De este humor gris oscuro debería salir algo bueno. Una novela, el libro que llevo dentro y que no me atrevo a vomitar. Una canción, una como Running up that Hill. Algo épico, como el Ojalá de Silvio Rodriguez. Algo que no pudierais olvidar, que quedara en la memoria histórica del país, o mejor aún, del universo.
Pero no. De este humor gris oscuro no va a salir nada valioso. Nada que nadie recuerde. Ni siquiera yo misma lo recordaré dentro de un tiempo. Me quita la energía, la absorbe y lo vacía todo. Y ni siquiera es importante. Sólo tiene la importancia que yo le quiera dar. Y por lo visto le quiero dar mucha, inconscientemente. O no. Igual estoy, sigo más bien, explotando mi lado masoquista. Ese que tanto echo en cara a algunas amigas. Ese que tanto odio en otros, y que parece que busco a tientas, con desesperación para mí misma.
Ayer me decía Eva que cuando criticamos algo de otros normalmente lo criticamos de nosotros mismos, por eso nos molesta tanto, porque es nuestro, y vemos nuestro propio reflejo en los detalles ajenos.
Ojalá pase algo que te borre de pronto...
Entonces soy una cobarde. Una gusana. Tan pequeña como Elena y tan adicta a las relaciones destructivas como vosotras, ya sabéis quienes sois. Soy una control freak como mi hermana, y una pesada como mi madre. Entonces ya entiendo por qué me pasan las cosas que me pasan.
Quería acabar con algo ingenioso, una frase lapidaria que resumiera que voy a superarlo, como siempre, que yo puedo y todas esas patrañas. Pero no, de este humor gris oscuro, definitivamente no va a salir nada valioso. Tendréis que perdonarme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario