Es como llevar encima de la cara una máscara roja que pica mucho, que se irrita y se llena de granos. A veces estos granos... bueno no quiero entrar en detalles que rozan la repugnancia. Pero es algo de lo que eres consciente siempre, todo el día. Intentas no tocarte la cara porque se irrita con extraordinaria facilidad, incluso durmiendo tengo cuidado de no hacerlo apoyando la cara sobre mi mano como solía hacer. No hay un tratamiento específico ni cura. De hecho ni siquiera se conocen las causas de que aparezca. Sólo se sabe que hay que evitar algunas cosas para que no empeore. Bebidas calientes, alcohol de todo tipo, lácteos, especias, picante, chocolate, cafeína, tomate, aguacate... dentro de los alimentos. Cambios de temperatura, viento, sol, frío, lluvia... en cuanto al ambiente, y yo viviendo en Salamanca. Ejercicio físico, nerviosismo, estrés... Mens sana in corpore sano.
Lo difícil es mantener la calma, no ponerse nervioso ni estresarse cuando te miras al espejo y te entra una terrible angustia ruber faciem, o sea "angustia de la cara roja". A mí todo el mundo me dice que casi no se me nota, que es más la importancia que yo le doy que lo que en realidad es. Pero yo la veo, mi cara rojo intenso tirando a morado en las peores zonas, cada día abarcando unos milímetros más de piel. La veo, y la siento, a veces hasta la oigo.
Y sí, hay cosas peores, claro que sí. Pero ya me quejaré de ellas cuando las padezca. O que se quejen de ellas quienes las padezcan. A mí me pasa ésto. Y me trae por la calle de la amargura, porque cuanto más leo sobre la enfermedad más me preocupo, y más se me irrita la jodía rosácea.
Pero vale, ya paro de quejarme, porque tras años de pruebas con diferentes productos naturales y no naturales (de herbolario y de dermatólogo), de cambios en la alimentación, de no hacer ejercicio para no despertar a la bestia (jajaja), de aprender ejercicios de relajación e incluso meditación, tras todo ésto he visto un hilillo de luz al final del túnel.
Resulta que Laura asistió a un curso de maquillaje de los años 20 que ofreció Sephora en el Museo Casa Lis de Salamanca (habrá una entrada sobre ello en su blog para más detalles). Allí hablaron de una línea de maquillaje mineral especial para pieles sensibles, e incluso ultrasensibles (¡la mía, la mía!). Se llama Bare Minerals, sin aceites, sin parabenos y sin perfume. Laura me dijo que la chica que había dado el curso de maquillaje trabaja en el rincón de Sephora de El Corte Inglés y ayer mismo fuimos hasta allí y me compré la base de maquillaje en polvo. Hasta ahora cualquier cosa que se acercara a mi cara era puro veneno para mi piel, sin embargo este maquillaje no sólo no me irrita en absoluto, sino que disimula a la perfección las rojeces y los granitos. ¡Mi cara vuelve a tener un color normal! Y no sólo eso, esta chica tan amable y simpática me recomendó una crema hidratante también especial para pieles intolerantes, Hydra Thelia de Integrine. Sólo la llevo usando hoy, pero no me pica, no me escuece, no se me ha inflamado la cara... Buena señal. Unos segundos con cualquier otra crema, por cara y recomendable que fuera, bastaban para que quisiera arrancarme la piel a tiras.
Yo no soy muy de cosas de chicas, bueno a veces me da por ahí, pero lo normal es que no. Ahora, si maquillarme, desmaquillarme, darme cremitas de día y cremitas de noche, va a hacer que no me entren ganas de llorar cada vez que me miro en un espejo... pues adelante las cosas de chicas. Mil gracias a Laura Ochoa y a la fantástica Yasmina por devolverme mi cara.
Potius sero quam nunquam, más vale tarde que nunca.
Potius sero quam nunquam, más vale tarde que nunca.
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