Estaba releyendo cosas que escribí hará un par de años en un club literario. Leyendo los comentarios y alimentando un poco mi ego, bastante maltrecho últimamente. Es una tarde masoquista y por supuesto estoy escuchando a Iván Ferreiro para no dejar espacio a nada que no sea la tristura.
He pensado apuntarme a un club de lectura en mi pueblo nuevo, pero no claro, leen en mallorquí, hablan en mallorquí, y yo soy una forastera. Prefiero mil veces seguir con el alemán.
"Qué día más feo se ha quedao" dice mi compa de curre, con toda la razón. Está gris como yo, como Iván. Hace un frío en esta oficina que no es normal. Yo ya viví en una isla fría antes. Sí que es verdad que aquí una vez fuera de la oficina hace muy bueno. Allí no, allí los días feos eran todos los días menos 8 o 10. Lo malo es tener que estar aquí, con los pies helados. Ojalá me hubiera tocado la lotería, voy a mirarla. El reintegro me ha tocado, así que compraré otro décimo hoy.
Pues eso, que leyendo cosas y comentarios de repente me he echado a llorar y me he tenido que escapar al baño de abajo corriendo para no tener que cruzar toda la oficina. No sé cómo arreglar esto la verdad. Bueno sí, con pastillas.