martes, 25 de febrero de 2014

Abierto.

Yo antes pensaba que la siesta era para débiles. Pensaba que Bruno Mars era un gilipollas, que Leiva era otro y que las tardes lluviosas eran aburridas.

Pero un día, tras muchas noches de insomnio, me dormí después de comer, en mi sillón orejero, hecha un cuatro. Calentita y feliz. No me desperté sintiéndome débil, sino descansada y ahora me echo una siestecita casi a dario.

Hoy fui a pasear con los perros y se levantó un viento del demonio, así que hemos vuelto a casa pronto. Me he puesto a trastear en Internet y a trabajar con Laura mientras escuchaba una canción de Michael Jackson que ha compartido un amigo en facebook. Qué guay. Una cosa a llevado a la otra y al final estábamos los perros y yo bailando el Thriller. Bailando es mucho decir tal vez, pero ha sido super divertido, los perros jugando y yo intentando seguir los pasos de los zombies.

Soy un completo desastre con dos pies izquierdos demasiado grandes y demasiada masa corporal. Nunca he logrado dar un paso que pareciera de baile, pero ¿y lo que me divierto?

El caso es que después del Thriller apareció un Youtube la actuación de Jacko en la Super Bowl del 93, y debajo la de Bruno Mars de este año. Qué pasada. Me ha encantado, qué tío, qué energía.

El otro día en la peluquería tenían puesta la radio y sonó una canción de Leiva que así a primera vista me gustó. Decidí echarle un vistazo al disco nuevo, en vista de lo mucho que le gusta a Candela y de que hasta Gloria quería ir al concierto. Me alegra haberlo hecho porque me gusta su aire a Los Rodriguez sin copiar y sin perderse. Llevo días escuchándolo, la verdad. He cambiado de opinión. Sobre un montón de cosas. Y me alegra.

A lo que voy es a que no hay nada cerrado, por mucho que nos empeñemos, todo está abierto, sólo hace falta estar dispuesto a ver que a veces una siesta es necesaria, o dos, o siete. Que Bruno Mars tiene canciones que me encantan y canciones que odio, como Leiva. Que no hay que ser Michael Jackson para echarse un baile y unas risas. Que a veces hago estofados de mierda y a veces me salen las lentejas más buenas del universo.

Está todo abierto.

jueves, 13 de febrero de 2014

Por una sonrisa un mundo.

Hay un tipo con el que me topo cada muchos años. Iba a mi clase en la facultad, era de los que se ponían detrás de quien hubiera estudiado en los exámenes y copiaba. Yo me ponía enferma. Si, lo creáis o no yo estudiaba, y si no había estudiado no me presentaba a los exámenes, así que en algún que otro examen me toco tener a este tipo pegado a mi nuca intentando ver mis respuestas. 

Años después me lo encontré en una discoteca. Era verano, el primer día de piscina. Por aquel entonces yo tenía un ritual de primer día de piscina. Me ponía al sol todo el día hasta acabar como un cangrejo, volvía a casa y ponía el París de Supertramp a todo trapo mientras me daba una ducha a la vez dolorosa y placentera. Después me ponía una camiseta blanca que resaltara bien el rojo de mi piel y salía a celebrar el comienzo del verano como dios manda, con mucha cerveza.

El caso es que me dio por hacerme la guiri, con mi melena rubia y mi exceso de sol. Así que cuando vino hacia mí le hablé en inglés. Me preguntó cómo me llamaba y de dónde era, le dije que del sur de Los Ángeles (jajajaja) y que me llamaba Shelby (por el Shelbyville de Los Simpson). De verdad que no sé cómo se pudo tragar todo aquello, porque yo ni hablaba bien inglés ni leches, pero se lo tragó. Antes de volver con mis amigas le confesé, David tío, que soy Rebeca, que fuimos juntos a clase, se le quedó una cara... y yo me fui partiéndome de risa, la verdad. Ahí quedó la cosa hasta hoy.

El invierno no es lo mío, de todos es sabido, así que ni salgo, ni quiero salir, ni conocer a nadie ni nada de nada. Pero andaba yo hoy en una página de ligoteos por Internet, mirando escaparates para pasar el rato y sin intención alguna de comprar nada cuando me lo he encontrado. Ahí está el tío, exactamente igual que hace... los veinte años que le conozco. Claro que según él empezó la carrera con 14, mientras los demás de la clase la empezamos con 18, porque si ahora dice tener 34... no me cuadra. ¿Qué hago, se lo comento? Qué bueno este David, que siempre me hace reír.