sábado, 9 de noviembre de 2013

La esterilla.

Me asombra ver cada día ejemplos de personas que no deberían tener hijos. No están capacitadas y aún así los tienen. Y mucho menos deberían tener animales, y aún así los tienen. Los hijos crecen, se acaban yendo, puede que hereden la estupidez de los padres, puede que no. Puede que se rebelen.

Los animales se quedan, no se rebelan ni se van. Sufren esa estupidez hasta el fin de sus días, y si fuera sólo estupidez...

Muchos de estos padres estúpidos son además crueles, tanto con sus hijos como con sus animales, y no estoy hablando de un cachete en el culo, o una colleja. Hablo de esta gente que se cree superior por tener a alguien más pequeño, ya sea otra persona o otro animal, dominado. Dominación, o dominancia, que palabra tan horrible.

Acabo de encontrarme en el parque a un animal de raza humana forzando a un animal de raza canina a tumbarse panza arriba, poniendo sus manos alrededor del cuello del perro y obligándolo a permanecer ahí, completamente indefenso y humillado. Me encantaría encontrarme cara a cara con el malnacido que le ha enseñando semejante técnica de "adiestramiento".

Le he preguntado al animal humano que a quién había matado el perro para someterle a semejante castigo y me ha dicho, yo sé lo que hago.

Sí, ya lo veo, le he dicho yo. ¿No te da vergüenza tratar así a un animal? Me ha llamado verdulera, o voceras o algo así, me ha dicho que no tengo educación. Yo seguía caminando con mis perros, me he dado la vuelta y le he dicho, mira si tengo educación que en lugar de ir para allá y partirte la cara de imbécil que tienes sólo te voy a mandar a tomar por culo. Mira si soy educada.

Su orgullosa compañera y él han seguido despotricando mientras el perro seguía en el suelo. Esta pareja se reproducirá, si hubiera dios en el cielo, no lo permitiría, pero dudo que de haberlo le importe mucho. Se reproducirán y espero que sus hijos no hereden la estupidez, ni la crueldad, ni la educación de sus padres.

Yo por mi parte ahora mismo tengo ganas de matar a alguien, me siento frustrada e impotente. Pero en lugar de pagarlo con mis perros, tumbarlos y obligarlos a permanecer ahí panza arriba, indefensos y humillados, voy a sacar mi esterilla, voy a sentarme en el suelo y voy a meditar un rato hasta que se me pase el cabreo que tengo. A ver si así consigo olvidarme por un rato de tanto gilipollas que anda suelto, sin correa ni bozal y con total libertad para reproducirse.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Imagine.

Hoy me he comprendido un poco. Al menos durante un instante todo ha tenido sentido. Bueno, todo no, yo.

"No creo en el mundo, ni en el dinero, ni en la lucha por prosperar, ni el futuro de nuestra civilización. Si hay futuro para la humanidad, tendrá que cambiar mucho."

Son las palabras que D.H. Lawrence puso en boca de Oliver Mellors, en El amante de Lady Chatterley. En 1928. Hace 85 años. Mellors y yo pensamos exactamente lo mismo. No sólo en esto acerca de la humanidad, y del futuro, y de la mierda que es todo. Pensamos lo mismo en todo lo que el autor deja al personaje pensar. Y he tenido un momento de lucidez, una epifanía. Ya sé lo que me pasa. Pienso la mayor parte del tiempo, como un hombre. Yo sería un hombre perfecto, un hombre de verdad. Sin mojigaterías, ni estupideces. Al pan, pan y al vino, vino.

El problema es que no soy un hombre. Y como mujer, no puedo tener a un hombre a mi lado que piense como yo. No es un pensamiento compatible. No es complementario. Es excluyente. O sea que tengo que descartar a los hombres de verdad. Si es que alguna vez me he encontrado alguno, que supongo que sí, ya sé por qué lo descarté. O por qué me descartó él a mí, claro. Y el resto, los que no eran hombres de verdad, esos están muy claros. Es imposible que haya algo entre una mujer que piensa como un hombre de verdad y hombre que no lo es.

Siempre hay un roto para un descosido. No entiendo para nada qué quiere decir este refrán, a ver, sé a qué se refiere, pero el significado literal no tiene nada de sentido, un roto para un descosido... ¿No sería mejor decir siempre hay un zurcido para un descosido? De todos modos yo no creo en estas cosas, en que siempre haya un roto para un descosido y ahora que lo pienso creo que no tiene sentido porque no es más que una chorrada autocomplaciente que se inventó alguien. El antepasado del que ahora se dedica a inventar las frasecitas que la gente pone en sus muros del facebook. Imagine there´s no heaven...

Hoy me he comprendido un poco más, y eso está bien. No es esperanzador, las cosas no van a cambiar a mejor, mi vida no ha dado un giro de 180º. NO. Voy a seguir parada, seguiré adorando a mis perros, voy a seguir escribiendo lo que se me pase por la cabeza, seguiré sin saber qué hacer con mi pelo, mis amigos seguirán ahí, y mis amantes también. Lo que me repugna seguirá repugnándome y lo que me gusta seguirá gustándome. No hay roto para mi descosido. It´s easy if you try...


jueves, 7 de noviembre de 2013

Evolución.

La otra noche vi Up in the air  por fin. Llevaba tiempo queriendo verla, y la verdad es que me gustó. A parte del placer de la sonrisa de Clooney, me gustó que no fuera el típico cuento de hadas. Hay trazos de hadas, pero sobre todo hay egoísmo, miedo, soledad y en general la vida misma.

Hay en la peli dos mujeres, una de 23 años y la otra de treinta y muchos o cuarenta y pocos. Hablando de lo que buscan en un hombre la joven relata una lista interminable de condiciones y la otra dice que a su edad la lista se reduce a poco más que altura y una bonita sonrisa. Yo no estoy de acuerdo en absoluto. Creo que ahora soy mucho más exigente que cuando era más joven.

Ayer el hombre al que he idolatrado desde los 17 años me propuso pasar el día de hoy juntos. Le dije que no. Siempre nos hemos visto poco, una vez al año, como mucho dos, y no todos los años. A veces nos veíamos y ni siquiera hablábamos, un saludo con la cabeza desde la distancia, media sonrisa y hasta el año que viene. Otras veces conseguíamos perdernos un par de horas robadas. Y a base de vernos y no vernos imaginé que era el hombre perfecto. Nunca hemos hablado de nada cotidiano, no sé qué hace, ni qué piensa y nunca me ha importado. Sabe hablar, y sonreír. Sabe besar. Me abre las puertas y decide dónde ir. Huele fenomenal.

Hace un par de años coincidimos más de lo normal, varias veces en verano, varias veces en invierno. El contacto más continuado con otro ser humano al que idolatras sin apenas conocer lleva a la inevitable decepción. Aquel verano se me cayó el mito. Y así se lo comuniqué. Así que durante un año entero no nos vimos. Este verano volvimos a vernos y la verdad es que lo pasamos muy bien. Ya sin la locura del amor ciego, a sabiendas de que no es más que otro hombre.

Este fin de semana coincidimos de nuevo y teníamos planeado escaparnos a ratos. Pero dijo algo, de nuevo, que me hizo congelarme. La primera vez que alguien te hace daño es culpa suya, pero la segunda vez ya es culpa tuya. Y con esto en mente... se acabó, del todo.

Mi lista es cada vez más larga, la de pros y la de contras. Porque me voy quedando con lo que quiero, y con lo que no quiero. Ojalá pudiera pasarme la vida volando.


viernes, 25 de octubre de 2013

Memorias de África.

Hoy me he levantado con una oferta muy interesante en el horizonte. Alguien a quien no conozco me ha pedido que me vaya con él a Canarias. Ni sé los años que llevo diciendo "yo me voy a Canarias, no aguanto este tiempo". Cada vez que llega octubre lo pienso, y cada vez que llega junio se me olvida. Pero en Canarias tendría un junio perpetuo. Sol. Con lo que a mí me gusta el sol.

Llueve desde hace un par de días o tres, y mi cara ya parece un plato de chili con carne otra vez. Es llegar el mal tiempo y apoderarse de mí esta extraña enfermedad. Ayer perdí mi trabajo. Bueno yo no lo perdí. Me lo han quitado. Mi perro no quiere salir a la calle porque llueve, ni yo tampoco, salgo por la perra, a ella le da igual la lluvia. Aunque todos sabemos que a Senda le pones un patio con sol... y es feliz. Como yo. Mi casa es un desastre, fría, con mil cosas que reparar, oscura, en un edificio con 4 vecinos majos y con 4 vecinos de los que te entran ganas de matar. Y luego Salamanca. Qué decir que no sepamos. Cerrada en sí misma y sin futuro cercano, cuanto menos lejano.

Así que sí. Contemplo la posibilidad de liarme la manta a la cabeza y marcharme a Canarias, a vivir cosas nuevas. A hacerme amiga del mar. A recuperar el sol. Andar descalza, tener una bici, plantar tomates, por fin, tomates.

Ahora vendrán las preguntas, los consejos, las advertencias, los miedos y todo tipo de negatividad. Adjetivos calificativos para mi falta de juicio, aventurando una fracaso rotundo. Miradas compasivas, de reproche, cabezas que niegan en señal de desaprobación. Consejos de guerra.

Pero yo siempre quise esto mismo. Que alguien se volviera loco y me propusiera algo como irme a otro lugar. Preferiblemente un lugar cálido. Una aventura romántica como la de El Piano, o como la de Karen Blixen.

"Cuando los dioses quieren castigarnos escuchan nuestras plegarias."

sábado, 19 de octubre de 2013

Lo noto.

Se me pasa el mes de octubre y ni me entero. ¿Estoy ocupada? Bueno, más o menos igual que en septiembre. ¿Cansada? Si, mucho más que en septiembre. Si no hubiera firmado un acuerdo de confidencialidad con la empresa que ha contratado a la empresa que ha contratado a la empresa que me ha contratado temporalmente, diría aquí y ahora, que todos los que sois clientes de cierta compañía de telefonía móvil, fija y adsl sois gilipollas.

Pero no lo voy a decir, porque además del tema del acuerdo, está el tema de la amistad. A mí no es que me cueste hacer amigos, pero tampoco está la cosa como para ofender a los que tengo. Por otro lado estoy muy segura de que cualquier otra compañía de telefonía móvil, fija y adsl es exactamente igual de... como poner esto... igual de... ... ... lo dejo a vuestra imaginación. Así que insultar a unos sin insultar a otros, incluida yo misma, sería imposible.

A quienes sí puedo insultar es a mis vecinos de arriba. Otra vez, lo sé. Si es que mi barrio se está convirtiendo en un barrio de mierda por minutos. Nunca mejor dicho. Hoy salgo de casa con los chuchines y me encuentro en la acera media sandía, a la que le habían comido parte como con cuchara y lo que quedaba estaba mohoso. Una imagen grotesca, de verdad. Y sobre todo muy deprimente, muy sucia. Pensad en una sandía, una fruta grandota, sana. Verde y roja, como muy viva. Muy de verano, fresca y todas esas cosas. Y ahora pensad cómo hay que ser para reducir una fruta tan viva a algo tan enfermo como lo que había en la acera. Le han quitado la dignidad a la sandía. Si no está buena pues la tiras y listo. Si se ha pasado pues la tiras y listo, repito. Pero la tiras a la basura, no la dejas enmohecer y la tiras a la calle. Qué gentuza.

Para esto están pagando sus padres sus estudios en Salamanca, ciudad de la cultura (ironía modo on), para que salgan de fiesta todos los días, roben a sus vecinos y destruyan sandías.

Estoy cansada. Me estoy haciendo vieja. Lo noto.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Lo que hay que leer.

Qué os parece. Me levanto, saco a los perros, les doy el desayuno, me siento a abrir el correo electrónico mientras se hace el café y me encuentro un comentario pendiente de publicar en la entrada anterior, la de Carta a un príncipe azul. Dos comentarios para ser exacta, y no, no son del príncipe en cuestión. Son de alguien a quien conocí brevemente hace más de un año y que por lo visto aún me guarda rencor.

No he publicado los comentarios en cuestión, no por cobardía sino porque no me da la gana. Este hombre está confundiendo churras con merinas, y se lo voy a explicar.

Sí, me llevó 30 segundos o menos darme cuenta de que no me gustabas, y dentro de la incomodidad de la situación te lo hice saber intentando ser honesta. Contigo si. Pero sobre todo conmigo. Yo nunca he estado con nadie por pena, nunca he estado con nadie por no estar sola. Eso no es para mí y desde luego si a eso llamas ser cobarde, no compartimos diccionario. Lo que hubiera surgido durante un mes de emails y llamadas de teléfono desapareció cuando nos vimos. No hubo semilla. Así que no compares ambas situaciones porque no tienen nada que ver.

Prefiero 100 veces un rechazo sincero a quedarme junto a alguien para ver qué pasa, por si acaso surgiera algo con el tiempo. O que alguien se quede conmigo por esas razones. No. Eso definitivamente no es para mí. O quiero estar contigo, o no. O quieres estar conmigo, o no. Y yo no quise estar contigo.

Una vez tuve un gato que no paraba de maullar. Nicolás. No paraba de verdad, desde que me levantaba hasta que me iba a la cama. Lo llevé al veterinario y tras mirarlo bien me dijeron que al gato no le pasaba nada físico, sólo que demandaba atención constante. Busqué durante unos días, visité varios sitios y finalmente le encontré un hogar en una granja cercana donde había otros gatos, perros, ovejas y patos. La familia era encantadora y en cuanto Nicolás llegó se sintió en casa, al menos dejó de maullar. Una amiga me preguntó si eso era lo que hacía, deshacerme de las cosas que me molestan. Y le contesté que sí, que ya hace un tiempo que decidí que no tengo por qué quedarme con lo que no me hace feliz.

Yo no necesito que nadie me busque una granja, estoy bien donde estoy. Ahora, tampoco exijo a nadie que esté aquí, ni que lea lo que escribo, ni que me llame por teléfono. El que no sea feliz a mi alrededor es muy libre de marcharse.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Carta a un príncipe azul.

Hola!

Pues verás, tengo en el hombro izquierdo un angelito azul cielo y en el derecho un pequeño demonio verde. El uno me dice que me calle, y el otro que no, que siga. No sé cuál me dice qué, la verdad. Pero yo voy a seguir, porque llevo unos días dándole vueltas, y total, para qué guardármelo. 

Me queda claro que no quieres complicaciones, lo sabía de antemano. Pero verás, Disney me ha fastidiado la vida, como a tantas otras mujeres, así que tenía que intentarlo, tengo que intentarlo. A pesar de saber el resultado, voy a intentarlo, porque yo soy muchas cosas, pero sobre todo soy una mujer asombrosa y nada cobarde. 

A mí lo complicado me parece encontrar a alguien con quien todo parece fácil, alguien que me gusta tal y como es y a quien parezco gustarle tal y como soy. A eso llamo yo complicación. Lo que viene después es la parte fácil. Desde mi punto de vista se sigue adelante y se disfruta mientras dure. A mí, que nos hayamos cruzado ya me parece un milagro, y yo soy muy de tirarme al río, aunque el agua esté helada, aunque haya poca agua, aunque el fondo sea fango o esté lleno de piedras de las que resbalan, o de las que me hacen daño en los pies. 

Por supuesto que no nos conocemos, eso ya lo sé yo. Pero también sé que no me hacen falta más de 30 segundos para saber que alguien me gusta, y que el sentimiento es mutuo. Cuando uno planta tomates, basta con unas semillitas, y luego ya vienen el sol y el agua. Y con un poco de esto y de lo otro, la planta crece. Eso lo sabes tú mejor que yo. Pues a mí esto me parece lo mismo. La semillita está, y no me digas que no, porque yo la he visto. La he sentido. 

Yo por algo así me tiro al río que haga falta, sin contemplaciones, sin ver si llevo puesto bañador o zapatillas de agua. Yo por algo así voy donde haga falta, y hago lo que haga falta. Yo, por algo así, daría mi vida entera. 

Aunque esa soy yo, claro está. No tu. Pero tenía que decírtelo, y espero que lo entiendas.Tenía que intentarlo, porque todo esto dentro no me está dejando espacio. Me estaba ahogando. Y si de repente tu dijeras, pues tienes razón, yo encantada. Y si de repente dices, esta mujer está loca de remate y me alegra irme a la otra punta del país, pues no estaré tan encantada, claro, pero lo entenderé.

Yo tenía que intentarlo, si no, no sería yo.

Besos!!

lunes, 16 de septiembre de 2013

La alegría de la huerta.

De este humor gris oscuro debería salir algo bueno. Una novela, el libro que llevo dentro y que no me atrevo a vomitar. Una canción, una como Running up that Hill. Algo épico, como el Ojalá de Silvio Rodriguez. Algo que no pudierais olvidar, que quedara en la memoria histórica del país, o mejor aún, del universo.

Pero no. De este humor gris oscuro no va a salir nada valioso. Nada que nadie recuerde. Ni siquiera yo misma lo recordaré dentro de un tiempo. Me quita la energía, la absorbe y lo vacía todo. Y ni siquiera es importante. Sólo tiene la importancia que yo le quiera dar. Y por lo visto le quiero dar mucha, inconscientemente. O no. Igual estoy, sigo más bien, explotando mi lado masoquista. Ese que tanto echo en cara a algunas amigas. Ese que tanto odio en otros, y que parece que busco a tientas, con desesperación para mí misma.

Ayer me decía Eva que cuando criticamos algo de otros normalmente lo criticamos de nosotros mismos, por eso nos molesta tanto, porque es nuestro, y vemos nuestro propio reflejo en los detalles ajenos.

Ojalá pase algo que te borre de pronto...

Entonces soy una cobarde. Una gusana. Tan pequeña como Elena y tan adicta a las relaciones destructivas como vosotras, ya sabéis quienes sois. Soy una control freak como mi hermana, y una pesada como mi madre. Entonces ya entiendo por qué me pasan las cosas que me pasan.

Quería acabar con algo ingenioso, una frase lapidaria que resumiera que voy a superarlo, como siempre, que yo puedo y todas esas patrañas. Pero no, de este humor gris oscuro, definitivamente no va a salir nada valioso. Tendréis que perdonarme.






martes, 10 de septiembre de 2013

Mi corazón.

A propósito del próximo lanzamiento de su libro Hoy no puedo, pregunta hoy Juan Plaza en facebook que si a alguno nos han robado algo, contesto yo que el coche un par de veces, el móvil una, y el corazón cada dos por tres.

Y va en serio. En el amplio sentido de la palabra, me lo roban y en el hueco queda una especie de vacío en el que crece un corazón que no es el mío. Un corazón inseguro, llenos de miedos, un corazón dependiente, celoso, un corazón que no me pega nada.

Al cabo de los días, semanas, meses o incluso años (depende del ladrón), el corazón "replantado" se vuelve cada vez más parecido al mío propio. Y todo vuelve a la normalidad. Pero hasta que esto pasa, me encuentro compartiendo mi cuerpo y mi alma con un corazón extraño, al que no entiendo, que duele a menudo, de verdad, duele, y que además me hace ser alguien que detesto, alguien a quien abofetearía para sacar de un estado de imbecilidad total.

Me encuentro hoy en ese punto en el que sé que mi corazón está a punto de desaparecer, está luchando el pobre por quedarse y disfrutar de lo que venga, o llorar lo que venga, no se sabe aún, pero quiere quedarse. Sin embargo veo que se me escapa, veo que ahí estoy, dejándole ir, impotente, contemplando horrorizada como el hueco negro que deja rápido se llena de dudas, de miedos, de angustias.

No sé cómo seguir siendo yo cuando me encuentro con un ladrón. No sé cómo conseguir que mi corazón se quede conmigo, como está, como es. Es perfecto tal y cómo es y no sé cómo decírselo para que me entienda.

Igual tengo que meterlo en una cajita, y nunca llevarlo encima por si me lo quitan, como decía Robe Iniesta. Pero no, eso no es lo que quiero, quiero tenerlo conmigo.

Quiero quedarme con mi corazón.

jueves, 5 de septiembre de 2013

No ha sido, es.

Hoy que se ha levantado el día fresco y gris (claro empiezan las Ferias y no podía ser de otro modo), hoy que parece que ha empezado el otoño, aunque yo me niegue, voy a hacer balance del veranito.

A grandes rasgos ha sido un verano estupendo. Y a pequeños rasgos (esto no se dice, no?) ha sido un verano fantástico. Para mí al menos, y como soy la que escribe esto...

Pues sí, empecé el verano muy enamorada, y aunque luego se me pasara no ha habido período de luto ni mucho menos, más bien período de celebración por haberme librado de un final más que infeliz. Luego encontré un trabajo, de esos que en condiciones normales son una mierda, pero que ahora como hay crisis y nos quieren hacer creer que ya no tenemos derecho a quejarnos, pues tenemos que agradecer. Yo me niego, no agradezco tener este trabajo, nadie me está regalando nada, y por supuesto que tengo derecho a quejarme, me parece una mierda por mucha crisis que haya y en cuanto pueda me iré. ¿Cuando podré? probablemente nunca porque vivo en una ciudad... bueno, no voy a tirar por ahí, porque me cabreo y para qué. Encontré trabajo y punto, dejémoslo ahí. Una cosa buena tiene, eso sí, los compañeros son estupendísimos. De verdad que sí. Así que estoy contenta, nos reímos mucho juntos, y el curre, mierdoso donde los haya, se hace mucho más llevadero.

Lo mejor del verano es tener un pueblito bueno al que ir de vacaciones. ¿Vacaciones? No, me las prorratean en el sueldo, así que no tengo ni tendré nunca. De todos modos este año no me correspondían porque acabo de empezar en el curre. Pero los fines de semana son míos y sólo míos, jejeje. Así que los viernes... carretera y manta y ¡al pueblo!
He aprovechado cada uno de los minutos que paso allí, mis escapadas nocturnas, los besos a escondidas, los baños en el río, los paseos con los perros, el sol abrasador, la vuelta a casa cantando, a veces con lágrimas en los ojos pero por fin entendiendo que las cosas son como son y están bien así. Y los domingos por la tarde vuelta a la carretera a una semana llena de buenos ratos en la piscina de Eva, en el parque con los perros y un libro malo de amor imposible, de cañas con los amigos... un verano sin dramas al fin. Las cosas son como son y están bien así, definitivamente.

Y ahora empiezo algo nuevo, y con buen pie, sin atropellos, sin locuras. Bueno sólo con la chispa necesaria de locura, pero sin excesos. Esto va a salir genial porque tiene los días contados y no merece la pena malgastarlos con malos rollos. Pero de todo esto ya hablaremos.

El verano no acaba hasta el 21 de septiembre, y hoy sólo es 5, aunque el día es fresco es gris. Este día y los que vienen se han colado grises en un verano nada gris. El verano es azul y amarillo y rojo y estupendo. No ha sido, no. El verano es estupendo.


lunes, 29 de julio de 2013

E.T.

Ayer leí la descripción que un hombre hacía de sí mismo. Decía que debía de ser un extraterrestre que había acabado en la tierra por error porque no entraba dentro de lo que se considera normal, y que de hecho “lo normal” le parecía tan… anormal… Pensé, anda mira, otro que ha caído aquí por error. Yo lo pienso a diario,  varias veces al día. No sé dónde debería estar pero dudo mucho que sea aquí.

Aquí la gente se alegra porque hace frío y llueve en julio. A ser posible ocupan con un coche el sitio de dos. Si van en bici creen que el universo es un gigantesco carril bici en el que las normas de tráfico no rigen para ellos. En general hay mucha mala idea y aún así, las personas se empeñan en estar juntas. Y no hablo de parejas, o familias. Voy a dar un paseo, a leer un libro a un parque y si hay otra persona en un radio de 500 metros ten por seguro que acabará sentada a mi lado hablándome. Si intento perderme en la orilla pedregosa de un pantano sin sombra alguna, con absoluta certeza acabará apareciendo alguien que no encontrará sitio mejor para poner su toalla que al lado de la mía y luego encima se quejará porque mi perra se sacude cuando sale del agua y le moja.

No vienen en son de paz, no. Vienen a contarme que ayer para que su perro soltara la pelota tuvieron que tumbarlo, estilo gañán televisivo. O que ya era hora de que refrescara, en julio. No me jodas. En esta ciudad que tiene como 10 meses de invierno. Venga hombre.

Da igual que lleve cascos, o que esté leyendo o jugando con el móvil. La gente viene y me habla. Y me cuentan cosas que o no me interesan o me disgustan. Cosas con las que no estoy de acuerdo en absoluto, pero en nada de nada. Y como son extraños, y no tengo ganas de entablar conversación pues ahí me quedo. Claro, por eso lo hacen, ya no pueden contar sus chorradas a la gente a la que conocen y van buscando gente desconocida para tocarles las narices pero sin el riesgo de ser mandados al carajo, porque no nos conocemos de nada y no estaría nada bien.

Y yo me pregunto ¿es eso es lo normal? ¿la gente es así de verdad? Se cuelan en el super, en el banco o en el paro, van por debajo de los balcones con paraguas cuando llueve y no dejan pasar a los que no lo llevamos, cruzan en rojo los semáforos e insultan al que se atreva a decir algo, hablan a voces por el móvil en la sala de espera del médico. Pero no pueden evitar su instinto de arrimarse a otros y entablar conversaciones absurdas. Pues no debo de ser normal. 

Y así me quedo, con cara de idiota practicando mi sonrisa telefónica y pensando ¿qué demonios hago yo aquí? 

martes, 25 de junio de 2013

Madness keeps me sane.

Una noche estaba yo en el Bongo Club bailando y vi a lo lejos a un chico muy alto, moreno, con el pelo largo, muy guapo. Cuando yo hablo de guapos hablo de mis guapos, no de la guapura general, sino de la que me gusta a mí. Bueno, se acercó a mi bailando, porque yo le había clavado la mirada y cuando ya lo tenía delante le dije who are you en plan trueblood cuando era una serie genial, él me respondió con la misma pregunta y no nos separamos ni unos centímetros en las siguientes 20 horas. Estaba loco como una cabra, como a mí me gusta. Totalmente acuario. Qué tío, se subió al tejado del edificio en el que vivíamos Saray y yo y se puso a gritar mi nombre. Me saturó un poco tanta locura y en la tarde del día siguiente acabé mandándole a la mierda. Pero un par de semanas después descubrí que no podía dejar de pensar en él. Estaba instalado en mi cerebro, en mi retina, en mi nariz, y en mi boca. Michael Patrick Joyce.

Mi obsesión por él no duró mucho aunque nos vimos muchas veces más. Llegamos a ser buenos amigos. Era muy refrescante estar con él de vez en cuando porque estaba genuinamente loco y lo llevaba todo al extremo, la música, el alcohol, el sexo, la risa... Murió en otoño de 2011, un accidente de tráfico, una mierda de muerte para alguien tan especial como él. Una mierda de muerte. Pienso en él muy a menudo, sobre todo cuando me enamoro de alguien.

Me enamoro muy fácilmente, igual que me desenamoro. Exactamente igual. Cuando veo en alguien esa chispa de locura que tenía Michael no lo puedo evitar, me enamoro. De repente estás tan lleno de vida que se te escapa por los ojos, por las manos y por todas partes. Es contagioso, divertido, fuera de la realidad, mágico, salvaje, musical, doloroso de tan puro. Buena gana, el que lo haya vivido sabrá de qué hablo y el que no pensará que se me ha ido.

Anoche me enamoré. Y no sé cuánto va a durarme esta vez, ya van unas horas y la cosa sigue bien. Me encanta enamorarme. Hace que todo esto merezca la pena de algún modo. Si tuviera vodka y zumo de naranja brindaría por Michael, por él y por el amor fugaz, el que dura un rato, el que grita desde los tejados porque no se puede quedar dentro. El que a mí me gusta.

lunes, 24 de junio de 2013

Madrugaba el Conde Olinos...

Esta noche, noche de San Juan y luna llena además, he buscado en Internet algún "conjuro" facilito que pudiera hacerse sin muchos materiales, ni velas, ni hierbas, ni saquitos, ni cordones de colores. He leído varios de los que no hay quien haga a no ser que esté uno muy metido en estas cosas, que si aromas de no sé qué, que si aceites de no sé cuál... Que si te cuelgas de ella o te tiras al mar.Y al final he encontrado uno que consiste en escribir en un papel las cosas negativas de las que te quieres deshacer y luego quemarlo con una cerilla de madera.

Más fácil imposible. He empezado a escribir mi lista a las 11:28 de la noche, porque pensé que lo suyo era quemar el papel pasada la medianoche. No he pensado en nadie más que en mí, o sea, que no he puesto a nadie de quién quiera deshacerme, y no por falta de candidatos/as, sino porque esto era muy mío, muy personal y he pensado que si mejoraba yo, si me quitaba todo lo negativo, esas personas dejarían de ser una molestia. Y lo sigo pensando.

Pues una vez escrita mi lista, he buscado cerillas de madera y he encontrado una cajita recuerdo de la boda de unos primos, allá por 1985. Perfecto. Seguro que ambos estarían encantados de saber que les he dado a sus cerillas un uso tan... peculiar. Y por último he buscado un recipiente en el que poder quemar el papel sin hacer peligrar nada alrededor. Fácil, la bacina de acero que me regaló Eva el año pasado, o el anterior, no sé. Y con todo el material listo me he puesto una chaquetita y me he ido al parque.

He encontrado un hueco protegido por un seto alto de arizónica en el que había un banquito de piedra, rodeado por una barandilla de hierro y desde el que se veía la luna. He doblado el papel con las palabras a quemar, lo he metido en la bacina, la he colocado encima de la barandilla metálica, he encendido una cerilla y la he acercado al papel hasta que ha prendido. Me ha costado 5 cerillas acabar con el papel en cuestión. Creo yo que porque no he escatimado en escribir cosas de las que me quiero deshacer. La lista era enorme y muy detallada, así que no me extraña que no se quemara a la primera.

Ha sido muy bonito la verdad. La luna llena, los cipreses del parque, el frío del aire y el calor de mi hoguerita, todas esas cosas malas quemándose, el humo negro y finalmente las cenizas. Había leído en uno de los sitios que encontré algo sobre enterrar las cenizas así que he salido de mi escondite y he cavado un pequeño hoyo en la tierra húmeda y sin césped del parque, cerca de una boca de riego. Sólo he cogido dos puñados de tierra, así que el hoyo no ha sido muy profundo, he volcado en él las cenizas y lo he vuelto a tapar. Y mientras lo hacía me he encontrado una moneda de 20 céntimos. Jeje.

De vuelta a casa he pensado que esa moneda vendrá conmigo todos los días de este año que empieza hoy, 24 de junio. La he metido en la bacina de acero ya limpia de cenizas y la he puesto en la ventana para que se cargue de luna llena. He vuelto a casa ligera y contenta, recitando el romance del Conde Olinos que Mª Jesús (La Chusa) nos hizo aprender en clase de literatura, y que ni he olvidado ni quiero olvidar. Qué tía más maja era, qué buena profesora. Ojalá le vaya bien este año que comienza hoy.

martes, 18 de junio de 2013

A perro viejo no cuz cuz.

Ahora ya no sé si son peores los pro-vida sonrisas, sueños, ilusiones y moñadas varias o los pro-sucidio, cabreo, politiquismo barato, quejicas y amargados. A mí me ponen de los nervios al mismo nivel.

Yo creo que las dictaduras son malas sean del color que sean, y no porque sea una ciudadana americana que paga sus impuestos, ama la democracia y la bandera de su país. No. Creo que la democracia es un cuento chino (sin ofender a los chinos, es un dicho de mi idioma y pienso seguir usándolo) y que la libertad es otro. Que no existen, ni la una ni la otra. Ni somos libres ni vivimos en democracia. Eso es lo que yo creo y quien no crea lo mismo, tiene todo mi respeto. O más bien mi indiferencia. En resumidas cuentas que me da lo mismo, me da exactamente igual en qué creas, a quién ames, qué comes, de qué equipo eres y a qué dedicas los domingos por la mañana.

Hay muy poquitas cosas que no me dan lo mismo. Odio que se maltrate a la gente mayor, como la vecina del 4º que está amargando la vida al resto de vecinos, que son todos octogenarios (menos una servidora) y que se merecen vivir en paz los años que les quedan. Y tengo un punto muy malo en lo que se refiere a los perros. De nuevo me sacan de quicio los maltratadores, tanto los que no lo esconden como los que van de educadores caninos, con sus collares de pinchos, sus collares de ahogo, sus collares de impulsos (o sea, de descargas eléctricas, que el perro ni nota según ellos, en los huevos se los ponía yo a ellos, a ver si notan algo). Estos ya no me dan igual. Amenazar o cumplir la amenaza. Mal con cualquier perro, salto a la menor, no lo puedo evitar, me parece tan cobarde aprovecharse así de un animal, tan desmedido, tan injusto, tan bajo... Y ya con mis perros ojo, que ya no ando saltando, por ellos mato, MA-TO.

Y aparte de esto, lo demás me da bastante igual. No tengo trabajo y no encuentro, y me cabrea, me desespera, me preocupa, por supuesto que sí. Pero no voy a insultar a quien pone en su facebook una foto de la comunión de su sobrino, ni al que comparte el resultado del partido, ni al que sube la foto de su moto nueva. Que la vida sigue, y menos mal. Que no gano nada con amargarme y amargar a mis congéneres y mucho menos con ganarme enemigos en una sociedad en la que si no conoces a nadie, eres mayor de 30 y estás en paro jamás volverás a encontrar trabajo.

Yo no creo que sea más el que escribe que el que lee, así como no es más el que juega al fútbol que el que lo ve, y no es más el que ve el telediario que el que se va al bar a echar un cinquillo. Creo que hay que dejar que cada uno haga lo que le da gana, dentro de lo que se nos permite. Y si quieres luchar por algo, pues hazlo, sea por los perros, por los niños, por las focas, por los sindicatos, o por un parque en Estambul. Que la vida sigue, y menos mal.

lunes, 10 de junio de 2013

Como un burro amarrado a la puerta del baile.

Ni cuarenta de mayo ni nada. Más o menos por ahora abrían las piscinas cuando yo era pequeña, entre el 1 y el 15 de junio. Parece que este verano viene recortado, como la sanidad y la educación. Y la dignidad y eso. Pero no es ese tiempo el que yo tengo en mente. Es el otro.

Ayer precisamente hablábamos Gloria y yo, entre otras cosas, de lo largos que eran antes los veranos. No el verano oficial del 21 al 21. No, el verano desde que empezaba a hacer bueno en junio hasta que empezaba el cole en septiembre. Tres meses interminables en los que daba tiempo a todo, playa, pueblo, monte, pesca, piscina, clases de natación, vacaciones santillana, excursiones, río, los abuelos, los tíos, los primos, las caravanas, el olor a alquitrán de la carretera que siempre arreglaban durante la operación salida, amigos... Y eso de pequeños, luego ya los rolletes de verano, los primeros cigarros mentolados, las cervezas a escondidas, fulanita me ha quitado el novio y menganita ya no me habla, a mi amiga le gustas, ¿cuándo te vas? el 31 de agosto, dame tus señas antes de irte, las fiestas del pueblo de al lado, las del tuyo, chupetones en el cuello, amigos...

Yo tenía una pandilla de amigos de la que estaba totalmente enamorada. Del conjunto digo, luego a ratos me enamoré de uno, pero el conjunto me volvía loca. Éramos unos nueve fijos, más tres hermanas pequeñas que pululaban alrededor y luego algunos que iban y venían. Nos veíamos por la mañana, después de comer para el café, luego íbamos al río y después de cenar volvíamos a quedar. Cuatrocientas pesetas para un par de litros de cerveza y diez duros para un par de bolsas de pipas, sentados al lado de la fuente vieja a diario. El fin de semana sin pipas y con mucha más cerveza, y canciones y risas. Prácticamente todo el día, y toda la noche juntos. Y así todo el verano, un montón de veranos. Nos queríamos mucho. Yo les quería muchísimo, desde luego.

¿Habéis sentido alguna vez el dolor físico que produce la ausencia del ser querido? Cuando te deja un novio, o una novia, y te duele, pero de verdad, te duele el pecho. Pues imaginaos lo que duele la ausencia de ocho seres queridos. El verano de Ricky y María y su pasito p´alante fue el primero de varios veranos dolorosos. La edad adulta. Menuda mierda. Los veranos empezaron a empequeñecer, hasta llegar a éste, tan recortado que no sabe ni cómo empezar.

Ahora veo a alguno de aquellos amigos muy de vez en cuando, a parte de Ismael, que como somos primos  nos vemos cada vez que voy al pueblo, o casi. Algunos somos amigos de facebook, ya ves tú. Y no todos. Algunos ni siquiera se hablan entre sí. Pero es lo que hay, el tiempo pasa y se lleva casi todo por delante. Se dice que el amor es perecedero pero que un amigo es para siempre. Yo no estoy de acuerdo, los hay que sí, los hay que no. De cualquier modo gracias a ellos pasé unos veranos inolvidables, y a aquellos amigos, los de mi memoria les sigo queriendo muchísimo. Y supongo que también gracias a ellos sigo esperando cosas increíbles de cada verano. Aunque como dicen los de Yo también fuí a EGB, ya no hay nostalgias como las de antes.

viernes, 31 de mayo de 2013

Dancing barefoot.

Debo estar muy, pero muy sola, porque me acuerdo de monstruos como si no lo fueran, como echándoles de menos. Ahora mismo en singular. A él sobre todo. Mi Will Gardner particular. Mío creía yo que era, la muy tonta.

No sé si le echo de menos a él en particular o a la vida intensa que me hizo vivir, siempre en el límite, siempre al borde, entre aquí y allí. El sí y el no. Todo tan radical, tan extremo, y en el medio él y yo. Siempre los dos.

Intentamos vivir como los demás y se nos fue de las manos. Nos hicimos tanto daño que olvidamos lo mucho que nos queríamos. Y nos queríamos mucho. Y le eché la culpa durante años. Le llamé imbécil, le llamé monstruo, se lo sigo llamando. Aunque no sé quién era peor de los dos.

Ahora solo estoy yo y creo que lo que en realidad añoro es el estar tan viva, tan cerca de no estarlo y tan viva a la vez. Ahora no hay crisis nerviosas, no hay gritos, ni aquella música suena por las mañanas. No hay peleas, no hay bailes ni borracheras, no hay celos, ni drogas, ni madrugadas, no hay pasión ni despertares. No hay más que un vacío en la boca del estómago que no sé con qué llenar.

lunes, 27 de mayo de 2013

Lo importante y lo urgente.

Últimamente he leído en facebook mucho mensaje de esos que me gustan tanto, tipo persigue tus sueños, no trabajes, etc. Bueno el mensaje real del no trabajes era en realidad trabaja, pero no como siempre, búscate la forma de no trabajar para nadie. A mí me vino a la cabeza la canción de Bob Dylan "Gotta serve somebody", ya sea al demonio o a dios pero vas a tener que servir a alguien. ¿A alguien más le pasa que le vienen canciones a la cabeza constantemente? Doy por sentado que sí, total, nadie va a contestar...

Pues sí. Muy bonito y muy zen, y muy de tiempos de crisis. Busca algo en lo que seas bueno y alguien a quien convencer de que te necesita y que te pague. Precioso. Luego ya viene el rollo del IVA, de las facturas, la declaración de la renta, las licencias, los impuestos, las auditorias... Pero lo importante es hacer lo que te guste, aunque acabes en la cárcel. Yo no digo que no. Importante es. Vamos que no hay color entre trabajar en algo que te gusta y en algo que no. Sólo digo, como pesimista profesional, que según está la cosa establecida actualmente, es tan difícil salirse del sistema como entrar en él.


A mí me gusta escribir. Y me gusta el inglés. Y pensé que estudiar filología me daría un conocimiento más completo del idioma y la oportunidad de leer un montón. Resultó que no era lo mío (la filología, el inglés si), pero bueno, con el tiempo y unos años fuera de aquí, he conseguido un dominio bastante amplio del idioma. Así que pensé que si estudiaba periodismo igual me ayudaba a escribir mejor, o al menos a tener cierto respaldo. Al igual que creo que el hecho de que te gusten los perros no te convierte en educador canino, creo que el hecho de que a mí me guste escribir no me convierte en escritora, de ahí que buscara formación. Pero ahora mismo ¿qué mas da? Si cualquiera escribe y "habla" inglés. Bien o mal. O fatal. Todo el mundo es micro-periodista, opinante profesional y bilingüe. ¿Qué importancia tienen ya el vocabulario, la gramática, la pronunciación, la sintaxis, la morfología, la lingüística, la coherencia y la cohesión? Ninguna.


A veces me entran ganas de llorar oyendo la radio. Un poco la culpa es mía, que no escucho programas de verdad, eso es cierto. A mi me gusta mucho la música, y lo que más oigo son emisoras musicales. Pero ¿por qué no hacer programas musicales de calidad en los que no se den patadas a los diccionarios? Si en los programas se incluye música en dos idiomas ¿por qué muchos de los locutores no hablan ni siquiera uno de ellos bien? También me pasa leyendo el periódico, no creáis. Periódicos de renombre, que rellenan sus versiones en Internet con artículos de opinión que bien podría haber escrito mi tía Vicenta. La tele ya hace tiempo que no la veo, y no es por hacerme la interesante, ni la inteligente, es verdad.


Tomando una cerveza con mi amiga Ari el sábado pasado, me comentaba que hay que diferenciar entre cosas importantes, y cosas urgentes. Las importantes son las que te llevan a realizarte como persona, y las urgentes son las que te ayudan temporalmente a alcanzar tus metas. Hablando de trabajo, por ejemplo, yo quiero trabajar en una revista, en la radio o en un periódico, pero mientras lo consigo busco trabajo en lo que sea para poder vivir. Ari me explicó que todos los días hay que dedicar un tiempo a lo importante, y no centrarse sólo en lo urgente. Así que hoy, como parte de mi búsqueda de la felicidad voy a mandar mi currículum vítae a algún medio en el que me gustaría trabajar. Hoy y todos los días. Para no olvidar lo verdaderamente importante. Para no creerme que no valgo lo suficiente.Y el resto del tiempo lo dedicaré a intentar sobrevivir.



jueves, 23 de mayo de 2013

La una de la mañana.

La una de la mañana parece una hora afilada, nada amable, triangular en lugar de redonda. Nada que ver con la una del mediodía, que a pesar de ser exactamente igual es totalmente diferente.

Hoy ha sido un día normal, una mañana agradable con mi hermana y una tarde tranquila de paseo con los perros y los amigos. Me encontré a la ceniza de Elena en el paseo de primera hora con los perros y pensé que igual mi día ya estaba gafado. Es el efecto que tiene la tía. Una gafe de mucho cuidado. Pero luego vistiéndome me abroché mal la camisa y me puse el jersey del revés. Y pensé "¡bien! ¡sorpresa! ¡dos sorpresas!". Pero ni sorpresa ni nada. Lo uno por lo otro. Tampoco ha sido un mal día. El gafe de Elena ha sido compensado por dos posibles sorpresas, así que ni lo uno ni lo otro.

Es la una menos cuarto de la mañana, ¿Por qué no se dirá de la noche? No pillo esas cosas. Era más fácil hablar de am y pm. A veces puedo ser muy pretenciosa. Menos diez son ahora y cada vez las agujas se afilan más. Me pregunto cuando dejarán de parecer bisturíes para volver a ser agujas de reloj.

Tengo una botella de Faustino I en la despensa desde hace más de un año. Y nunca la abro porque espero el momento de celebrar algo, el momento propicio. Y hoy, sin sorpresas y sin gafes, he llegado a casa y mientas calentaba unos filetes en el microondas he ido a la despensa, he cogido la botella, la he abierto y me he servido el preciado vino en mi copa de cristal azul. Delicioso.

¿Por qué no? No hay nada que celebrar. Ni hoy, ni ayer, ni mañana.

Es la una menos cinco de la mañana. Las agujas parecen una tijera a punto de cargarse el 12 del reloj. Adiós mediodía y adiós medianoche. Pero eso no va a ocurrir. Pasaran de largo, como todos los días. Y nos darán  las diez, y las once,  las doce y la una, las dos y las tres, como decía Sabina. Como todos los días.

sábado, 11 de mayo de 2013

Fue un gran año.

Llevaba unos días canturreando un par de canciones de la banda sonora de la primera temporada de Los Soprano. Tengo el cd, pero no sabía dónde, y hoy por fin se me iluminó la bombilla y lo encontré. Estaba en una bolsa en la despensa, con otros discos y unos altavoces. Llevaba allí desde agosto de 2011. Tal y como lo puse cuando volví de Escocia. Viajó con nosotras en el volvo. El volvo. Qué cochazo. Irrepetible. Inmenso. Con más personalidad que la mayoría de personas que conozco. Tanta que decidió no venir hasta Salamanca y en algún lugar entre Segovia y Madrid dijo hasta aquí, y, no sin antes deleitarnos con un espectáculo de humo negro y truenos, murió.

He puesto el cd en el reproductor que me regalaron mis amigas por mi 32 cumpleaños. Sólo dos de ellas siguen siendo mis amigas. Es como una nave espacial, o como el Delorean. Sí, más como el Delorean. Y se oye de miedo. Así que lo he puesto a volumen 37, por mis 37 años.

Qué maravilla lo de la música, ¿verdad? En un momento estaba en el salón de mi casa y al momento siguiente estaba conduciendo por la carretera de Bonnyrigg de camino a casa de mi novio, John Wine (no se apellidaba wine, se lo puse yo porque fue lo que bebimos el día que nos conocimos). He visto las curvas, la rotondas, mi enorme volvo y hasta he vuelto a oler el aire escocés.

Ya de vuelta en el salón de mi casa, mientras limpiaba el cristal de la mesa camilla con cristasol (porque es lo mejor para limpiar cristales, y cómo huele, eh?), cantaba a voz en grito It was a very good year, la versión de Sinatra que aparece en el disco. Cuando tenía 17 años, cuando tenía 21 años, cuando tenía 35 años... fue un gran año. Y sí, estoy de acuerdo, recuerdo los 17, por fin me quité las ciencias de encima, en 3º de BUP, aprobé todo y pasé un verano fantástico. A los 21 no recuerdo muy bien en qué andaba, probablemente haciendo como que estudiaba Filología, pasando la mayor parte del tiempo en la facultad de Bellas Artes, tonteando con éste y con aquel, sobre todo con aquel. Y los 35... los 35... como olvidar los 35. Mi último año en Escocia, y mucho de todo. Muchas excursiones, mucho trabajo, muchas malas noticias, y muchas buenas también, muchos amigos, muchas citas, mucho sexo, mucho cine, y hasta un novio ¿qué más se puede pedir? Incluso hubo verano en Edimburgo, y cuando volví aquí el buen tiempo duró hasta entrado noviembre.

Cuando tenía 17 no sabía que estaba viviendo un buen año, ni cuando tenía 21 tampoco. Sólo he vivido dos años buenos en los que fuera totalmente consciente de lo buenos años que estaban siendo, el de mis 18 y el de mis 35. Espero no tener que esperar tanto para que haya otro. De hecho no sé si habrá otro.

Aunque en realidad si, ya le veo el lado optimista a la canción (que no es mi especialidad, ni mucho menos). Sinatra acaba diciendo que ahora ve su vida como un montón de años buenos. Igual es eso, se vuelven buenos con el tiempo, con la distancia. Alguno hay bueno de verdad, y los demás mejoran con el recuerdo. Espero que sí.

martes, 9 de abril de 2013

Un rayo de sol (oh oh oh)

Yo soy de las que se cabrea cuando todo el mundo habla de que hace mucho frío en invierno y mucho calor en verano. Siempre pienso que habría que cabrearse si fuera al revés. Menos dos grados el 25 de julio, eso sí sería noticia, una noticia de mierda por otro lado. Aquí donde yo vivo no hay ni primavera ni otoño, sólo hay un interminable invierno y un verano más o menos decente, dependiendo de las tormentas y de lo fresco que venga agosto. Así que no soporto el típico comentario "tengo unas ganas de que pase el calor... es que en invierno te abrigas y ya, pero en verano... no sabe uno que hacer", ¡zas! en toda la boca. Te abrigas y ya, te abrigas y ya... ¡una mierda!

El caso es que esta primavera, por llamarla algo bonito, está sacando de quicio hasta a los más acérrimos defensores de los fríos y los vientos y las lluvias. Y me alegraría si no fuera porque yo también la estoy sufriendo, y mucho. Cuánta agua, por dios, para que luego abran los embalses y nos quedemos secos a mediados de julio. Cuánto viento, ¿para qué? no lo sé, para molestar, yo creo. Cuánto frío, coño, que estamos a 10 de abril mañana, y vamos con abrigo gordo, gorro, bufanda y guantes, que ya está bien de verdad, ya está bien.

Yo el calentamiento global no lo pillo, vamos, que no lo veo por ningún lado, por lo menos en Salamanca. El cambio climático sí. El clima ha cambiado, ha pasado de ser malo a ser muchísimo peor. Cuando vivía en Escocia me dijeron que el clima cambiaría a más húmedo. Yo no podía creérmelo, ¿cómo más húmedo? si allí llueve prácticamente 360 días al año. Ahora lo veo claro. Ésta que solía ser tierra de cereales, de secano, la meseta norte amarillenta, ardua y enjuta como sus gentes, se ha convertido en todo una pradera verde y casi voluptuosa. Eso sí, las gentes están de peor humor que de costumbre, incluida una servidora.

Y es que el tiempo, digan lo que digan afecta al humor y mucho. Yo dejé mi trabajo, mi apartamento, a mi novio y una vida ya medio encaminada por los inviernos fríos pero soleados, los veranos de cielos azules, por el sol asegurado durante semanas, casi meses. Por el sol.

Volverá, claro que sí. Anuncian que este fin de semana será soleado y subirán las temperaturas. Será una breve tregua, o será algo medio duradero, no lo sé. Sólo sé que todos estaremos de mejor humor, que buena falta nos hace.

miércoles, 3 de abril de 2013

Diminuta.

El otro día me comentaba E que sólo escribo cosas cuando estoy cabreada. Puede ser. Cuando me cabreo prefiero canalizar la energía negativa escribiendo en lugar de dando puñetazos a una pared, o haciendo llamadas a las 5 de la mañana para molestar. Y cuando estoy contenta no necesito canalizar la energía positiva, sólo disfrutarla, quedármela, save it for a rainy day, dicen los anglosajones. Pues sí, la guardo para un día lluvioso, o para un mes lluvioso, o para un trimestre lluvioso. Joder, ¡que pare de llover ya!

Me he desviado del tema. Lo que yo quería decir es que como la gente ha decidido usar la palabra grande como si fuera un halago, pues yo he decidido usar la palabra pequeño, como un insulto. Así que si alguna vez me refiero a vosotros como pequeños, sabed que os estoy insultando.

El rencor nos hace pequeños, el no haber sabido estar a la altura nos hace pequeños, el aburrimiento en un mundo lleno de posibilidades nos hace pequeños. Las personas viles, que sólo desean la desgracia ajena para intentar cambiar lo desgraciados que son, esas personas son pequeñas. Los que van de víctimas, los que van de humildes pero siempre tienen que ser protagonistas, también son pequeños. Los que no buscan triunfar sino ser testigos de los fracasos de los demás, los que se alegran de los fallos ajenos, son personas muy pequeñas.

Y los demás, como vivos que estamos, como grandes que somos, tenemos que hacer lo que nos corresponde. Seguir adelante, viviendo, triunfando, cayéndonos, levantándonos, aprendiendo.

Yo soy una persona grande en todos los sentidos, soy alta, ancha y muy buena persona. Y tú no eres más que una personilla rencorosa, envidiosa y falta de talento. Eres pequeña. Muy pequeña. Diminuta.

martes, 12 de marzo de 2013

Rosa rosa rosam rosae rosae rosa

A mí el latín me gustaba, la verdad. Tenía un profesor muy majo, con pinta de buena persona, seguro que lo era, que lo sigue siendo, vaya. Muy tranquilo, muy paciente. También me dio lengua y literatura, no recuerdo si en BUP o en COU. Don Alberto Moreta. Era el tipo de profesor al que no le afectaba estar rodeado de adolescentes, por muy adolescentes que fuéramos y por mucho (pero mucho mucho) que nos comportáramos como tales. Tenía la cara siempre colorada. Como yo. Es posible que tuviera en la piel la misma afección que yo. Rosácea. Muy del latín todo. Aunque lo cierto es que es una enfermedad céltica. Y una monumental putada.

Es como llevar encima de la cara una máscara roja que pica mucho, que se irrita y se llena de granos. A veces estos granos... bueno no quiero entrar en detalles que rozan la repugnancia. Pero es algo de lo que eres consciente siempre, todo el día. Intentas no tocarte la cara porque se irrita con extraordinaria facilidad, incluso durmiendo tengo cuidado de no hacerlo apoyando la cara sobre mi mano como solía hacer. No hay un tratamiento específico ni cura. De hecho ni siquiera se conocen las causas de que aparezca. Sólo se sabe que hay que evitar algunas cosas para que no empeore. Bebidas calientes, alcohol de todo tipo, lácteos, especias, picante, chocolate, cafeína, tomate, aguacate... dentro de los alimentos. Cambios de temperatura, viento, sol, frío, lluvia... en cuanto al ambiente, y yo viviendo en Salamanca. Ejercicio físico, nerviosismo, estrés... Mens sana in corpore sano. 

Lo difícil es mantener la calma, no ponerse nervioso ni estresarse cuando te miras al espejo y te entra una terrible angustia ruber faciem, o sea "angustia de la cara roja". A mí todo el mundo me dice que casi no se me nota, que es más la importancia que yo le doy que lo que en realidad es. Pero yo la veo, mi cara rojo intenso tirando a morado en las peores zonas, cada día abarcando unos milímetros más de piel. La veo, y la siento, a veces hasta la oigo.

Y sí, hay cosas peores, claro que sí. Pero ya me quejaré de ellas cuando las padezca. O que se quejen de ellas quienes las padezcan. A mí me pasa ésto. Y me trae por la calle de la amargura, porque cuanto más leo sobre la enfermedad más me preocupo, y más se me irrita la jodía rosácea. 

Pero vale, ya paro de quejarme, porque tras años de pruebas con diferentes productos naturales y no naturales (de herbolario y de dermatólogo), de cambios en la alimentación, de no hacer ejercicio para no despertar a la bestia (jajaja), de aprender ejercicios de relajación e incluso meditación, tras todo ésto he visto un hilillo de luz al final del túnel.

Resulta que Laura asistió a un curso de maquillaje de los años 20 que ofreció Sephora en el Museo Casa Lis de Salamanca (habrá una entrada sobre ello en su blog para más detalles). Allí hablaron de una línea de maquillaje mineral especial para pieles sensibles, e incluso ultrasensibles (¡la mía, la mía!). Se llama Bare Minerals, sin aceites, sin parabenos y sin perfume. Laura me dijo que la chica que había dado el curso de maquillaje trabaja en el rincón de Sephora de El Corte Inglés y ayer mismo fuimos hasta allí y me compré la base de maquillaje en polvo. Hasta ahora cualquier cosa que se acercara a mi cara era puro veneno para mi piel, sin embargo este maquillaje no sólo no me irrita en absoluto, sino que disimula a la perfección las rojeces y los granitos. ¡Mi cara vuelve a tener un color normal! Y no sólo eso, esta chica tan amable y simpática me recomendó una crema hidratante también especial para pieles intolerantes, Hydra Thelia de Integrine. Sólo la llevo usando hoy, pero no me pica, no me escuece, no se me ha inflamado la cara... Buena señal. Unos segundos con cualquier otra crema, por cara y recomendable que fuera, bastaban para que quisiera arrancarme la piel a tiras. 

Yo no soy muy de cosas de chicas, bueno a veces me da por ahí, pero lo normal es que no. Ahora, si maquillarme, desmaquillarme, darme cremitas de día y cremitas de noche, va a hacer que no me entren ganas de llorar cada vez que me miro en un espejo... pues adelante las cosas de chicas. Mil gracias a Laura Ochoa y a la fantástica Yasmina por devolverme mi cara.

Potius sero quam nunquam, más vale tarde que nunca.

viernes, 8 de marzo de 2013

Simpática.

Hoy he visto una entrada en facebook de El Rincón del Publicista, mira mejor os pongo la foto, que a mi me gusta escribir pero una imagen...:


¿Qué te parece? Yo creo que sí que hay gente que tiene sueños eróticos con gente simpática. Sin ir más lejos ¿el conocido de mi pueblo que no podía sacarme de la cabeza aquella vez? Ha vuelto a pasar. No he dicho nada por no parecer repetitiva, pero es cierto, ha vuelto a pasar, y esta vez sí recuerdo bien que soñé con él, y qué soñé. No, no lo voy a contar, ufff qué vergüenza.

El caso es que el chico en cuestión no es guapo, y sí que es muy simpático. Bueno, tras no quitármelo de la cabeza ni bien ni mal, ahora ya pienso que es guapísimo, super atractivo, y que... ñam ñam. Pero objetivamente he de decir que no es guapo.

A mí me encantaría que me contarais qué opináis del tema. Si estáis de acuerdo con todo el tema de que la gente guapa es superficial y los simpáticos no ligan, los guapos acaban solos y los simpáticos con pareja. Mira que la curiosidad no es lo mío en absoluto, en general nada me interesa tanto como para hacerme preguntar por ello.

Yo conozco gente muy guapa, y muy simpática a la vez, Ruth sin ir más lejos. Siempre la pongo como ejemplo de belleza y simpatía. También conozco gente muy antipática, guapos y feos, con y sin pareja. Yo que sé, hay de todo. Pero no me creo que haya un patrón. Pero claro, ¿por qué habría de creerme nada que aparezca en una caja de luz publicitaria? Dejando a un lado lo de guapa o simpática, lo que tengo claro es que no soy idiota. Así que no, no me creo que haya un patrón.


viernes, 1 de marzo de 2013

Escalofrío en la noche.

Hoy he salido de casa con un nuevo fin. Lo normal es que salga a la compra, a sacar a los perros, a hacer recados... a beber mucha cerveza y luego bailar... pero hoy he salido con el fin de encontrarme con un grupo de gente que se reúne para hablar un rato en inglés. He pensado que esto del inglés no es como montar en bici, que o practico de vez en cuando o se oxida. Así que me he animado. Me ha gustado mucho la verdad, no sé muy bien que esperaba encontrarme, pero me ha gustado.

El plan era hablar un rato, ir a ver una peli en VOS (versión original subtitulada) y luego a casita. Pero el plan cambió (por mucho que yo me empeñe en lo contrario, los planes cambian constantemente) y hemos charlado un rato y luego ido a un concierto de música clásica ofrecido por una joven orquesta.

Justo antes de empezar ha habido una especie de "performance" reivindicativa, que me ha recordado un poco a los juegos que inventa la amiga de una amiga cada vez que se reúne con amigos. Hay gente con mucha imaginación en este mundo, incluso en esta ciudad. Y con eso en mente empezó el concierto. Ya en la primera pieza me he quedado embobada mirando a la chica que tocaba el contrabajo. Qué pasión. Ha sido increíble. Bailaba con él, se apoyaban el uno en el otro. Ha habido un momento en que he tenido los pelos de punta y lágrimas en los ojos. Todos tocaban bien (yo no soy una experta), pero la chica del contrabajo me ha hecho sentir lo que ella siente al tocar. O yo qué sé, pero me ha emocionado mucho.

De aquí mi mente se ha ido al pensamiento anterior. Parece que hay gente con talento, con ganas, con imaginación, incluso en esta ciudad. Y ahí estaba yo, en plena epifanía, recuperando la fe en Salamanca, o más bien... teniéndola por primera vez. Muy emocionante. Mucho.

Hasta que la pareja sentada a mi izquierda decidió que era el momento perfecto para abrir una bolsa de conguitos y comérselos todos. A su vez, la mujer sentada delante de mí reconoció la pieza que tocaba la orquesta y decidió que ella taraúlla (mezcla de tarareo y aullido) tan bien, pero tan bien, que todos merecíamos oírla. Al mismo tiempo, una de las chicas que iba en mi mismo grupo debió aburrirse de tanta música y se puso a hablar con el de al lado.

Yo intentaba que la chica del contrabajo me volviera a embelesar con su danza, pero ha sido imposible. Yo rezaba para que dejaran de tocar piezas tan reconocibles (bandas sonoras, mecachis en el cine) y así parar el molestísimo taraullido. Yo miraba sin disimulo alguno a la pareja de mi izquierda mientras ellos seguían sacando de la bolsa y comiendo conguitos también sin disimulo alguno. Yo me prometía no volver a ningún concierto, cine, teatro, etc con la chica charlatana que iba en mi mismo grupo.

Y de este modo he llegado a esta conclusión. ¿Hay gente con talento y con imaginación en esta ciudad? Si, no somos mayoría, pero todos sabemos que la mayoría está sobre-valorada.

sábado, 26 de enero de 2013

Buda.


Ayer leí un artículo acerca de una psicóloga que ha escrito un libro sobre el amor. Decía que el amor verdadero, como nos lo pintan en las películas, no existe. Vaya novedad ¿eh? También decía que esta concepción del amor como el súmmum de la felicidad pone el listón demasiado alto, tan alto, que nos pasamos la vida buscando algo que no existe y por lo tanto vivimos en un estado constante de frustración (ansiedad, depresión, apatía y sus derivados). En esto estoy de acuerdo. También decía el artículo, que esta mujer cree que el amor está compuesto por “micro momentos de resonancia positiva” y que pueden ocurrir con tu pareja, con tus amigos, familia… Aunque también puede haber micro momentos de estos con extraños, alguien que ves por la calle, el/la que te atiende en la tienda… Pero que tiene que haber presencia física para sentir ese amor. 

Vale, bien. De acuerdo. Personalmente hace tiempo que sé que la felicidad tal y como nos la vende Hollywood no existe, que son momentos, de hecho micro momentos. Que hay días que no tienes ninguno y que hay días que tienes muchos. Pero no estoy de acuerdo en lo de la presencia física. Ni en que dichos momentos sólo ocurran con otras personas.

Puedes tener un micro momento recordando a alguien, una situación, un sabor, un olor… Jugando, viendo la tele, escuchando música. Puedes tener millones escuchando música.

Creo que ahí está el problema, asociar la felicidad al amor, y reducir el amor a la presencia física de otras personas. Así la felicidad es tan difícil de encontrar. Y así hay tanta gente que no sabe vivir sin pareja, por muy perjudicial que ésta pueda ser para su salud física o mental, a veces física y mental.

¿Qué hay de la felicidad de comerse un helado bajo el sol de verano? ¿La de pasar por una tienda de jabones y recordar aquel fin de curso en Mallorca? ¿La de poder oír en Youtube la canción que quieras cuantas veces quieras? ¿La de ver a tu perro y a tu gato jugar como locos? ¿La de una cerveza fresquita con Laura en el bar de siempre? Yo que sé, hay mil maneras de ser felices. Celebrar lo que tenemos en lugar de anhelar lo que no tenemos. Que decía Buda, ¿no?

sábado, 5 de enero de 2013

Las tablas de multiplicar.


Yo no soy de hablar las cosas, soy más de escribirlas. Tiendo a arrepentirme de lo que sale de mi boca en caliente cuando discuto. Y no hablo de discutir en plan “Salvame” o cualquier otro programucho del estilo, hablo de diferencias de opiniones, de puntos de vista, de maneras de actuar, etc. Yo prefiero pensar las cosas, oír esto, oír aquello, volver a pensar… y para cuando acabo, el resto ha ya medio olvidado la discusión, o al menos ya no hablan del asunto, y la conversación y su tono han cambiado.

La diversidad y la tolerancia se presentaron como algo muy novedoso en el currículo de enseñanza primaria que se desarrolló hacia finales de los 90 y principios del nuevo milenio. “Educación en la diversidad”, rezaban éste y el otro libro de texto, perdón, sin libros de texto, que los niños de ahora se estresan hasta cruzando un semáforo. La diversidad y la tolerancia si, conceptos que hay que tener muy en cuenta, pero que en realidad… como decirlo… ¿nos pasamos todos por el forro? Se me entiende perfectamente, creo.

Yo también lo hago, ¿eh? La primera. Ambas nociones aparecen frecuentemente en mi discurso, y no precisamente porque yo sea seguidora de ninguna de ellas, sino todo lo contrario. Pero vivir es, o debería ser, evolucionar. Y para ello hay que moldear, adaptar, cambiar o como se quiera llamar, nuestra forma de pensar. Yo lo estoy intentando. He visto que no es bueno para mí, ni para mi alrededor y estoy tratando de aceptar e incluir en mi vida diaria ideas como la diversidad y la tolerancia.

¿Todo esto para qué? Para extenderlo un par de metros cuadrados a mi alrededor, igual algo más, tres o cuatro metros cuadrados. De matemáticas sí que no entiendo y así me voy a quedar.

Tenemos formas diferentes de pensar debido a nuestras experiencias, nuestra educación, nuestra formación, nuestros valores… formas diferentes de hacer las cosas, formas diferentes de enfrentarnos a determinadas situaciones. Algunas de ellas son esencialmente erróneas (tenemos ejemplos continuos en los medios). Éstas son las que nos deberían crispar los nervios, tolerancia cero (qué de moda está ¿verdad?, qué moderna soy). Otras pueden parecer erróneas o no dependiendo del cristal con qué se miren.

Si estamos de acuerdo en la base, los fundamentos, la raíz, a partir de ahí las diferentes formas de pensar o actuar no deberían ser motivo de discusión, sino de puesta en común, de valoración y de aprendizaje. ¿Por qué discutir sobre algo en lo que en principio estamos de acuerdo? Puede que hagamos las cosas de forma diferente y puede que si escucháramos otras formas consiguiéramos algo más sólido, o no, quién sabe, pero negándonos seguro que no conseguimos nada más que frustración.

De las matemáticas que me enseñaron de pequeña sólo me quedé con la parte importante:
1x1=1 pero 2x2=4
Y a buen entendedor, pocos números bastan.