sábado, 5 de enero de 2013

Las tablas de multiplicar.


Yo no soy de hablar las cosas, soy más de escribirlas. Tiendo a arrepentirme de lo que sale de mi boca en caliente cuando discuto. Y no hablo de discutir en plan “Salvame” o cualquier otro programucho del estilo, hablo de diferencias de opiniones, de puntos de vista, de maneras de actuar, etc. Yo prefiero pensar las cosas, oír esto, oír aquello, volver a pensar… y para cuando acabo, el resto ha ya medio olvidado la discusión, o al menos ya no hablan del asunto, y la conversación y su tono han cambiado.

La diversidad y la tolerancia se presentaron como algo muy novedoso en el currículo de enseñanza primaria que se desarrolló hacia finales de los 90 y principios del nuevo milenio. “Educación en la diversidad”, rezaban éste y el otro libro de texto, perdón, sin libros de texto, que los niños de ahora se estresan hasta cruzando un semáforo. La diversidad y la tolerancia si, conceptos que hay que tener muy en cuenta, pero que en realidad… como decirlo… ¿nos pasamos todos por el forro? Se me entiende perfectamente, creo.

Yo también lo hago, ¿eh? La primera. Ambas nociones aparecen frecuentemente en mi discurso, y no precisamente porque yo sea seguidora de ninguna de ellas, sino todo lo contrario. Pero vivir es, o debería ser, evolucionar. Y para ello hay que moldear, adaptar, cambiar o como se quiera llamar, nuestra forma de pensar. Yo lo estoy intentando. He visto que no es bueno para mí, ni para mi alrededor y estoy tratando de aceptar e incluir en mi vida diaria ideas como la diversidad y la tolerancia.

¿Todo esto para qué? Para extenderlo un par de metros cuadrados a mi alrededor, igual algo más, tres o cuatro metros cuadrados. De matemáticas sí que no entiendo y así me voy a quedar.

Tenemos formas diferentes de pensar debido a nuestras experiencias, nuestra educación, nuestra formación, nuestros valores… formas diferentes de hacer las cosas, formas diferentes de enfrentarnos a determinadas situaciones. Algunas de ellas son esencialmente erróneas (tenemos ejemplos continuos en los medios). Éstas son las que nos deberían crispar los nervios, tolerancia cero (qué de moda está ¿verdad?, qué moderna soy). Otras pueden parecer erróneas o no dependiendo del cristal con qué se miren.

Si estamos de acuerdo en la base, los fundamentos, la raíz, a partir de ahí las diferentes formas de pensar o actuar no deberían ser motivo de discusión, sino de puesta en común, de valoración y de aprendizaje. ¿Por qué discutir sobre algo en lo que en principio estamos de acuerdo? Puede que hagamos las cosas de forma diferente y puede que si escucháramos otras formas consiguiéramos algo más sólido, o no, quién sabe, pero negándonos seguro que no conseguimos nada más que frustración.

De las matemáticas que me enseñaron de pequeña sólo me quedé con la parte importante:
1x1=1 pero 2x2=4
Y a buen entendedor, pocos números bastan.

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