martes, 12 de marzo de 2013

Rosa rosa rosam rosae rosae rosa

A mí el latín me gustaba, la verdad. Tenía un profesor muy majo, con pinta de buena persona, seguro que lo era, que lo sigue siendo, vaya. Muy tranquilo, muy paciente. También me dio lengua y literatura, no recuerdo si en BUP o en COU. Don Alberto Moreta. Era el tipo de profesor al que no le afectaba estar rodeado de adolescentes, por muy adolescentes que fuéramos y por mucho (pero mucho mucho) que nos comportáramos como tales. Tenía la cara siempre colorada. Como yo. Es posible que tuviera en la piel la misma afección que yo. Rosácea. Muy del latín todo. Aunque lo cierto es que es una enfermedad céltica. Y una monumental putada.

Es como llevar encima de la cara una máscara roja que pica mucho, que se irrita y se llena de granos. A veces estos granos... bueno no quiero entrar en detalles que rozan la repugnancia. Pero es algo de lo que eres consciente siempre, todo el día. Intentas no tocarte la cara porque se irrita con extraordinaria facilidad, incluso durmiendo tengo cuidado de no hacerlo apoyando la cara sobre mi mano como solía hacer. No hay un tratamiento específico ni cura. De hecho ni siquiera se conocen las causas de que aparezca. Sólo se sabe que hay que evitar algunas cosas para que no empeore. Bebidas calientes, alcohol de todo tipo, lácteos, especias, picante, chocolate, cafeína, tomate, aguacate... dentro de los alimentos. Cambios de temperatura, viento, sol, frío, lluvia... en cuanto al ambiente, y yo viviendo en Salamanca. Ejercicio físico, nerviosismo, estrés... Mens sana in corpore sano. 

Lo difícil es mantener la calma, no ponerse nervioso ni estresarse cuando te miras al espejo y te entra una terrible angustia ruber faciem, o sea "angustia de la cara roja". A mí todo el mundo me dice que casi no se me nota, que es más la importancia que yo le doy que lo que en realidad es. Pero yo la veo, mi cara rojo intenso tirando a morado en las peores zonas, cada día abarcando unos milímetros más de piel. La veo, y la siento, a veces hasta la oigo.

Y sí, hay cosas peores, claro que sí. Pero ya me quejaré de ellas cuando las padezca. O que se quejen de ellas quienes las padezcan. A mí me pasa ésto. Y me trae por la calle de la amargura, porque cuanto más leo sobre la enfermedad más me preocupo, y más se me irrita la jodía rosácea. 

Pero vale, ya paro de quejarme, porque tras años de pruebas con diferentes productos naturales y no naturales (de herbolario y de dermatólogo), de cambios en la alimentación, de no hacer ejercicio para no despertar a la bestia (jajaja), de aprender ejercicios de relajación e incluso meditación, tras todo ésto he visto un hilillo de luz al final del túnel.

Resulta que Laura asistió a un curso de maquillaje de los años 20 que ofreció Sephora en el Museo Casa Lis de Salamanca (habrá una entrada sobre ello en su blog para más detalles). Allí hablaron de una línea de maquillaje mineral especial para pieles sensibles, e incluso ultrasensibles (¡la mía, la mía!). Se llama Bare Minerals, sin aceites, sin parabenos y sin perfume. Laura me dijo que la chica que había dado el curso de maquillaje trabaja en el rincón de Sephora de El Corte Inglés y ayer mismo fuimos hasta allí y me compré la base de maquillaje en polvo. Hasta ahora cualquier cosa que se acercara a mi cara era puro veneno para mi piel, sin embargo este maquillaje no sólo no me irrita en absoluto, sino que disimula a la perfección las rojeces y los granitos. ¡Mi cara vuelve a tener un color normal! Y no sólo eso, esta chica tan amable y simpática me recomendó una crema hidratante también especial para pieles intolerantes, Hydra Thelia de Integrine. Sólo la llevo usando hoy, pero no me pica, no me escuece, no se me ha inflamado la cara... Buena señal. Unos segundos con cualquier otra crema, por cara y recomendable que fuera, bastaban para que quisiera arrancarme la piel a tiras. 

Yo no soy muy de cosas de chicas, bueno a veces me da por ahí, pero lo normal es que no. Ahora, si maquillarme, desmaquillarme, darme cremitas de día y cremitas de noche, va a hacer que no me entren ganas de llorar cada vez que me miro en un espejo... pues adelante las cosas de chicas. Mil gracias a Laura Ochoa y a la fantástica Yasmina por devolverme mi cara.

Potius sero quam nunquam, más vale tarde que nunca.

viernes, 8 de marzo de 2013

Simpática.

Hoy he visto una entrada en facebook de El Rincón del Publicista, mira mejor os pongo la foto, que a mi me gusta escribir pero una imagen...:


¿Qué te parece? Yo creo que sí que hay gente que tiene sueños eróticos con gente simpática. Sin ir más lejos ¿el conocido de mi pueblo que no podía sacarme de la cabeza aquella vez? Ha vuelto a pasar. No he dicho nada por no parecer repetitiva, pero es cierto, ha vuelto a pasar, y esta vez sí recuerdo bien que soñé con él, y qué soñé. No, no lo voy a contar, ufff qué vergüenza.

El caso es que el chico en cuestión no es guapo, y sí que es muy simpático. Bueno, tras no quitármelo de la cabeza ni bien ni mal, ahora ya pienso que es guapísimo, super atractivo, y que... ñam ñam. Pero objetivamente he de decir que no es guapo.

A mí me encantaría que me contarais qué opináis del tema. Si estáis de acuerdo con todo el tema de que la gente guapa es superficial y los simpáticos no ligan, los guapos acaban solos y los simpáticos con pareja. Mira que la curiosidad no es lo mío en absoluto, en general nada me interesa tanto como para hacerme preguntar por ello.

Yo conozco gente muy guapa, y muy simpática a la vez, Ruth sin ir más lejos. Siempre la pongo como ejemplo de belleza y simpatía. También conozco gente muy antipática, guapos y feos, con y sin pareja. Yo que sé, hay de todo. Pero no me creo que haya un patrón. Pero claro, ¿por qué habría de creerme nada que aparezca en una caja de luz publicitaria? Dejando a un lado lo de guapa o simpática, lo que tengo claro es que no soy idiota. Así que no, no me creo que haya un patrón.


viernes, 1 de marzo de 2013

Escalofrío en la noche.

Hoy he salido de casa con un nuevo fin. Lo normal es que salga a la compra, a sacar a los perros, a hacer recados... a beber mucha cerveza y luego bailar... pero hoy he salido con el fin de encontrarme con un grupo de gente que se reúne para hablar un rato en inglés. He pensado que esto del inglés no es como montar en bici, que o practico de vez en cuando o se oxida. Así que me he animado. Me ha gustado mucho la verdad, no sé muy bien que esperaba encontrarme, pero me ha gustado.

El plan era hablar un rato, ir a ver una peli en VOS (versión original subtitulada) y luego a casita. Pero el plan cambió (por mucho que yo me empeñe en lo contrario, los planes cambian constantemente) y hemos charlado un rato y luego ido a un concierto de música clásica ofrecido por una joven orquesta.

Justo antes de empezar ha habido una especie de "performance" reivindicativa, que me ha recordado un poco a los juegos que inventa la amiga de una amiga cada vez que se reúne con amigos. Hay gente con mucha imaginación en este mundo, incluso en esta ciudad. Y con eso en mente empezó el concierto. Ya en la primera pieza me he quedado embobada mirando a la chica que tocaba el contrabajo. Qué pasión. Ha sido increíble. Bailaba con él, se apoyaban el uno en el otro. Ha habido un momento en que he tenido los pelos de punta y lágrimas en los ojos. Todos tocaban bien (yo no soy una experta), pero la chica del contrabajo me ha hecho sentir lo que ella siente al tocar. O yo qué sé, pero me ha emocionado mucho.

De aquí mi mente se ha ido al pensamiento anterior. Parece que hay gente con talento, con ganas, con imaginación, incluso en esta ciudad. Y ahí estaba yo, en plena epifanía, recuperando la fe en Salamanca, o más bien... teniéndola por primera vez. Muy emocionante. Mucho.

Hasta que la pareja sentada a mi izquierda decidió que era el momento perfecto para abrir una bolsa de conguitos y comérselos todos. A su vez, la mujer sentada delante de mí reconoció la pieza que tocaba la orquesta y decidió que ella taraúlla (mezcla de tarareo y aullido) tan bien, pero tan bien, que todos merecíamos oírla. Al mismo tiempo, una de las chicas que iba en mi mismo grupo debió aburrirse de tanta música y se puso a hablar con el de al lado.

Yo intentaba que la chica del contrabajo me volviera a embelesar con su danza, pero ha sido imposible. Yo rezaba para que dejaran de tocar piezas tan reconocibles (bandas sonoras, mecachis en el cine) y así parar el molestísimo taraullido. Yo miraba sin disimulo alguno a la pareja de mi izquierda mientras ellos seguían sacando de la bolsa y comiendo conguitos también sin disimulo alguno. Yo me prometía no volver a ningún concierto, cine, teatro, etc con la chica charlatana que iba en mi mismo grupo.

Y de este modo he llegado a esta conclusión. ¿Hay gente con talento y con imaginación en esta ciudad? Si, no somos mayoría, pero todos sabemos que la mayoría está sobre-valorada.