Qué os parece. Me levanto, saco a los perros, les doy el desayuno, me siento a abrir el correo electrónico mientras se hace el café y me encuentro un comentario pendiente de publicar en la entrada anterior, la de Carta a un príncipe azul. Dos comentarios para ser exacta, y no, no son del príncipe en cuestión. Son de alguien a quien conocí brevemente hace más de un año y que por lo visto aún me guarda rencor.
No he publicado los comentarios en cuestión, no por cobardía sino porque no me da la gana. Este hombre está confundiendo churras con merinas, y se lo voy a explicar.
Sí, me llevó 30 segundos o menos darme cuenta de que no me gustabas, y dentro de la incomodidad de la situación te lo hice saber intentando ser honesta. Contigo si. Pero sobre todo conmigo. Yo nunca he estado con nadie por pena, nunca he estado con nadie por no estar sola. Eso no es para mí y desde luego si a eso llamas ser cobarde, no compartimos diccionario. Lo que hubiera surgido durante un mes de emails y llamadas de teléfono desapareció cuando nos vimos. No hubo semilla. Así que no compares ambas situaciones porque no tienen nada que ver.
Prefiero 100 veces un rechazo sincero a quedarme junto a alguien para ver qué pasa, por si acaso surgiera algo con el tiempo. O que alguien se quede conmigo por esas razones. No. Eso definitivamente no es para mí. O quiero estar contigo, o no. O quieres estar conmigo, o no. Y yo no quise estar contigo.
Una vez tuve un gato que no paraba de maullar. Nicolás. No paraba de verdad, desde que me levantaba hasta que me iba a la cama. Lo llevé al veterinario y tras mirarlo bien me dijeron que al gato no le pasaba nada físico, sólo que demandaba atención constante. Busqué durante unos días, visité varios sitios y finalmente le encontré un hogar en una granja cercana donde había otros gatos, perros, ovejas y patos. La familia era encantadora y en cuanto Nicolás llegó se sintió en casa, al menos dejó de maullar. Una amiga me preguntó si eso era lo que hacía, deshacerme de las cosas que me molestan. Y le contesté que sí, que ya hace un tiempo que decidí que no tengo por qué quedarme con lo que no me hace feliz.
Yo no necesito que nadie me busque una granja, estoy bien donde estoy. Ahora, tampoco exijo a nadie que esté aquí, ni que lea lo que escribo, ni que me llame por teléfono. El que no sea feliz a mi alrededor es muy libre de marcharse.
lunes, 30 de septiembre de 2013
viernes, 20 de septiembre de 2013
Carta a un príncipe azul.
Hola!
Pues
verás, tengo en el hombro izquierdo un angelito azul cielo y en el derecho un
pequeño demonio verde. El uno me dice que me calle, y el otro que no, que siga.
No sé cuál me dice qué, la verdad. Pero yo voy a seguir, porque llevo unos días
dándole vueltas, y total, para qué guardármelo.
Me queda
claro que no quieres complicaciones, lo sabía de antemano. Pero verás, Disney
me ha fastidiado la vida, como a tantas otras mujeres, así que tenía que
intentarlo, tengo que intentarlo. A pesar de saber el resultado, voy a
intentarlo, porque yo soy muchas cosas, pero sobre todo soy una mujer asombrosa
y nada cobarde.
A mí lo
complicado me parece encontrar a alguien con quien todo parece fácil, alguien
que me gusta tal y como es y a quien parezco gustarle tal y como soy. A eso
llamo yo complicación. Lo que viene después es la parte fácil. Desde mi punto
de vista se sigue adelante y se disfruta mientras dure. A mí, que nos hayamos
cruzado ya me parece un milagro, y yo soy muy de tirarme al río, aunque el agua
esté helada, aunque haya poca agua, aunque el fondo sea fango o esté lleno de
piedras de las que resbalan, o de las que me hacen daño en los pies.
Por
supuesto que no nos conocemos, eso ya lo sé yo. Pero también sé que no me hacen
falta más de 30 segundos para saber que alguien me gusta, y que el sentimiento
es mutuo. Cuando uno planta tomates, basta con unas semillitas, y luego ya
vienen el sol y el agua. Y con un poco de esto y de lo otro, la planta crece.
Eso lo sabes tú mejor que yo. Pues a mí esto me parece lo mismo. La semillita
está, y no me digas que no, porque yo la he visto. La he sentido.
Yo por
algo así me tiro al río que haga falta, sin contemplaciones, sin ver si llevo
puesto bañador o zapatillas de agua. Yo por algo así voy donde haga falta, y
hago lo que haga falta. Yo, por algo así, daría mi vida entera.
Aunque esa
soy yo, claro está. No tu. Pero tenía que decírtelo, y espero que lo
entiendas.Tenía que intentarlo, porque todo esto dentro no me está dejando
espacio. Me estaba ahogando. Y si de repente tu dijeras, pues tienes
razón, yo encantada. Y si de repente dices, esta mujer está loca de
remate y me alegra irme a la otra punta del país, pues no estaré tan
encantada, claro, pero lo entenderé.
Yo tenía
que intentarlo, si no, no sería yo.
Besos!!
lunes, 16 de septiembre de 2013
La alegría de la huerta.
De este humor gris oscuro debería salir algo bueno. Una novela, el libro que llevo dentro y que no me atrevo a vomitar. Una canción, una como Running up that Hill. Algo épico, como el Ojalá de Silvio Rodriguez. Algo que no pudierais olvidar, que quedara en la memoria histórica del país, o mejor aún, del universo.
Pero no. De este humor gris oscuro no va a salir nada valioso. Nada que nadie recuerde. Ni siquiera yo misma lo recordaré dentro de un tiempo. Me quita la energía, la absorbe y lo vacía todo. Y ni siquiera es importante. Sólo tiene la importancia que yo le quiera dar. Y por lo visto le quiero dar mucha, inconscientemente. O no. Igual estoy, sigo más bien, explotando mi lado masoquista. Ese que tanto echo en cara a algunas amigas. Ese que tanto odio en otros, y que parece que busco a tientas, con desesperación para mí misma.
Ayer me decía Eva que cuando criticamos algo de otros normalmente lo criticamos de nosotros mismos, por eso nos molesta tanto, porque es nuestro, y vemos nuestro propio reflejo en los detalles ajenos.
Ojalá pase algo que te borre de pronto...
Entonces soy una cobarde. Una gusana. Tan pequeña como Elena y tan adicta a las relaciones destructivas como vosotras, ya sabéis quienes sois. Soy una control freak como mi hermana, y una pesada como mi madre. Entonces ya entiendo por qué me pasan las cosas que me pasan.
Quería acabar con algo ingenioso, una frase lapidaria que resumiera que voy a superarlo, como siempre, que yo puedo y todas esas patrañas. Pero no, de este humor gris oscuro, definitivamente no va a salir nada valioso. Tendréis que perdonarme.
Pero no. De este humor gris oscuro no va a salir nada valioso. Nada que nadie recuerde. Ni siquiera yo misma lo recordaré dentro de un tiempo. Me quita la energía, la absorbe y lo vacía todo. Y ni siquiera es importante. Sólo tiene la importancia que yo le quiera dar. Y por lo visto le quiero dar mucha, inconscientemente. O no. Igual estoy, sigo más bien, explotando mi lado masoquista. Ese que tanto echo en cara a algunas amigas. Ese que tanto odio en otros, y que parece que busco a tientas, con desesperación para mí misma.
Ayer me decía Eva que cuando criticamos algo de otros normalmente lo criticamos de nosotros mismos, por eso nos molesta tanto, porque es nuestro, y vemos nuestro propio reflejo en los detalles ajenos.
Ojalá pase algo que te borre de pronto...
Entonces soy una cobarde. Una gusana. Tan pequeña como Elena y tan adicta a las relaciones destructivas como vosotras, ya sabéis quienes sois. Soy una control freak como mi hermana, y una pesada como mi madre. Entonces ya entiendo por qué me pasan las cosas que me pasan.
Quería acabar con algo ingenioso, una frase lapidaria que resumiera que voy a superarlo, como siempre, que yo puedo y todas esas patrañas. Pero no, de este humor gris oscuro, definitivamente no va a salir nada valioso. Tendréis que perdonarme.
martes, 10 de septiembre de 2013
Mi corazón.
A propósito del próximo lanzamiento de su libro Hoy no puedo, pregunta hoy Juan Plaza en facebook que si a alguno nos han robado algo, contesto yo que el coche un par de veces, el móvil una, y el corazón cada dos por tres.
Y va en serio. En el amplio sentido de la palabra, me lo roban y en el hueco queda una especie de vacío en el que crece un corazón que no es el mío. Un corazón inseguro, llenos de miedos, un corazón dependiente, celoso, un corazón que no me pega nada.
Al cabo de los días, semanas, meses o incluso años (depende del ladrón), el corazón "replantado" se vuelve cada vez más parecido al mío propio. Y todo vuelve a la normalidad. Pero hasta que esto pasa, me encuentro compartiendo mi cuerpo y mi alma con un corazón extraño, al que no entiendo, que duele a menudo, de verdad, duele, y que además me hace ser alguien que detesto, alguien a quien abofetearía para sacar de un estado de imbecilidad total.
Me encuentro hoy en ese punto en el que sé que mi corazón está a punto de desaparecer, está luchando el pobre por quedarse y disfrutar de lo que venga, o llorar lo que venga, no se sabe aún, pero quiere quedarse. Sin embargo veo que se me escapa, veo que ahí estoy, dejándole ir, impotente, contemplando horrorizada como el hueco negro que deja rápido se llena de dudas, de miedos, de angustias.
No sé cómo seguir siendo yo cuando me encuentro con un ladrón. No sé cómo conseguir que mi corazón se quede conmigo, como está, como es. Es perfecto tal y cómo es y no sé cómo decírselo para que me entienda.
Igual tengo que meterlo en una cajita, y nunca llevarlo encima por si me lo quitan, como decía Robe Iniesta. Pero no, eso no es lo que quiero, quiero tenerlo conmigo.
Quiero quedarme con mi corazón.
Y va en serio. En el amplio sentido de la palabra, me lo roban y en el hueco queda una especie de vacío en el que crece un corazón que no es el mío. Un corazón inseguro, llenos de miedos, un corazón dependiente, celoso, un corazón que no me pega nada.
Al cabo de los días, semanas, meses o incluso años (depende del ladrón), el corazón "replantado" se vuelve cada vez más parecido al mío propio. Y todo vuelve a la normalidad. Pero hasta que esto pasa, me encuentro compartiendo mi cuerpo y mi alma con un corazón extraño, al que no entiendo, que duele a menudo, de verdad, duele, y que además me hace ser alguien que detesto, alguien a quien abofetearía para sacar de un estado de imbecilidad total.
Me encuentro hoy en ese punto en el que sé que mi corazón está a punto de desaparecer, está luchando el pobre por quedarse y disfrutar de lo que venga, o llorar lo que venga, no se sabe aún, pero quiere quedarse. Sin embargo veo que se me escapa, veo que ahí estoy, dejándole ir, impotente, contemplando horrorizada como el hueco negro que deja rápido se llena de dudas, de miedos, de angustias.
No sé cómo seguir siendo yo cuando me encuentro con un ladrón. No sé cómo conseguir que mi corazón se quede conmigo, como está, como es. Es perfecto tal y cómo es y no sé cómo decírselo para que me entienda.
Igual tengo que meterlo en una cajita, y nunca llevarlo encima por si me lo quitan, como decía Robe Iniesta. Pero no, eso no es lo que quiero, quiero tenerlo conmigo.
Quiero quedarme con mi corazón.
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jueves, 5 de septiembre de 2013
No ha sido, es.
Hoy que se ha levantado el día fresco y gris (claro empiezan las Ferias y no podía ser de otro modo), hoy que parece que ha empezado el otoño, aunque yo me niegue, voy a hacer balance del veranito.
A grandes rasgos ha sido un verano estupendo. Y a pequeños rasgos (esto no se dice, no?) ha sido un verano fantástico. Para mí al menos, y como soy la que escribe esto...
Pues sí, empecé el verano muy enamorada, y aunque luego se me pasara no ha habido período de luto ni mucho menos, más bien período de celebración por haberme librado de un final más que infeliz. Luego encontré un trabajo, de esos que en condiciones normales son una mierda, pero que ahora como hay crisis y nos quieren hacer creer que ya no tenemos derecho a quejarnos, pues tenemos que agradecer. Yo me niego, no agradezco tener este trabajo, nadie me está regalando nada, y por supuesto que tengo derecho a quejarme, me parece una mierda por mucha crisis que haya y en cuanto pueda me iré. ¿Cuando podré? probablemente nunca porque vivo en una ciudad... bueno, no voy a tirar por ahí, porque me cabreo y para qué. Encontré trabajo y punto, dejémoslo ahí. Una cosa buena tiene, eso sí, los compañeros son estupendísimos. De verdad que sí. Así que estoy contenta, nos reímos mucho juntos, y el curre, mierdoso donde los haya, se hace mucho más llevadero.
Lo mejor del verano es tener un pueblito bueno al que ir de vacaciones. ¿Vacaciones? No, me las prorratean en el sueldo, así que no tengo ni tendré nunca. De todos modos este año no me correspondían porque acabo de empezar en el curre. Pero los fines de semana son míos y sólo míos, jejeje. Así que los viernes... carretera y manta y ¡al pueblo!
He aprovechado cada uno de los minutos que paso allí, mis escapadas nocturnas, los besos a escondidas, los baños en el río, los paseos con los perros, el sol abrasador, la vuelta a casa cantando, a veces con lágrimas en los ojos pero por fin entendiendo que las cosas son como son y están bien así. Y los domingos por la tarde vuelta a la carretera a una semana llena de buenos ratos en la piscina de Eva, en el parque con los perros y un libro malo de amor imposible, de cañas con los amigos... un verano sin dramas al fin. Las cosas son como son y están bien así, definitivamente.
Y ahora empiezo algo nuevo, y con buen pie, sin atropellos, sin locuras. Bueno sólo con la chispa necesaria de locura, pero sin excesos. Esto va a salir genial porque tiene los días contados y no merece la pena malgastarlos con malos rollos. Pero de todo esto ya hablaremos.
El verano no acaba hasta el 21 de septiembre, y hoy sólo es 5, aunque el día es fresco es gris. Este día y los que vienen se han colado grises en un verano nada gris. El verano es azul y amarillo y rojo y estupendo. No ha sido, no. El verano es estupendo.
A grandes rasgos ha sido un verano estupendo. Y a pequeños rasgos (esto no se dice, no?) ha sido un verano fantástico. Para mí al menos, y como soy la que escribe esto...
Pues sí, empecé el verano muy enamorada, y aunque luego se me pasara no ha habido período de luto ni mucho menos, más bien período de celebración por haberme librado de un final más que infeliz. Luego encontré un trabajo, de esos que en condiciones normales son una mierda, pero que ahora como hay crisis y nos quieren hacer creer que ya no tenemos derecho a quejarnos, pues tenemos que agradecer. Yo me niego, no agradezco tener este trabajo, nadie me está regalando nada, y por supuesto que tengo derecho a quejarme, me parece una mierda por mucha crisis que haya y en cuanto pueda me iré. ¿Cuando podré? probablemente nunca porque vivo en una ciudad... bueno, no voy a tirar por ahí, porque me cabreo y para qué. Encontré trabajo y punto, dejémoslo ahí. Una cosa buena tiene, eso sí, los compañeros son estupendísimos. De verdad que sí. Así que estoy contenta, nos reímos mucho juntos, y el curre, mierdoso donde los haya, se hace mucho más llevadero.
Lo mejor del verano es tener un pueblito bueno al que ir de vacaciones. ¿Vacaciones? No, me las prorratean en el sueldo, así que no tengo ni tendré nunca. De todos modos este año no me correspondían porque acabo de empezar en el curre. Pero los fines de semana son míos y sólo míos, jejeje. Así que los viernes... carretera y manta y ¡al pueblo!
He aprovechado cada uno de los minutos que paso allí, mis escapadas nocturnas, los besos a escondidas, los baños en el río, los paseos con los perros, el sol abrasador, la vuelta a casa cantando, a veces con lágrimas en los ojos pero por fin entendiendo que las cosas son como son y están bien así. Y los domingos por la tarde vuelta a la carretera a una semana llena de buenos ratos en la piscina de Eva, en el parque con los perros y un libro malo de amor imposible, de cañas con los amigos... un verano sin dramas al fin. Las cosas son como son y están bien así, definitivamente.
Y ahora empiezo algo nuevo, y con buen pie, sin atropellos, sin locuras. Bueno sólo con la chispa necesaria de locura, pero sin excesos. Esto va a salir genial porque tiene los días contados y no merece la pena malgastarlos con malos rollos. Pero de todo esto ya hablaremos.
El verano no acaba hasta el 21 de septiembre, y hoy sólo es 5, aunque el día es fresco es gris. Este día y los que vienen se han colado grises en un verano nada gris. El verano es azul y amarillo y rojo y estupendo. No ha sido, no. El verano es estupendo.
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