viernes, 25 de octubre de 2013

Memorias de África.

Hoy me he levantado con una oferta muy interesante en el horizonte. Alguien a quien no conozco me ha pedido que me vaya con él a Canarias. Ni sé los años que llevo diciendo "yo me voy a Canarias, no aguanto este tiempo". Cada vez que llega octubre lo pienso, y cada vez que llega junio se me olvida. Pero en Canarias tendría un junio perpetuo. Sol. Con lo que a mí me gusta el sol.

Llueve desde hace un par de días o tres, y mi cara ya parece un plato de chili con carne otra vez. Es llegar el mal tiempo y apoderarse de mí esta extraña enfermedad. Ayer perdí mi trabajo. Bueno yo no lo perdí. Me lo han quitado. Mi perro no quiere salir a la calle porque llueve, ni yo tampoco, salgo por la perra, a ella le da igual la lluvia. Aunque todos sabemos que a Senda le pones un patio con sol... y es feliz. Como yo. Mi casa es un desastre, fría, con mil cosas que reparar, oscura, en un edificio con 4 vecinos majos y con 4 vecinos de los que te entran ganas de matar. Y luego Salamanca. Qué decir que no sepamos. Cerrada en sí misma y sin futuro cercano, cuanto menos lejano.

Así que sí. Contemplo la posibilidad de liarme la manta a la cabeza y marcharme a Canarias, a vivir cosas nuevas. A hacerme amiga del mar. A recuperar el sol. Andar descalza, tener una bici, plantar tomates, por fin, tomates.

Ahora vendrán las preguntas, los consejos, las advertencias, los miedos y todo tipo de negatividad. Adjetivos calificativos para mi falta de juicio, aventurando una fracaso rotundo. Miradas compasivas, de reproche, cabezas que niegan en señal de desaprobación. Consejos de guerra.

Pero yo siempre quise esto mismo. Que alguien se volviera loco y me propusiera algo como irme a otro lugar. Preferiblemente un lugar cálido. Una aventura romántica como la de El Piano, o como la de Karen Blixen.

"Cuando los dioses quieren castigarnos escuchan nuestras plegarias."

sábado, 19 de octubre de 2013

Lo noto.

Se me pasa el mes de octubre y ni me entero. ¿Estoy ocupada? Bueno, más o menos igual que en septiembre. ¿Cansada? Si, mucho más que en septiembre. Si no hubiera firmado un acuerdo de confidencialidad con la empresa que ha contratado a la empresa que ha contratado a la empresa que me ha contratado temporalmente, diría aquí y ahora, que todos los que sois clientes de cierta compañía de telefonía móvil, fija y adsl sois gilipollas.

Pero no lo voy a decir, porque además del tema del acuerdo, está el tema de la amistad. A mí no es que me cueste hacer amigos, pero tampoco está la cosa como para ofender a los que tengo. Por otro lado estoy muy segura de que cualquier otra compañía de telefonía móvil, fija y adsl es exactamente igual de... como poner esto... igual de... ... ... lo dejo a vuestra imaginación. Así que insultar a unos sin insultar a otros, incluida yo misma, sería imposible.

A quienes sí puedo insultar es a mis vecinos de arriba. Otra vez, lo sé. Si es que mi barrio se está convirtiendo en un barrio de mierda por minutos. Nunca mejor dicho. Hoy salgo de casa con los chuchines y me encuentro en la acera media sandía, a la que le habían comido parte como con cuchara y lo que quedaba estaba mohoso. Una imagen grotesca, de verdad. Y sobre todo muy deprimente, muy sucia. Pensad en una sandía, una fruta grandota, sana. Verde y roja, como muy viva. Muy de verano, fresca y todas esas cosas. Y ahora pensad cómo hay que ser para reducir una fruta tan viva a algo tan enfermo como lo que había en la acera. Le han quitado la dignidad a la sandía. Si no está buena pues la tiras y listo. Si se ha pasado pues la tiras y listo, repito. Pero la tiras a la basura, no la dejas enmohecer y la tiras a la calle. Qué gentuza.

Para esto están pagando sus padres sus estudios en Salamanca, ciudad de la cultura (ironía modo on), para que salgan de fiesta todos los días, roben a sus vecinos y destruyan sandías.

Estoy cansada. Me estoy haciendo vieja. Lo noto.