Yo no
soy de hablar las cosas, soy más de escribirlas. Tiendo a arrepentirme de lo
que sale de mi boca en caliente cuando discuto. Y no hablo de discutir en plan “Salvame”
o cualquier otro programucho del estilo, hablo de diferencias de opiniones, de
puntos de vista, de maneras de actuar, etc. Yo prefiero pensar las cosas, oír
esto, oír aquello, volver a pensar… y para cuando acabo, el resto ha ya medio
olvidado la discusión, o al menos ya no hablan del asunto, y la conversación y
su tono han cambiado.
La diversidad
y la tolerancia se presentaron como algo muy novedoso en el currículo de
enseñanza primaria que se desarrolló hacia finales de los 90 y principios del
nuevo milenio. “Educación en la diversidad”, rezaban éste y el otro libro de
texto, perdón, sin libros de texto, que los niños de ahora se estresan hasta
cruzando un semáforo. La diversidad y la tolerancia si, conceptos que hay que
tener muy en cuenta, pero que en realidad… como decirlo… ¿nos pasamos todos por
el forro? Se me entiende perfectamente, creo.
Yo
también lo hago, ¿eh? La primera. Ambas nociones aparecen frecuentemente en mi
discurso, y no precisamente porque yo sea seguidora de ninguna de ellas, sino
todo lo contrario. Pero vivir es, o debería ser, evolucionar. Y para ello hay
que moldear, adaptar, cambiar o como se quiera llamar, nuestra forma de pensar.
Yo lo estoy intentando. He visto que no es bueno para mí, ni para mi alrededor
y estoy tratando de aceptar e incluir en mi vida diaria ideas como la
diversidad y la tolerancia.
¿Todo
esto para qué? Para extenderlo un par de metros cuadrados a mi alrededor, igual
algo más, tres o cuatro metros cuadrados. De matemáticas sí que no entiendo y
así me voy a quedar.
Tenemos
formas diferentes de pensar debido a nuestras experiencias, nuestra educación,
nuestra formación, nuestros valores… formas diferentes de hacer las cosas,
formas diferentes de enfrentarnos a determinadas situaciones. Algunas de ellas
son esencialmente erróneas (tenemos ejemplos continuos en los medios). Éstas
son las que nos deberían crispar los nervios, tolerancia cero (qué de moda está
¿verdad?, qué moderna soy). Otras pueden parecer erróneas o no dependiendo del
cristal con qué se miren.
Si estamos
de acuerdo en la base, los fundamentos, la raíz, a partir de ahí las diferentes
formas de pensar o actuar no deberían ser motivo de discusión, sino de puesta
en común, de valoración y de aprendizaje. ¿Por qué discutir sobre algo en lo
que en principio estamos de acuerdo? Puede que hagamos las cosas de forma
diferente y puede que si escucháramos otras formas consiguiéramos algo más
sólido, o no, quién sabe, pero negándonos seguro que no conseguimos nada más
que frustración.
De las matemáticas
que me enseñaron de pequeña sólo me quedé con la parte importante:
1x1=1
pero 2x2=4
Y a
buen entendedor, pocos números bastan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario