Me asombra ver cada día ejemplos de personas que no deberían tener hijos. No están capacitadas y aún así los tienen. Y mucho menos deberían tener animales, y aún así los tienen. Los hijos crecen, se acaban yendo, puede que hereden la estupidez de los padres, puede que no. Puede que se rebelen.
Los animales se quedan, no se rebelan ni se van. Sufren esa estupidez hasta el fin de sus días, y si fuera sólo estupidez...
Muchos de estos padres estúpidos son además crueles, tanto con sus hijos como con sus animales, y no estoy hablando de un cachete en el culo, o una colleja. Hablo de esta gente que se cree superior por tener a alguien más pequeño, ya sea otra persona o otro animal, dominado. Dominación, o dominancia, que palabra tan horrible.
Acabo de encontrarme en el parque a un animal de raza humana forzando a un animal de raza canina a tumbarse panza arriba, poniendo sus manos alrededor del cuello del perro y obligándolo a permanecer ahí, completamente indefenso y humillado. Me encantaría encontrarme cara a cara con el malnacido que le ha enseñando semejante técnica de "adiestramiento".
Le he preguntado al animal humano que a quién había matado el perro para someterle a semejante castigo y me ha dicho, yo sé lo que hago.
Sí, ya lo veo, le he dicho yo. ¿No te da vergüenza tratar así a un animal? Me ha llamado verdulera, o voceras o algo así, me ha dicho que no tengo educación. Yo seguía caminando con mis perros, me he dado la vuelta y le he dicho, mira si tengo educación que en lugar de ir para allá y partirte la cara de imbécil que tienes sólo te voy a mandar a tomar por culo. Mira si soy educada.
Su orgullosa compañera y él han seguido despotricando mientras el perro seguía en el suelo. Esta pareja se reproducirá, si hubiera dios en el cielo, no lo permitiría, pero dudo que de haberlo le importe mucho. Se reproducirán y espero que sus hijos no hereden la estupidez, ni la crueldad, ni la educación de sus padres.
Yo por mi parte ahora mismo tengo ganas de matar a alguien, me siento frustrada e impotente. Pero en lugar de pagarlo con mis perros, tumbarlos y obligarlos a permanecer ahí panza arriba, indefensos y humillados, voy a sacar mi esterilla, voy a sentarme en el suelo y voy a meditar un rato hasta que se me pase el cabreo que tengo. A ver si así consigo olvidarme por un rato de tanto gilipollas que anda suelto, sin correa ni bozal y con total libertad para reproducirse.
sábado, 9 de noviembre de 2013
viernes, 8 de noviembre de 2013
Imagine.
Hoy me he comprendido un poco. Al menos durante un instante todo ha tenido sentido. Bueno, todo no, yo.
"No creo en el mundo, ni en el dinero, ni en la lucha por prosperar, ni el futuro de nuestra civilización. Si hay futuro para la humanidad, tendrá que cambiar mucho."
Son las palabras que D.H. Lawrence puso en boca de Oliver Mellors, en El amante de Lady Chatterley. En 1928. Hace 85 años. Mellors y yo pensamos exactamente lo mismo. No sólo en esto acerca de la humanidad, y del futuro, y de la mierda que es todo. Pensamos lo mismo en todo lo que el autor deja al personaje pensar. Y he tenido un momento de lucidez, una epifanía. Ya sé lo que me pasa. Pienso la mayor parte del tiempo, como un hombre. Yo sería un hombre perfecto, un hombre de verdad. Sin mojigaterías, ni estupideces. Al pan, pan y al vino, vino.
El problema es que no soy un hombre. Y como mujer, no puedo tener a un hombre a mi lado que piense como yo. No es un pensamiento compatible. No es complementario. Es excluyente. O sea que tengo que descartar a los hombres de verdad. Si es que alguna vez me he encontrado alguno, que supongo que sí, ya sé por qué lo descarté. O por qué me descartó él a mí, claro. Y el resto, los que no eran hombres de verdad, esos están muy claros. Es imposible que haya algo entre una mujer que piensa como un hombre de verdad y hombre que no lo es.
Siempre hay un roto para un descosido. No entiendo para nada qué quiere decir este refrán, a ver, sé a qué se refiere, pero el significado literal no tiene nada de sentido, un roto para un descosido... ¿No sería mejor decir siempre hay un zurcido para un descosido? De todos modos yo no creo en estas cosas, en que siempre haya un roto para un descosido y ahora que lo pienso creo que no tiene sentido porque no es más que una chorrada autocomplaciente que se inventó alguien. El antepasado del que ahora se dedica a inventar las frasecitas que la gente pone en sus muros del facebook. Imagine there´s no heaven...
Hoy me he comprendido un poco más, y eso está bien. No es esperanzador, las cosas no van a cambiar a mejor, mi vida no ha dado un giro de 180º. NO. Voy a seguir parada, seguiré adorando a mis perros, voy a seguir escribiendo lo que se me pase por la cabeza, seguiré sin saber qué hacer con mi pelo, mis amigos seguirán ahí, y mis amantes también. Lo que me repugna seguirá repugnándome y lo que me gusta seguirá gustándome. No hay roto para mi descosido. It´s easy if you try...
"No creo en el mundo, ni en el dinero, ni en la lucha por prosperar, ni el futuro de nuestra civilización. Si hay futuro para la humanidad, tendrá que cambiar mucho."
Son las palabras que D.H. Lawrence puso en boca de Oliver Mellors, en El amante de Lady Chatterley. En 1928. Hace 85 años. Mellors y yo pensamos exactamente lo mismo. No sólo en esto acerca de la humanidad, y del futuro, y de la mierda que es todo. Pensamos lo mismo en todo lo que el autor deja al personaje pensar. Y he tenido un momento de lucidez, una epifanía. Ya sé lo que me pasa. Pienso la mayor parte del tiempo, como un hombre. Yo sería un hombre perfecto, un hombre de verdad. Sin mojigaterías, ni estupideces. Al pan, pan y al vino, vino.
El problema es que no soy un hombre. Y como mujer, no puedo tener a un hombre a mi lado que piense como yo. No es un pensamiento compatible. No es complementario. Es excluyente. O sea que tengo que descartar a los hombres de verdad. Si es que alguna vez me he encontrado alguno, que supongo que sí, ya sé por qué lo descarté. O por qué me descartó él a mí, claro. Y el resto, los que no eran hombres de verdad, esos están muy claros. Es imposible que haya algo entre una mujer que piensa como un hombre de verdad y hombre que no lo es.
Siempre hay un roto para un descosido. No entiendo para nada qué quiere decir este refrán, a ver, sé a qué se refiere, pero el significado literal no tiene nada de sentido, un roto para un descosido... ¿No sería mejor decir siempre hay un zurcido para un descosido? De todos modos yo no creo en estas cosas, en que siempre haya un roto para un descosido y ahora que lo pienso creo que no tiene sentido porque no es más que una chorrada autocomplaciente que se inventó alguien. El antepasado del que ahora se dedica a inventar las frasecitas que la gente pone en sus muros del facebook. Imagine there´s no heaven...
Hoy me he comprendido un poco más, y eso está bien. No es esperanzador, las cosas no van a cambiar a mejor, mi vida no ha dado un giro de 180º. NO. Voy a seguir parada, seguiré adorando a mis perros, voy a seguir escribiendo lo que se me pase por la cabeza, seguiré sin saber qué hacer con mi pelo, mis amigos seguirán ahí, y mis amantes también. Lo que me repugna seguirá repugnándome y lo que me gusta seguirá gustándome. No hay roto para mi descosido. It´s easy if you try...
jueves, 7 de noviembre de 2013
Evolución.
La otra noche vi Up in the air por fin. Llevaba tiempo queriendo verla, y la verdad es que me gustó. A parte del placer de la sonrisa de Clooney, me gustó que no fuera el típico cuento de hadas. Hay trazos de hadas, pero sobre todo hay egoísmo, miedo, soledad y en general la vida misma.
Hay en la peli dos mujeres, una de 23 años y la otra de treinta y muchos o cuarenta y pocos. Hablando de lo que buscan en un hombre la joven relata una lista interminable de condiciones y la otra dice que a su edad la lista se reduce a poco más que altura y una bonita sonrisa. Yo no estoy de acuerdo en absoluto. Creo que ahora soy mucho más exigente que cuando era más joven.
Ayer el hombre al que he idolatrado desde los 17 años me propuso pasar el día de hoy juntos. Le dije que no. Siempre nos hemos visto poco, una vez al año, como mucho dos, y no todos los años. A veces nos veíamos y ni siquiera hablábamos, un saludo con la cabeza desde la distancia, media sonrisa y hasta el año que viene. Otras veces conseguíamos perdernos un par de horas robadas. Y a base de vernos y no vernos imaginé que era el hombre perfecto. Nunca hemos hablado de nada cotidiano, no sé qué hace, ni qué piensa y nunca me ha importado. Sabe hablar, y sonreír. Sabe besar. Me abre las puertas y decide dónde ir. Huele fenomenal.
Hace un par de años coincidimos más de lo normal, varias veces en verano, varias veces en invierno. El contacto más continuado con otro ser humano al que idolatras sin apenas conocer lleva a la inevitable decepción. Aquel verano se me cayó el mito. Y así se lo comuniqué. Así que durante un año entero no nos vimos. Este verano volvimos a vernos y la verdad es que lo pasamos muy bien. Ya sin la locura del amor ciego, a sabiendas de que no es más que otro hombre.
Este fin de semana coincidimos de nuevo y teníamos planeado escaparnos a ratos. Pero dijo algo, de nuevo, que me hizo congelarme. La primera vez que alguien te hace daño es culpa suya, pero la segunda vez ya es culpa tuya. Y con esto en mente... se acabó, del todo.
Mi lista es cada vez más larga, la de pros y la de contras. Porque me voy quedando con lo que quiero, y con lo que no quiero. Ojalá pudiera pasarme la vida volando.
Hay en la peli dos mujeres, una de 23 años y la otra de treinta y muchos o cuarenta y pocos. Hablando de lo que buscan en un hombre la joven relata una lista interminable de condiciones y la otra dice que a su edad la lista se reduce a poco más que altura y una bonita sonrisa. Yo no estoy de acuerdo en absoluto. Creo que ahora soy mucho más exigente que cuando era más joven.
Ayer el hombre al que he idolatrado desde los 17 años me propuso pasar el día de hoy juntos. Le dije que no. Siempre nos hemos visto poco, una vez al año, como mucho dos, y no todos los años. A veces nos veíamos y ni siquiera hablábamos, un saludo con la cabeza desde la distancia, media sonrisa y hasta el año que viene. Otras veces conseguíamos perdernos un par de horas robadas. Y a base de vernos y no vernos imaginé que era el hombre perfecto. Nunca hemos hablado de nada cotidiano, no sé qué hace, ni qué piensa y nunca me ha importado. Sabe hablar, y sonreír. Sabe besar. Me abre las puertas y decide dónde ir. Huele fenomenal.
Hace un par de años coincidimos más de lo normal, varias veces en verano, varias veces en invierno. El contacto más continuado con otro ser humano al que idolatras sin apenas conocer lleva a la inevitable decepción. Aquel verano se me cayó el mito. Y así se lo comuniqué. Así que durante un año entero no nos vimos. Este verano volvimos a vernos y la verdad es que lo pasamos muy bien. Ya sin la locura del amor ciego, a sabiendas de que no es más que otro hombre.
Este fin de semana coincidimos de nuevo y teníamos planeado escaparnos a ratos. Pero dijo algo, de nuevo, que me hizo congelarme. La primera vez que alguien te hace daño es culpa suya, pero la segunda vez ya es culpa tuya. Y con esto en mente... se acabó, del todo.
Mi lista es cada vez más larga, la de pros y la de contras. Porque me voy quedando con lo que quiero, y con lo que no quiero. Ojalá pudiera pasarme la vida volando.
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