Le he
dado muchas vueltas, pero muchas muchas. Y nada, yo el sentido a la vida no se
lo encuentro. Claro que, imagina que después de tanta gente buscándolo durante
tantos años, voy yo y lo encuentro ¡ja! Ni filósofos, ni religiosos, ni
científicos, yo, que soy una “doña nadie”.
Supongo
que si lo encontrara vendría una multinacional farmacéutica e intentaría
comprar mi silencio con millones de euros. Imagínate la de depresiones y otros
problemas psiquiátricos y psicológicos que se evitarían conociendo el sentido
de la vida. En otros tiempos hubiera perseguido el bien común y no me hubiera
vendido, yo antes era muy de principios, pero el recibo de la luz y Angela
Merkel se han encargado de exterminar (exterminar va con segundas) mis ideales.
Entonces la multinacional farmacéutica habría acabado asesinándome, después de
comprar unas naranjas en el mercadillo de fruta y verdura de la Plaza San
Justo. Eso en otros tiempos. En estos tiempos me vendería por una casita con
jardín para mis perros y dinero para tirar bien unos… 40 o 50 años, que es lo que
calculo que me queda de vida (eso si el exterminio de los pobladores de la
Europa meridional no llega a buen puerto).
No,
pero a lo que yo iba es al sentido de la muerte, no de la vida. Ese sí lo he
encontrado. ¿Qué se dice en los funerales? “No somos nadie, estamos aquí de
paso…” y cosas así, no? Solo ante la inminente muerte de alguien o justo
después caemos en la cuenta de que no somos nadie, que no hay nadie
imprescindible y que la vida sigue con o sin nosotros. Mientras la muerte está
lejos seguimos pensando que somos super importantes, que sin nosotros nuestra
familia se desmoronaría, nuestra empresa (ya, que estamos casi todos en paro,
lo sé, pero es para hacerme entender) quebraría, nuestros amigos se sumirían en
la desesperación, etc, creo que son bastantes ejemplos.
Pues
no, no pasaría nada de eso, porque no somos nadie y estamos aquí de paso. Aunque hay que creer que somos alguien, que marcamos una diferencia en las vidas de
los demás, aunque sea pequeña y que aunque vayamos a irnos, mientras estamos
aquí somos importantes para mucha gente. Primero porque en la mayoría de los
casos es verdad y además porque si no, la vida no tendría sentido.
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