sábado, 5 de junio de 2021

Carta express.


Yo no soy de respuesta rápida, sino de respuesta pensada y elaborada, esto hace que la mayor parte del tiempo me quede dentro lo que me gustaría decir. Estoy trabajando en ello, como en muchas otras cosas y como no se puede luchar contra la evidencia y la evidencia prueba que mi voz no se oye, pues escribo desde hace años. Porque no sé si es por mi voz de cría pequeña o lo que sea, pero la gente tiende a hablar más alto que yo, a interrumpirme, etc. y al final opto por no decir nada. Parece que siendo yo no se me oye, solo si grito o lloro. Y a veces no es solo cuestión de que una se haga oír, a veces también hay que hacer por escuchar. 

No se me oía cuando vivía en una casa con una madre [...], un hermano [...] y un padre [...] y escribía. Escribía cuando no sabía cómo o no podía expresar lo que me pasada por la cabeza, y aun sabiendo y pudiendo no se me daba la oportunidad, no se me oía. Y sigo escribiendo cada vez que quiero decir algo, pero mi interlocutor ya ha dado la conversación por finalizada. Porque parece que, en esta sociedad de las prisas, si no respondes raudo y veloz, se acabó la conversación. Algunos necesitamos unos minutos, algunos necesitamos unas horas, y algunos necesitamos días. No todos tenemos el don de la palabra justa en el momento preciso, y cuando entablas conversación con alguien con prisa, no hay conversación, sino monólogo, y las palabras que nunca te dejan decir, se te atascan en la garganta, y no mola nada.

Total, a lo que voy. Hablamos unas horas por mensajes, hablamos por audios, todo va bien, quieres verme YA, entre semana, tú estás de vacaciones, yo no, yo tengo una rutina que intento adaptar a tu urgencia. Por mensaje todo va bien, pero no nos conocemos, no nos hemos visto ni olido, y a los dos minutos de quedar
ya quieres meterme la lengua hasta la garganta. Yo necesito verte, necesito hablar, necesito crear algo, necesito ver si sí o si no, necesito tiempo y necesito espacio. No puedo crear intimidad con alguien en media hora, ni en dos horas. Intimidad de la que busco, de la que creo que tú también buscas.

El aquí te pillo aquí te mato (que sé que no es lo que tu querías tampoco) me funcionaba hace 10, 15, 20, 25 años atrás, de fiesta, de noche, borracha y cuando me daba igual Paco que Pepe. No era lo que estábamos haciendo el jueves. El jueves íbamos a conocernos en persona después de hablar por mensaje unas horas, el jueves íbamos a ir a cenar, para conocernos. Tu ibas cuatro pasos por delante y yo eché el freno. Cuando no puedo seguir el ritmo de alguien paro. 

Yo entiendo que tu eres como eres, “un ansias” y lo escribo sonriendo, eh? No es ningún reproche. Pero tú entiende que yo no soy así, que a ti te hubiera gustado pasar más tiempo intimando, pero quisiste venir un jueves en lugar de esperar al sábado, sin prisas y sin madrugones, sin tener que estar en una oficina sonriendo a fachas durante 9 horas.

Me dices que no viste la pasión que mola cuando uno empieza, yo te digo que yo no había empezado nada, solo estaba valorando si había algo que empezar. Igual que viniste te fuiste, rápidamente.

Solo me queda desearte que encuentres alguien que vaya a tu mismo paso, y desearme que yo encuentre alguien que vaya al mío. Que lo dos molamos mucho.

¡Un beso!