miércoles, 25 de noviembre de 2020

Pesadilla antes de Navidad.


He tenido unas cuantas pesadillas esta noche. Solo recuerdo algunas, pero esta mañana me levanté con la sensación de haber tenido muchas más. Oí como alguien cortaba la cadena de la verja de mi casa y entraba en el jardín. Un conductor temerario en un megane rojo casi nos atropella a Turrón y a mí. Vi a un hombre, que de pronto se convirtió en perro atacar a Turrón y hacerle graves heridas en una pata y después intenté ir a la ¿tienda/estanco/farmacia? para conseguir algo parar curarle, y pillé a la dependienta (una vecina de la casa vieja del pueblo) saliendo a tomar unas cañas porque era domingo, dejándonos a Turrón y a mí en la puerta. Y hubo más, estoy segurísima, pero no lo recuerdo.

Todas estas pesadillas tienen un por qué. Ayer durante la comida, un compañero de trabajo se empeñó en decir que hay que ponerse en el lugar de los pederastas a los que se acusa falsamente, porque se les destroza la vida. Es un tema delicado, porque las acusaciones se hacen (si se hacen) décadas después de los hechos. No hay manera de demostrar qué sucedió, ni qué no sucedió. Y yo, personalmente no voy a ponerme en el lugar de ningún acusado de pederastia. La conversación derivó en que las mujeres somos unas zorras que cuando nos divorciamos acusamos de maltrato a diestra y siniestra.

Por la tarde una amiga me mandó una foto de un perro muerto porque hay un hijo de la gran puta en el barrio al lado del mío que se dedica a envenenar perros. También es cierto que la información viene de Facebook, la mayor fuente de bulos que existe. Y que, por lo menos en Salamanca, una vez al año se hablaba de envenenamientos a perros que luego resultaban no ser ciertos.

Total, que mi poca fe en el ser humano se ha visto reducida drásticamente, pero voy a echar mano de un par de parches. Empiezo por pedir a mis amigos, que sois los que leéis esto, que no me mandéis fotos de perros muertos porfa, que luego no me lo quito de la cabeza (no te sientas mal amiga, que tú tenías la mejor intención). Y con respecto al compañero de trabajo tengo la solución ideal, él come a las dos, y desde hoy yo comeré a la una. Así sus ideas, por perturbadoras que sean, no me afectarán más. Y con suerte esta noche dormiré soñando cosas divertidas, como vacunas del covid y viajes a Murcia.  

miércoles, 28 de octubre de 2020

Salud, dinero y amor.

 
Ahora que parece que la salud me da un ligero respiro, espero que al menos por muchos meses ni me caiga, ni me rompa un tobillo, ni tenga más cólicos renales…

Ahora que tengo la espada de Damocles de una próxima reducción de jornada y sueldo de más de un 50%, o de un próximo confinamiento, o de pillar el puto bicho y pasarme equis tiempo jodida y sola.

Ahora que parece que el coche sigue dándome problemas y hasta la moto se ha unido, porque total, para qué se va a estropear uno de los dos, mejor los dos a la vez.

Ahora que viene el segundo pago de la declaración de la renta y el ibi de la casa y el seguro de hogar.

Ahora que tengo algo más de tiempo para leer, un libro de verdad estoy leyendo. Que hacía mucho que no tenía ganas. Y también leo cosas que no debería en Facebook. Y leo como cada uno vemos el vaso según nuestro propio criterio, que no aprendemos nada de los demás, ni del pasado, ni de nuestros mayores.

Ahora que pienso tanto en la infancia de mi madre, trabajando desde pequeña, sin apenas estudios, sin fiestas con las amigas, ni botellones, ni derechos laborales, ni un frigorífico lleno de todo tipo de alimentos.

Ahora quiero quedarme como estoy. Por favor. Más cosas no. Que me quede como estoy. Con mi salud, con mi trabajo, con mi dinero y con mi amor. De verdad, no me falta de nada.

martes, 20 de octubre de 2020

El tuerto.

 A mí me cuesta, bueno, me costaba mucho eso de pedir ayuda. Empecé a desahogarme en este blog y la respuesta que obtengo es siempre impresionante. La semana pasada tuve días malos malos, malos de los de antes, de los muy malos. Y os lo conté. Y ahí estuvisteis. Recibí cariño vuestro a borbotones, a calderos, a ríos. Y os doy las gracias.

Me habéis demostrado que estáis. En más de una ocasión. En muchas de hecho. Que tengo amigas buenas de hace años. Con algunas hablo casi a diario. A algunas os veo los domingos por videollamada. A otras no os he vuelto a ver. Con otras apenas he vuelto a hablar. Pero estáis ahí.

Después una piedra se cruzó en mi camino, o más bien en mi riñón y me las hizo pasar putas. De alguna manera después de unas tres horas llorando de dolor parí toda esa mierda que me llenaba la cabeza. No sé qué ha sido de la piedra, si sigue ahí, si ya se ha ido o si se está deshaciendo. Lo que sé es que después de tanto dolor físico he soltado también el dolor del alma. Salí del hospital, me dormí y por la mañana no tenía ni uno ni otro dolor.

Total, que igual que os cuento mis miserias, os quería decir que ya estoy bien. Que no se me ha olvidado, pero que ya no me mata de dolor. Que sois geniales y que aquí estoy para lo que necesitéis. Que ojalá cuando no sé nada de vosotras sea porque estáis todas bien y tranquilas, y que si alguna vez dejáis de estarlo y queréis desahogaros, aquí estoy.

Vamos a seguir andando, y alguna piedra más nos encontraremos, habrá que tomárselo con filosofía. Ahora, como pille al tuerto que me miró…



martes, 13 de octubre de 2020

Asylum

He tenido uno de los peores fines de semana que recuerdo en años. Recuperarme va a costar semanas de acostarme a las 10 como tarde y dormir todo lo posible para no tener que pensar. Se me han revuelto cosas que ya eran fango enterrado y ahora tengo taquicardia y ganas constantes de llorar.

No sé cómo combate el resto de la gente estos estados de ánimo negros. Yo escribo mensajes a la gente que quiero y antes de enviarlos los borro, porque no tengo ganas de preocuparles, y sobre todo porque no tengo ganas de hablar de ello y echar más sal a las heridas. Tampoco sabría cómo.

Así que sola, para variar, y a punto de empezar a hiperventilar, he abierto la web de la revista Smithsonian, que siempre tiene artículos interesantes. Y como este es el mes de Halloween y el que viene es el mes de Acción de Gracias, pues hay varios artículos sobre los colonos y sus costumbres, los indígenas, etc. Una cosa me ha llevado a la otra, ya sabéis cómo va esto del cerebro, y de la wikipedia, de acá para allá. Total, que he acabado en la wiki de Danvers, Massachusetts, antiguo pueblo de Salem, donde se celebraron los juicios de 1692 y 1693 a las brujas.

Danvers me sonaba de algo más. ¿Alguien? ¿Nadie? El ama de llaves de Maxim de Winter. ¿No? Rebecca, de Hitchcock, o más bien de Daphne du Maurier. Compré el libro en el Círculo de Lectores hace miles de años, mi hermano se deshizo de él. La peli la tenía en la colección de VHS de Hitchcock que dejé en mi casa de Salamanca. Me gusta mucho esa peli, claro. Aunque por su culpa todo el mundo, o más bien todos los idiotas del mundo me hayan llamado chaqueta alguna vez. Lo de la Capitana Marvel lo acabo de descubrir y en realidad no viene al caso.

¿Y qué hay de particular en Danvers? Danvers es el nuevo nombre que recibió en 1752 el pueblo de Salem. Fue el hogar de uno de los hospitales psiquiátricos más famosos de los Estados Unidos en el Siglo XIX, que inspiró, entre otras cosas, el Arkham de "La Cosa en el Umbral" de H.P. Lovecaft y que a su vez insiró el Arkham de Gotham.

También se puede encontrar en Danvers una casa-museo en cuyo terreno hay un cementerio y que lleva el nombre de Rebecca Nurse, enterrada allí en 1692 a sus 71 años, acusada y ahorcada por brujería en los juicios de Salem.

Qué cosas.



jueves, 1 de octubre de 2020

Cosas del otoño.

Tengo que mantenerle la mirada al sol buena parte del día. Cosas del otoño.

Tengo que regar algo menos las plantas y vaciar la piscinita de los perros, que en realidad solo uso yo. Tengo que cambiar las cuerdas de tender la ropa que se han estropeado con tanto sol este verano. Tengo que llevar al punto limpio unas sillas y unas hamacas, que me han hecho el apaño estos meses, pero que no valían para lo que yo las quería.

Tengo que comprar una maceta para ponerla en la entrada de casa, y una planta de incienso, que traiga buenos augurios y de paso ahuyente a los mosquitos. Tengo que devolver las zapatillas que compré para las vacaciones y que no voy a usar. Tengo que comprar platos de postre, que anteayer se rompió otro y no me gusta estar sin ellos.

Tengo que llevar a los perros al veterinario. Tengo todo el fin de semana para mí sola. Y toda la vida, por lo que parece. Tengo que encontrar a alguien a quien querer, porque querer a alguien me hace muy feliz.

Tengo que pasar un otoño como mínimo tan bueno como el verano. Y mantenerle la mirada al sol, que para eso tengo los ojos casi negros.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Synchronicity.

 Todas las cartas de la tirada de tarot que acabo de hacer me hablan de cambio. Y mira, es una nueva semana, de una nueva estación. Igual es buen momento.

¿Sabes cuando alguien hace algo, que en realidad no es malo, pero lo hace tan mal, y tan sin pensar en nadie más y tan sin pizca de tacto que te sienta peor que si te hubiera metido el dedo en un ojo?

Pues siendo yo, como es mi caso, la primera vez lo dejo pasar instantáneamente. Porque es un pequeño detalle dentro de un mar de cosas buenas y porque oye, no todo puede ser de color de rosa todo el día, todos los días.

La segunda vez, me salta una pequeña alarma porque me acuerdo de la primera, de la que obvié y “dejé pasar”, A la vista está que yo nunca dejo pasar nada, me lo puedo comer, tragar, hacer la digestión, lo que sea, pero olvidarlo no sé.

La tercera vez me encabrono hasta ponerme roja, me hierve la sangre. Y no por lo que me hayan hecho o dicho, que un poco sí, pero no. No por eso, sino por lo profundamente gilipollas que me siento. Si la primera se me quedó ahí al fondo de la retina y la segunda me saltó la alarma, ¿por qué demonios no puse cartas en el asunto antes? ¿Por qué dejar que pase una tercera?

Pues como dice el tarot, es hora de cambiar, llámalo sino, destino o sincronicidad. Nunca me había dado por pensar en esa palabra. Ni sabía lo que significaba, y eso que Synchronicity II de The Police es una canción que me encanta. ¿Casualidad?

martes, 22 de septiembre de 2020

Huevos duros.

 “La milagrosa dieta de los huevos duros” y aquí me veo yo corre que te corre a pinchar en el enlace. Que parezco nueva. Como era de esperar la dieta es efectiva si tienes una boda, te compraste el vestido en las rebajas y al aproximarse la fecha, no te cabe ni con faja. De otro modo no. No la hagas. En cuanto te comas un plato de lentejas, o uno de pasta o una paellita… adiós.

Siempre igual. Los que recurrimos a la comida cuando tenemos ansiedad estamos abocados a una vida de regímenes, dietas imposibles, miradas de lástima, de asco, de desaprobación, comentarios innecesarios. Como si una no supiera que ha engordado, que estoy gorda, pero no soy ciega ni gilipollas.

Y aun así no puedo evitar ir al enlace y leer. Este no es el mejor año para hacer dietas, entre confinamientos, despidos, miedo, aislamiento, tanto sofá, tanto maratón de series… jamás me ha dado por comerme unas crudités viendo una peli. Pues no. Palomitas, patatas, conguitos, cerveza, pipas, coca cola, helado. Eso sí. Verduras crudas no, la verdad.

Que sí que sí, que me pasa por falta de control, por gordaca, que sí. Que debería poder controlar mi ansiedad mediante la meditación, o el yoga, o haciendo ejercicio, o como sea menos poniéndome ciega de chocolate y cosas engordosas.

Pues no lo hago, ahí está el tema. No controlo una mierda, así que lo dejo estar y cuando creo que hasta aquí hemos llegado pues me hago unos meses de dieta milagrosa, o no, que a veces he hecho una de las buenas, con nutricionista y alimentos sanos incluidos. Bajo lo que considero que tengo que bajar y vuelta a empezar.

Qué le vamos a hacer. Mis amigos me quieren igual. Y mis perros. Y el León. Mi madre… así así.  Si ya lo sé, que es cuestión de salud y no tanto de estética. Preguntad a Eva si hay alguien con mejores analíticas que las mías y preguntad al León… bueno no, esto es muy privado, mejor que no preguntéis más.

jueves, 3 de septiembre de 2020

León.

No puedo decir que tengo, porque no es mío ni de nadie, pero hay un León que se pasea a menudo por mi sabana. Es solitario, de melena negra, misterioso. Se pasea tranquilo, callado, observándolo todo. Y pese a su apariencia sencilla, está lleno de fuego.

A veces quiero hablarle del ruido de alrededor, se me ocurre abrir la boca para decirle algo banal que en ese instante me parece "compartible". Normalmente no lo hago, a veces sí. Al León parece no importarle y me sigue el rollo, pero creo, y esto no es un reproche, que no le importa nada lo que le digo ni nada de lo que me rodea cuando él se aleja y que me escucha por caballerosidad, para no herirme. Y no quiero que me hiera. No así.

Había tenido muchos otros animales en mi sabana, alacranes, toros, cabras, un pez payaso y hasta algún centauro. A los leones los había evitado como si fueran cánceres, porque pensaba que lo eran. Pero ha sido un año raro. El más raro de todos los años que recuerdo. Prendí fuego a la sabana, y me dije que ya era hora del barbecho. A ver si salían mejores criaturas, con buenas raíces, sanas y fuertes. Y apareció el León.

Cuando está no puedo apartar la mirada, me arden las entrañas y quiero gritar y retorcerme. Quiero que me desgarre la ropa y me muerda los muslos y los brazos. Claro que sí. Quiero que me deje marcas y hasta alguna cicatriz. Quiero que me coma entera. ¿Cómo no voy a querer? 

Pero el corazón que me lo deje como está, que las heridas ahí tardan demasiado en curar y ya no sé si tengo tanto tiempo.

martes, 4 de agosto de 2020

Te odio un poco, la verdad.

Pues otra vez la misma historia. ¿Será el karma? Pues igual sí, porque he de reconocerlo, he sido muy, pero que muy mala en infinidad de ocasiones. 

Así que ahora te conozco, te abro la puerta, te invito a entrar por tu propia voluntad, como haría una buena vampiresa y tú entras y te haces un hueco, y encajas. La verdad que encajas de una forma que no esperaba, y que siempre había esperado. Fácilmente, sin empujones, con silencios y miles de palabras, con la música que tanto me gusta, con las manos y los labios y las comidas fuera y las comidas dentro y los planetas y los cometas. Encajas.

De manera que ahora que te has ido a mi puzzle le falta una pieza. No le falta, en realidad tú y yo sabemos que mi puzzle está requetecompleto. Pero la sensación es como la de apoyarse en un colchón de visco-elástica y dejar una huella de mano. Durante unos minutos al colchón le falta esa mano para volver a estar completo y bien.

Pues así estoy yo sin ti. Al menos unos minutos.

Así que la verdad es que te odio un poco. Porque yo estaba ahí, bien, ilusionada, contenta, satisfecha y hasta feliz y ¡pum! Burbuja a tomar por culo.

No voy a cometer el error de preguntar por qué, tú sabrás. Yo prefiero quedarme con que eres un poco cobarde, como todo el mundo y que estás esperando que aparezca alguien mejor que yo. Y lo cierto es que yo soy la leche, te equivocas buscando más allá, pero… tú sabrás.

Te odio un poco, la verdad, pero no tanto como para no alegrarme mucho de haberte conocido.


domingo, 26 de abril de 2020

Perfección.

Estaba yo esta mañana rozando la perfección. El sol alto, una tumbona ancha, el hueco que queda entre el cañizo y el arco de buganvilla tapado con una toalla para que ningún viandante me vea (sobre todo hoy, que ya pueden salir los niños). Imaginate la escena, "papá una señora gorda desnuda". Bueno que me lío. Pues eso, perfección al sol en toda regla. Quería tocarla, no solo rozarla, así que tras varios intentos fallidos de que mi ok google me pusiera algo decente por fin ha dado en el clavo. Walking on my shoes de Depeche Mode.

Y me he ido a 1993, a las piscinas del Hotel Las Torres, con Cristina y Ruth. Los críos alborotan en la olímpica de la que nos llegaban gritos y chapoteos de agua. Nosotras preferimos la piscina redonda, que como no tiene cesped alrededor, está mucho menos demandada. Además creemos firmemente que el sol pega más en las baldosas que en la hierba.

Ruth ojea la Vale sin mucho interés. Cris se tuesta boca arriba estirando mucho el cuello para que no le queden esas estúpidas rayas blancas en el cuello que tanto odiamos y yo escucho la música que sale de los enormes altavoces y que se interrumpe cada vez que la señora que vende las entradas llama a alguien por megafonía.

"¿Un piti?" pregunta Cristina saliendo de su letargo. "¿Nos bañamos primero? sabe mejor después del agua" digo yo levantando las dos cejas. "Vamos pues" dice Ruth levantándose y colocando su bikini blanco para que no le deje medio culo al aire. Nos tiramos de cabeza y saboreo el último cigarro que me fumé hará media hora mientras me sumerjo. ¿Por qué será que la boca se te inunda de sabor a tabaco cuando te metes en el agua?

No estamos dentro ni cinco minutos, hemos venido a tomar el sol. De vuelta en la toalla con las manos aún mojadas encendemos nuestros pitis y nos creemos super mayores. Puedo oler la mezcla de cloro, hierba y coppertone. Puedo notar el sol castellano de finales de junio quemándome la piel. Puedo oir la risa corta y medio ronca de Ruth y las bromas de Cristina.

Y todo con una canción.