Debo estar muy, pero muy sola, porque me acuerdo de monstruos como si no lo fueran, como echándoles de menos. Ahora mismo en singular. A él sobre todo. Mi Will Gardner particular. Mío creía yo que era, la muy tonta.
No sé si le echo de menos a él en particular o a la vida intensa que me hizo vivir, siempre en el límite, siempre al borde, entre aquí y allí. El sí y el no. Todo tan radical, tan extremo, y en el medio él y yo. Siempre los dos.
Intentamos vivir como los demás y se nos fue de las manos. Nos hicimos tanto daño que olvidamos lo mucho que nos queríamos. Y nos queríamos mucho. Y le eché la culpa durante años. Le llamé imbécil, le llamé monstruo, se lo sigo llamando. Aunque no sé quién era peor de los dos.
Ahora solo estoy yo y creo que lo que en realidad añoro es el estar tan viva, tan cerca de no estarlo y tan viva a la vez. Ahora no hay crisis nerviosas, no hay gritos, ni aquella música suena por las mañanas. No hay peleas, no hay bailes ni borracheras, no hay celos, ni drogas, ni madrugadas, no hay pasión ni despertares. No hay más que un vacío en la boca del estómago que no sé con qué llenar.
viernes, 31 de mayo de 2013
Dancing barefoot.
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lunes, 27 de mayo de 2013
Lo importante y lo urgente.
Últimamente he leído en facebook mucho mensaje de esos que me gustan tanto, tipo persigue tus sueños, no trabajes, etc. Bueno el mensaje real del no trabajes era en realidad trabaja, pero no como siempre, búscate la forma de no trabajar para nadie. A mí me vino a la cabeza la canción de Bob Dylan "Gotta serve somebody", ya sea al demonio o a dios pero vas a tener que servir a alguien. ¿A alguien más le pasa que le vienen canciones a la cabeza constantemente? Doy por sentado que sí, total, nadie va a contestar...
Pues sí. Muy bonito y muy zen, y muy de tiempos de crisis. Busca algo en lo que seas bueno y alguien a quien convencer de que te necesita y que te pague. Precioso. Luego ya viene el rollo del IVA, de las facturas, la declaración de la renta, las licencias, los impuestos, las auditorias... Pero lo importante es hacer lo que te guste, aunque acabes en la cárcel. Yo no digo que no. Importante es. Vamos que no hay color entre trabajar en algo que te gusta y en algo que no. Sólo digo, como pesimista profesional, que según está la cosa establecida actualmente, es tan difícil salirse del sistema como entrar en él.
A mí me gusta escribir. Y me gusta el inglés. Y pensé que estudiar filología me daría un conocimiento más completo del idioma y la oportunidad de leer un montón. Resultó que no era lo mío (la filología, el inglés si), pero bueno, con el tiempo y unos años fuera de aquí, he conseguido un dominio bastante amplio del idioma. Así que pensé que si estudiaba periodismo igual me ayudaba a escribir mejor, o al menos a tener cierto respaldo. Al igual que creo que el hecho de que te gusten los perros no te convierte en educador canino, creo que el hecho de que a mí me guste escribir no me convierte en escritora, de ahí que buscara formación. Pero ahora mismo ¿qué mas da? Si cualquiera escribe y "habla" inglés. Bien o mal. O fatal. Todo el mundo es micro-periodista, opinante profesional y bilingüe. ¿Qué importancia tienen ya el vocabulario, la gramática, la pronunciación, la sintaxis, la morfología, la lingüística, la coherencia y la cohesión? Ninguna.
A veces me entran ganas de llorar oyendo la radio. Un poco la culpa es mía, que no escucho programas de verdad, eso es cierto. A mi me gusta mucho la música, y lo que más oigo son emisoras musicales. Pero ¿por qué no hacer programas musicales de calidad en los que no se den patadas a los diccionarios? Si en los programas se incluye música en dos idiomas ¿por qué muchos de los locutores no hablan ni siquiera uno de ellos bien? También me pasa leyendo el periódico, no creáis. Periódicos de renombre, que rellenan sus versiones en Internet con artículos de opinión que bien podría haber escrito mi tía Vicenta. La tele ya hace tiempo que no la veo, y no es por hacerme la interesante, ni la inteligente, es verdad.
Tomando una cerveza con mi amiga Ari el sábado pasado, me comentaba que hay que diferenciar entre cosas importantes, y cosas urgentes. Las importantes son las que te llevan a realizarte como persona, y las urgentes son las que te ayudan temporalmente a alcanzar tus metas. Hablando de trabajo, por ejemplo, yo quiero trabajar en una revista, en la radio o en un periódico, pero mientras lo consigo busco trabajo en lo que sea para poder vivir. Ari me explicó que todos los días hay que dedicar un tiempo a lo importante, y no centrarse sólo en lo urgente. Así que hoy, como parte de mi búsqueda de la felicidad voy a mandar mi currículum vítae a algún medio en el que me gustaría trabajar. Hoy y todos los días. Para no olvidar lo verdaderamente importante. Para no creerme que no valgo lo suficiente.Y el resto del tiempo lo dedicaré a intentar sobrevivir.
Pues sí. Muy bonito y muy zen, y muy de tiempos de crisis. Busca algo en lo que seas bueno y alguien a quien convencer de que te necesita y que te pague. Precioso. Luego ya viene el rollo del IVA, de las facturas, la declaración de la renta, las licencias, los impuestos, las auditorias... Pero lo importante es hacer lo que te guste, aunque acabes en la cárcel. Yo no digo que no. Importante es. Vamos que no hay color entre trabajar en algo que te gusta y en algo que no. Sólo digo, como pesimista profesional, que según está la cosa establecida actualmente, es tan difícil salirse del sistema como entrar en él.
A mí me gusta escribir. Y me gusta el inglés. Y pensé que estudiar filología me daría un conocimiento más completo del idioma y la oportunidad de leer un montón. Resultó que no era lo mío (la filología, el inglés si), pero bueno, con el tiempo y unos años fuera de aquí, he conseguido un dominio bastante amplio del idioma. Así que pensé que si estudiaba periodismo igual me ayudaba a escribir mejor, o al menos a tener cierto respaldo. Al igual que creo que el hecho de que te gusten los perros no te convierte en educador canino, creo que el hecho de que a mí me guste escribir no me convierte en escritora, de ahí que buscara formación. Pero ahora mismo ¿qué mas da? Si cualquiera escribe y "habla" inglés. Bien o mal. O fatal. Todo el mundo es micro-periodista, opinante profesional y bilingüe. ¿Qué importancia tienen ya el vocabulario, la gramática, la pronunciación, la sintaxis, la morfología, la lingüística, la coherencia y la cohesión? Ninguna.
A veces me entran ganas de llorar oyendo la radio. Un poco la culpa es mía, que no escucho programas de verdad, eso es cierto. A mi me gusta mucho la música, y lo que más oigo son emisoras musicales. Pero ¿por qué no hacer programas musicales de calidad en los que no se den patadas a los diccionarios? Si en los programas se incluye música en dos idiomas ¿por qué muchos de los locutores no hablan ni siquiera uno de ellos bien? También me pasa leyendo el periódico, no creáis. Periódicos de renombre, que rellenan sus versiones en Internet con artículos de opinión que bien podría haber escrito mi tía Vicenta. La tele ya hace tiempo que no la veo, y no es por hacerme la interesante, ni la inteligente, es verdad.
Tomando una cerveza con mi amiga Ari el sábado pasado, me comentaba que hay que diferenciar entre cosas importantes, y cosas urgentes. Las importantes son las que te llevan a realizarte como persona, y las urgentes son las que te ayudan temporalmente a alcanzar tus metas. Hablando de trabajo, por ejemplo, yo quiero trabajar en una revista, en la radio o en un periódico, pero mientras lo consigo busco trabajo en lo que sea para poder vivir. Ari me explicó que todos los días hay que dedicar un tiempo a lo importante, y no centrarse sólo en lo urgente. Así que hoy, como parte de mi búsqueda de la felicidad voy a mandar mi currículum vítae a algún medio en el que me gustaría trabajar. Hoy y todos los días. Para no olvidar lo verdaderamente importante. Para no creerme que no valgo lo suficiente.Y el resto del tiempo lo dedicaré a intentar sobrevivir.
jueves, 23 de mayo de 2013
La una de la mañana.
La una de la mañana parece una hora afilada, nada amable, triangular en lugar de redonda. Nada que ver con la una del mediodía, que a pesar de ser exactamente igual es totalmente diferente.
Hoy ha sido un día normal, una mañana agradable con mi hermana y una tarde tranquila de paseo con los perros y los amigos. Me encontré a la ceniza de Elena en el paseo de primera hora con los perros y pensé que igual mi día ya estaba gafado. Es el efecto que tiene la tía. Una gafe de mucho cuidado. Pero luego vistiéndome me abroché mal la camisa y me puse el jersey del revés. Y pensé "¡bien! ¡sorpresa! ¡dos sorpresas!". Pero ni sorpresa ni nada. Lo uno por lo otro. Tampoco ha sido un mal día. El gafe de Elena ha sido compensado por dos posibles sorpresas, así que ni lo uno ni lo otro.
Es la una menos cuarto de la mañana, ¿Por qué no se dirá de la noche? No pillo esas cosas. Era más fácil hablar de am y pm. A veces puedo ser muy pretenciosa. Menos diez son ahora y cada vez las agujas se afilan más. Me pregunto cuando dejarán de parecer bisturíes para volver a ser agujas de reloj.
Tengo una botella de Faustino I en la despensa desde hace más de un año. Y nunca la abro porque espero el momento de celebrar algo, el momento propicio. Y hoy, sin sorpresas y sin gafes, he llegado a casa y mientas calentaba unos filetes en el microondas he ido a la despensa, he cogido la botella, la he abierto y me he servido el preciado vino en mi copa de cristal azul. Delicioso.
¿Por qué no? No hay nada que celebrar. Ni hoy, ni ayer, ni mañana.
Es la una menos cinco de la mañana. Las agujas parecen una tijera a punto de cargarse el 12 del reloj. Adiós mediodía y adiós medianoche. Pero eso no va a ocurrir. Pasaran de largo, como todos los días. Y nos darán las diez, y las once, las doce y la una, las dos y las tres, como decía Sabina. Como todos los días.
Hoy ha sido un día normal, una mañana agradable con mi hermana y una tarde tranquila de paseo con los perros y los amigos. Me encontré a la ceniza de Elena en el paseo de primera hora con los perros y pensé que igual mi día ya estaba gafado. Es el efecto que tiene la tía. Una gafe de mucho cuidado. Pero luego vistiéndome me abroché mal la camisa y me puse el jersey del revés. Y pensé "¡bien! ¡sorpresa! ¡dos sorpresas!". Pero ni sorpresa ni nada. Lo uno por lo otro. Tampoco ha sido un mal día. El gafe de Elena ha sido compensado por dos posibles sorpresas, así que ni lo uno ni lo otro.
Es la una menos cuarto de la mañana, ¿Por qué no se dirá de la noche? No pillo esas cosas. Era más fácil hablar de am y pm. A veces puedo ser muy pretenciosa. Menos diez son ahora y cada vez las agujas se afilan más. Me pregunto cuando dejarán de parecer bisturíes para volver a ser agujas de reloj.
Tengo una botella de Faustino I en la despensa desde hace más de un año. Y nunca la abro porque espero el momento de celebrar algo, el momento propicio. Y hoy, sin sorpresas y sin gafes, he llegado a casa y mientas calentaba unos filetes en el microondas he ido a la despensa, he cogido la botella, la he abierto y me he servido el preciado vino en mi copa de cristal azul. Delicioso.
¿Por qué no? No hay nada que celebrar. Ni hoy, ni ayer, ni mañana.
Es la una menos cinco de la mañana. Las agujas parecen una tijera a punto de cargarse el 12 del reloj. Adiós mediodía y adiós medianoche. Pero eso no va a ocurrir. Pasaran de largo, como todos los días. Y nos darán las diez, y las once, las doce y la una, las dos y las tres, como decía Sabina. Como todos los días.
sábado, 11 de mayo de 2013
Fue un gran año.
Llevaba unos días canturreando un par de canciones de la banda sonora de la primera temporada de Los Soprano. Tengo el cd, pero no sabía dónde, y hoy por fin se me iluminó la bombilla y lo encontré. Estaba en una bolsa en la despensa, con otros discos y unos altavoces. Llevaba allí desde agosto de 2011. Tal y como lo puse cuando volví de Escocia. Viajó con nosotras en el volvo. El volvo. Qué cochazo. Irrepetible. Inmenso. Con más personalidad que la mayoría de personas que conozco. Tanta que decidió no venir hasta Salamanca y en algún lugar entre Segovia y Madrid dijo hasta aquí, y, no sin antes deleitarnos con un espectáculo de humo negro y truenos, murió.
He puesto el cd en el reproductor que me regalaron mis amigas por mi 32 cumpleaños. Sólo dos de ellas siguen siendo mis amigas. Es como una nave espacial, o como el Delorean. Sí, más como el Delorean. Y se oye de miedo. Así que lo he puesto a volumen 37, por mis 37 años.
Qué maravilla lo de la música, ¿verdad? En un momento estaba en el salón de mi casa y al momento siguiente estaba conduciendo por la carretera de Bonnyrigg de camino a casa de mi novio, John Wine (no se apellidaba wine, se lo puse yo porque fue lo que bebimos el día que nos conocimos). He visto las curvas, la rotondas, mi enorme volvo y hasta he vuelto a oler el aire escocés.
Ya de vuelta en el salón de mi casa, mientras limpiaba el cristal de la mesa camilla con cristasol (porque es lo mejor para limpiar cristales, y cómo huele, eh?), cantaba a voz en grito It was a very good year, la versión de Sinatra que aparece en el disco. Cuando tenía 17 años, cuando tenía 21 años, cuando tenía 35 años... fue un gran año. Y sí, estoy de acuerdo, recuerdo los 17, por fin me quité las ciencias de encima, en 3º de BUP, aprobé todo y pasé un verano fantástico. A los 21 no recuerdo muy bien en qué andaba, probablemente haciendo como que estudiaba Filología, pasando la mayor parte del tiempo en la facultad de Bellas Artes, tonteando con éste y con aquel, sobre todo con aquel. Y los 35... los 35... como olvidar los 35. Mi último año en Escocia, y mucho de todo. Muchas excursiones, mucho trabajo, muchas malas noticias, y muchas buenas también, muchos amigos, muchas citas, mucho sexo, mucho cine, y hasta un novio ¿qué más se puede pedir? Incluso hubo verano en Edimburgo, y cuando volví aquí el buen tiempo duró hasta entrado noviembre.
Cuando tenía 17 no sabía que estaba viviendo un buen año, ni cuando tenía 21 tampoco. Sólo he vivido dos años buenos en los que fuera totalmente consciente de lo buenos años que estaban siendo, el de mis 18 y el de mis 35. Espero no tener que esperar tanto para que haya otro. De hecho no sé si habrá otro.
Aunque en realidad si, ya le veo el lado optimista a la canción (que no es mi especialidad, ni mucho menos). Sinatra acaba diciendo que ahora ve su vida como un montón de años buenos. Igual es eso, se vuelven buenos con el tiempo, con la distancia. Alguno hay bueno de verdad, y los demás mejoran con el recuerdo. Espero que sí.
He puesto el cd en el reproductor que me regalaron mis amigas por mi 32 cumpleaños. Sólo dos de ellas siguen siendo mis amigas. Es como una nave espacial, o como el Delorean. Sí, más como el Delorean. Y se oye de miedo. Así que lo he puesto a volumen 37, por mis 37 años.
Qué maravilla lo de la música, ¿verdad? En un momento estaba en el salón de mi casa y al momento siguiente estaba conduciendo por la carretera de Bonnyrigg de camino a casa de mi novio, John Wine (no se apellidaba wine, se lo puse yo porque fue lo que bebimos el día que nos conocimos). He visto las curvas, la rotondas, mi enorme volvo y hasta he vuelto a oler el aire escocés.
Ya de vuelta en el salón de mi casa, mientras limpiaba el cristal de la mesa camilla con cristasol (porque es lo mejor para limpiar cristales, y cómo huele, eh?), cantaba a voz en grito It was a very good year, la versión de Sinatra que aparece en el disco. Cuando tenía 17 años, cuando tenía 21 años, cuando tenía 35 años... fue un gran año. Y sí, estoy de acuerdo, recuerdo los 17, por fin me quité las ciencias de encima, en 3º de BUP, aprobé todo y pasé un verano fantástico. A los 21 no recuerdo muy bien en qué andaba, probablemente haciendo como que estudiaba Filología, pasando la mayor parte del tiempo en la facultad de Bellas Artes, tonteando con éste y con aquel, sobre todo con aquel. Y los 35... los 35... como olvidar los 35. Mi último año en Escocia, y mucho de todo. Muchas excursiones, mucho trabajo, muchas malas noticias, y muchas buenas también, muchos amigos, muchas citas, mucho sexo, mucho cine, y hasta un novio ¿qué más se puede pedir? Incluso hubo verano en Edimburgo, y cuando volví aquí el buen tiempo duró hasta entrado noviembre.
Cuando tenía 17 no sabía que estaba viviendo un buen año, ni cuando tenía 21 tampoco. Sólo he vivido dos años buenos en los que fuera totalmente consciente de lo buenos años que estaban siendo, el de mis 18 y el de mis 35. Espero no tener que esperar tanto para que haya otro. De hecho no sé si habrá otro.
Aunque en realidad si, ya le veo el lado optimista a la canción (que no es mi especialidad, ni mucho menos). Sinatra acaba diciendo que ahora ve su vida como un montón de años buenos. Igual es eso, se vuelven buenos con el tiempo, con la distancia. Alguno hay bueno de verdad, y los demás mejoran con el recuerdo. Espero que sí.
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