Ayer leí
un artículo acerca de una psicóloga que ha escrito un libro sobre el amor. Decía
que el amor verdadero, como nos lo pintan en las películas, no existe. Vaya
novedad ¿eh? También decía que esta concepción del amor como el súmmum de la
felicidad pone el listón demasiado alto, tan alto, que nos pasamos la vida
buscando algo que no existe y por lo tanto vivimos en un estado constante de
frustración (ansiedad, depresión, apatía y sus derivados). En esto estoy de
acuerdo. También decía el artículo, que esta mujer cree que el amor está compuesto por “micro
momentos de resonancia positiva” y que pueden ocurrir con tu pareja, con tus
amigos, familia… Aunque también puede haber micro momentos de estos con
extraños, alguien que ves por la calle, el/la que te atiende en la tienda… Pero
que tiene que haber presencia física para sentir ese amor.
Vale, bien. De
acuerdo. Personalmente hace tiempo que sé que la felicidad tal y como nos la
vende Hollywood no existe, que son momentos, de hecho micro momentos. Que hay
días que no tienes ninguno y que hay días que tienes muchos. Pero no estoy de
acuerdo en lo de la presencia física. Ni en que dichos momentos sólo ocurran
con otras personas.
Puedes
tener un micro momento recordando a alguien, una situación, un sabor, un olor…
Jugando, viendo la tele, escuchando música. Puedes tener millones escuchando
música.
Creo
que ahí está el problema, asociar la felicidad al amor, y reducir el amor a la
presencia física de otras personas. Así la felicidad es tan difícil de
encontrar. Y así hay tanta gente que no sabe vivir sin pareja, por muy perjudicial
que ésta pueda ser para su salud física o mental, a veces física y mental.
¿Qué
hay de la felicidad de comerse un helado bajo el sol de verano? ¿La de pasar
por una tienda de jabones y recordar aquel fin de curso en Mallorca? ¿La de poder
oír en Youtube la canción que quieras cuantas veces quieras? ¿La de ver a tu
perro y a tu gato jugar como locos? ¿La de una cerveza fresquita con Laura en
el bar de siempre? Yo que sé, hay mil maneras de ser felices. Celebrar lo que tenemos en lugar de anhelar lo que no tenemos. Que decía Buda, ¿no?