viernes, 1 de marzo de 2013

Escalofrío en la noche.

Hoy he salido de casa con un nuevo fin. Lo normal es que salga a la compra, a sacar a los perros, a hacer recados... a beber mucha cerveza y luego bailar... pero hoy he salido con el fin de encontrarme con un grupo de gente que se reúne para hablar un rato en inglés. He pensado que esto del inglés no es como montar en bici, que o practico de vez en cuando o se oxida. Así que me he animado. Me ha gustado mucho la verdad, no sé muy bien que esperaba encontrarme, pero me ha gustado.

El plan era hablar un rato, ir a ver una peli en VOS (versión original subtitulada) y luego a casita. Pero el plan cambió (por mucho que yo me empeñe en lo contrario, los planes cambian constantemente) y hemos charlado un rato y luego ido a un concierto de música clásica ofrecido por una joven orquesta.

Justo antes de empezar ha habido una especie de "performance" reivindicativa, que me ha recordado un poco a los juegos que inventa la amiga de una amiga cada vez que se reúne con amigos. Hay gente con mucha imaginación en este mundo, incluso en esta ciudad. Y con eso en mente empezó el concierto. Ya en la primera pieza me he quedado embobada mirando a la chica que tocaba el contrabajo. Qué pasión. Ha sido increíble. Bailaba con él, se apoyaban el uno en el otro. Ha habido un momento en que he tenido los pelos de punta y lágrimas en los ojos. Todos tocaban bien (yo no soy una experta), pero la chica del contrabajo me ha hecho sentir lo que ella siente al tocar. O yo qué sé, pero me ha emocionado mucho.

De aquí mi mente se ha ido al pensamiento anterior. Parece que hay gente con talento, con ganas, con imaginación, incluso en esta ciudad. Y ahí estaba yo, en plena epifanía, recuperando la fe en Salamanca, o más bien... teniéndola por primera vez. Muy emocionante. Mucho.

Hasta que la pareja sentada a mi izquierda decidió que era el momento perfecto para abrir una bolsa de conguitos y comérselos todos. A su vez, la mujer sentada delante de mí reconoció la pieza que tocaba la orquesta y decidió que ella taraúlla (mezcla de tarareo y aullido) tan bien, pero tan bien, que todos merecíamos oírla. Al mismo tiempo, una de las chicas que iba en mi mismo grupo debió aburrirse de tanta música y se puso a hablar con el de al lado.

Yo intentaba que la chica del contrabajo me volviera a embelesar con su danza, pero ha sido imposible. Yo rezaba para que dejaran de tocar piezas tan reconocibles (bandas sonoras, mecachis en el cine) y así parar el molestísimo taraullido. Yo miraba sin disimulo alguno a la pareja de mi izquierda mientras ellos seguían sacando de la bolsa y comiendo conguitos también sin disimulo alguno. Yo me prometía no volver a ningún concierto, cine, teatro, etc con la chica charlatana que iba en mi mismo grupo.

Y de este modo he llegado a esta conclusión. ¿Hay gente con talento y con imaginación en esta ciudad? Si, no somos mayoría, pero todos sabemos que la mayoría está sobre-valorada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario