He tenido unas cuantas pesadillas esta noche. Solo recuerdo algunas, pero esta mañana me levanté con la sensación de haber tenido muchas más. Oí como alguien cortaba la cadena de la verja de mi casa y entraba en el jardín. Un conductor temerario en un megane rojo casi nos atropella a Turrón y a mí. Vi a un hombre, que de pronto se convirtió en perro atacar a Turrón y hacerle graves heridas en una pata y después intenté ir a la ¿tienda/estanco/farmacia? para conseguir algo parar curarle, y pillé a la dependienta (una vecina de la casa vieja del pueblo) saliendo a tomar unas cañas porque era domingo, dejándonos a Turrón y a mí en la puerta. Y hubo más, estoy segurísima, pero no lo recuerdo.
Todas estas pesadillas tienen un por qué. Ayer durante la
comida, un compañero de trabajo se empeñó en decir que hay que ponerse en el lugar
de los pederastas a los que se acusa falsamente, porque se les destroza la vida.
Es un tema delicado, porque las acusaciones se hacen (si se hacen) décadas
después de los hechos. No hay manera de demostrar qué sucedió, ni qué no
sucedió. Y yo, personalmente no voy a ponerme en el lugar de ningún acusado de
pederastia. La conversación derivó en que las mujeres somos unas zorras que
cuando nos divorciamos acusamos de maltrato a diestra y siniestra.
Por la tarde una amiga me mandó una foto de un perro muerto porque hay un hijo de la gran puta en el barrio al lado del mío que se dedica a envenenar perros. También es cierto que la información viene de Facebook, la mayor fuente de bulos que existe. Y que, por lo menos en Salamanca, una vez al año se hablaba de envenenamientos a perros que luego resultaban no ser ciertos.
Total, que mi poca fe en el ser humano se ha visto reducida
drásticamente, pero voy a echar mano de un par de parches. Empiezo por pedir a
mis amigos, que sois los que leéis esto, que no me mandéis fotos de perros
muertos porfa, que luego no me lo quito de la cabeza (no te sientas mal amiga,
que tú tenías la mejor intención). Y con respecto al compañero de trabajo tengo
la solución ideal, él come a las dos, y desde hoy yo comeré a la una. Así sus
ideas, por perturbadoras que sean, no me afectarán más. Y con suerte esta noche
dormiré soñando cosas divertidas, como vacunas del covid y viajes a Murcia.



