ¿es eso es lo normal? ¿la gente es así de verdad? Se cuelan en el super, en el banco o en el paro, van por debajo de los balcones con paraguas cuando llueve y no dejan pasar a los que no lo llevamos, cruzan en rojo los semáforos e insultan al que se atreva a decir algo, hablan a voces por el móvil en la sala de espera del médico. Pero no pueden evitar su instinto de arrimarse a otros y entablar conversaciones absurdas. Pues no debo de ser normal. 

Y así me quedo, con cara de idiota practicando mi sonrisa telefónica y pensando ¿qué demonios hago yo aquí?