Hace años, más de 20, fui a casa de Emma, una amiga de una amiga de Bellas Artes que vivía en un apartamento en El Corrillo en Salamanca y al entrar en la cocina su compañera de piso me dijo: "A ti te duele mucho la garganta porque no dices las cosas, las dejas ahí y se enquistan. Tienes que decir las cosas, sacarlas fuera." Ese fue el comienzo de mi año de la sinceridad. Ese año dejé atrás a un montón de gente tóxica y también me forjé la fama de borde que aún me persigue.
Pese a esta fama de borde que tengo, me sigo callando las cosas. El año de la sinceridad acabó y con él volvieron los dolores de garganta, porque hay que hacer un esfuerzo enorme para cambiar hábitos arraigados. Y el callarme las cosas, el tragármelas y que se me queden ahí, es algo que aprendí desde muy pequeña.
Hoy me han vuelto a decir lo mismo, que tengo el recipiente de las cosas que no digo rebosando y que eso me produce todo este malestar y toda esta intranquilidad, y toda esta rabia y toda esta serie de infortunios que atraigo, porque si yo no estoy bien, nada está bien. Así que advierto y aviso, y el que avisa no es traidor. Me quiero, me respeto, me cuido. Y pese a que probablemente me vuelva a ganar mi fama de borde, mi prioridad voy a ser yo, mi bienestar, mi equilibrio y mi salud mental. No os lo toméis a mal, solo intento cuidar de la persona con la que tengo la relación más estimulante, apasionante y duradera de mi vida.

