El otro día me comentaba E que sólo escribo cosas cuando estoy cabreada. Puede ser. Cuando me cabreo prefiero canalizar la energía negativa escribiendo en lugar de dando puñetazos a una pared, o haciendo llamadas a las 5 de la mañana para molestar. Y cuando estoy contenta no necesito canalizar la energía positiva, sólo disfrutarla, quedármela, save it for a rainy day, dicen los anglosajones. Pues sí, la guardo para un día lluvioso, o para un mes lluvioso, o para un trimestre lluvioso. Joder, ¡que pare de llover ya!
Me he desviado del tema. Lo que yo quería decir es que como la gente ha decidido usar la palabra grande como si fuera un halago, pues yo he decidido usar la palabra pequeño, como un insulto. Así que si alguna vez me refiero a vosotros como pequeños, sabed que os estoy insultando.
El rencor nos hace pequeños, el no haber sabido estar a la altura nos hace pequeños, el aburrimiento en un mundo lleno de posibilidades nos hace pequeños. Las personas viles, que sólo desean la desgracia ajena para intentar cambiar lo desgraciados que son, esas personas son pequeñas. Los que van de víctimas, los que van de humildes pero siempre tienen que ser protagonistas, también son pequeños. Los que no buscan triunfar sino ser testigos de los fracasos de los demás, los que se alegran de los fallos ajenos, son personas muy pequeñas.
Y los demás, como vivos que estamos, como grandes que somos, tenemos que hacer lo que nos corresponde. Seguir adelante, viviendo, triunfando, cayéndonos, levantándonos, aprendiendo.
Yo soy una persona grande en todos los sentidos, soy alta, ancha y muy buena persona. Y tú no eres más que una personilla rencorosa, envidiosa y falta de talento. Eres pequeña. Muy pequeña. Diminuta.
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