sábado, 26 de enero de 2013

Buda.


Ayer leí un artículo acerca de una psicóloga que ha escrito un libro sobre el amor. Decía que el amor verdadero, como nos lo pintan en las películas, no existe. Vaya novedad ¿eh? También decía que esta concepción del amor como el súmmum de la felicidad pone el listón demasiado alto, tan alto, que nos pasamos la vida buscando algo que no existe y por lo tanto vivimos en un estado constante de frustración (ansiedad, depresión, apatía y sus derivados). En esto estoy de acuerdo. También decía el artículo, que esta mujer cree que el amor está compuesto por “micro momentos de resonancia positiva” y que pueden ocurrir con tu pareja, con tus amigos, familia… Aunque también puede haber micro momentos de estos con extraños, alguien que ves por la calle, el/la que te atiende en la tienda… Pero que tiene que haber presencia física para sentir ese amor. 

Vale, bien. De acuerdo. Personalmente hace tiempo que sé que la felicidad tal y como nos la vende Hollywood no existe, que son momentos, de hecho micro momentos. Que hay días que no tienes ninguno y que hay días que tienes muchos. Pero no estoy de acuerdo en lo de la presencia física. Ni en que dichos momentos sólo ocurran con otras personas.

Puedes tener un micro momento recordando a alguien, una situación, un sabor, un olor… Jugando, viendo la tele, escuchando música. Puedes tener millones escuchando música.

Creo que ahí está el problema, asociar la felicidad al amor, y reducir el amor a la presencia física de otras personas. Así la felicidad es tan difícil de encontrar. Y así hay tanta gente que no sabe vivir sin pareja, por muy perjudicial que ésta pueda ser para su salud física o mental, a veces física y mental.

¿Qué hay de la felicidad de comerse un helado bajo el sol de verano? ¿La de pasar por una tienda de jabones y recordar aquel fin de curso en Mallorca? ¿La de poder oír en Youtube la canción que quieras cuantas veces quieras? ¿La de ver a tu perro y a tu gato jugar como locos? ¿La de una cerveza fresquita con Laura en el bar de siempre? Yo que sé, hay mil maneras de ser felices. Celebrar lo que tenemos en lugar de anhelar lo que no tenemos. Que decía Buda, ¿no?

sábado, 5 de enero de 2013

Las tablas de multiplicar.


Yo no soy de hablar las cosas, soy más de escribirlas. Tiendo a arrepentirme de lo que sale de mi boca en caliente cuando discuto. Y no hablo de discutir en plan “Salvame” o cualquier otro programucho del estilo, hablo de diferencias de opiniones, de puntos de vista, de maneras de actuar, etc. Yo prefiero pensar las cosas, oír esto, oír aquello, volver a pensar… y para cuando acabo, el resto ha ya medio olvidado la discusión, o al menos ya no hablan del asunto, y la conversación y su tono han cambiado.

La diversidad y la tolerancia se presentaron como algo muy novedoso en el currículo de enseñanza primaria que se desarrolló hacia finales de los 90 y principios del nuevo milenio. “Educación en la diversidad”, rezaban éste y el otro libro de texto, perdón, sin libros de texto, que los niños de ahora se estresan hasta cruzando un semáforo. La diversidad y la tolerancia si, conceptos que hay que tener muy en cuenta, pero que en realidad… como decirlo… ¿nos pasamos todos por el forro? Se me entiende perfectamente, creo.

Yo también lo hago, ¿eh? La primera. Ambas nociones aparecen frecuentemente en mi discurso, y no precisamente porque yo sea seguidora de ninguna de ellas, sino todo lo contrario. Pero vivir es, o debería ser, evolucionar. Y para ello hay que moldear, adaptar, cambiar o como se quiera llamar, nuestra forma de pensar. Yo lo estoy intentando. He visto que no es bueno para mí, ni para mi alrededor y estoy tratando de aceptar e incluir en mi vida diaria ideas como la diversidad y la tolerancia.

¿Todo esto para qué? Para extenderlo un par de metros cuadrados a mi alrededor, igual algo más, tres o cuatro metros cuadrados. De matemáticas sí que no entiendo y así me voy a quedar.

Tenemos formas diferentes de pensar debido a nuestras experiencias, nuestra educación, nuestra formación, nuestros valores… formas diferentes de hacer las cosas, formas diferentes de enfrentarnos a determinadas situaciones. Algunas de ellas son esencialmente erróneas (tenemos ejemplos continuos en los medios). Éstas son las que nos deberían crispar los nervios, tolerancia cero (qué de moda está ¿verdad?, qué moderna soy). Otras pueden parecer erróneas o no dependiendo del cristal con qué se miren.

Si estamos de acuerdo en la base, los fundamentos, la raíz, a partir de ahí las diferentes formas de pensar o actuar no deberían ser motivo de discusión, sino de puesta en común, de valoración y de aprendizaje. ¿Por qué discutir sobre algo en lo que en principio estamos de acuerdo? Puede que hagamos las cosas de forma diferente y puede que si escucháramos otras formas consiguiéramos algo más sólido, o no, quién sabe, pero negándonos seguro que no conseguimos nada más que frustración.

De las matemáticas que me enseñaron de pequeña sólo me quedé con la parte importante:
1x1=1 pero 2x2=4
Y a buen entendedor, pocos números bastan.