Pues si, es mi cumple. Y cumplo 38. Que se dice pronto, pero hacen falta 38 años para llegar hasta aquí.
Para mí es como el año nuevo, vamos, como si el año empezara hoy, porque siempre llevo la cuenta de los años del calendario y de los míos a la vez.
En 1984 no recuerdo que pasara nada especial. No recuerdo nada más que Terminator, Los Gremlins y La Historia Interminable, esta última no por la película en sí, sino porque mis amigas de aquel entonces, las amigas del barrio y yo, hicimos una coreografía para las fiestas del barrio, cuando esto donde vivo era un barrio de los de antes, con sus fiestas y todo.
1994 fueron palabras mayores. El Año con mayúsculas, el año por excelencia, el año de los años. El carnaval, la semana santa, el verano más largo y más divertido. El año de aprobar todo en junio y volar a Cadalso en el coche con Miguel. El año de la moto que nunca tuve ni tendré. Rafa. Fiestas, peñas, amigos, anillas de los litros de cerveza. Yoli, Paloma y Rebeca. Hasta el otoño y el invierno estuvieron bien en 1994, y eso es casi imposible siendo yo. La Imprenta, La Iguana, Salva.
En el 2004 pasaron dos cosas de suma importancia, primero me despedí del gran desamor de mi vida. Y segundo y mucho más importante, dí la bienvenida al gran amor de mi vida, Senda. Y con ella a todo lo demás que vino, excursiones al pantano, Laura y yo en el Twingo, Eva.
Senda no vino con un pan debajo de la pata, vino con la panadería, así que si, en 2004 pasaron cosas muy importantes.
Y aquí estamos, en el 2014. ¿Qué hay a la vista? Las cosas buenas que trajo Senda siguen aquí y además crecen y se multiplican. No lo sé, es pronto para decir que traerá este año de bueno, ha empezado hoy! Por lo pronto me he dado un super baño de espuma de esos de las pelis, con velas e incienso. Lo he hecho para relajarme, aunque no he sido capaz ni de ver la hoja en blanco previa a la relajación, solo podía pensar en Stringer Bell, y claro, así no hay quien se relaje. Además a mi rosácea no le ha gustado nada tanto calor y tanto vapor y tengo la cara ardiendo y roja como un tomate. Pero no pasa nada, porque hoy es mi cumple, y 38 no se cumplen todos los días.
¡Feliz Año Nuevo!
miércoles, 22 de enero de 2014
38
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martes, 14 de enero de 2014
Tatuaje.
No hay nada mejor que esperar visita para poner la casa a punto, o intentarlo al menos. Hoy me ha dado por ahí, hasta voy a rellenar las juntas de la bañera con silicona, en cuanto compre silicona, que la que tengo está seca. O sea, que va a tardar lo de las juntas.
Viniendo del parque en el coche venía yo quejándome de que han cambiado Onda Melodía por Melodía FM. La música es la misma si, pero ahora a veces habla un locutor y hay publicidad, una pena, porque molaba mucho la emisora sin nadie dando el coñazo. En una de estas cuñas de los insoportables de Verti he cambiado a Rock FM a ver si con algo de suerte no encontraba el mismo anuncio y no. Me he encontrado de cara, bueno, de oído, con mi pasado, mi presente y mi futuro. Sirena Varada de Héroes del Silencio a quienes salvo por Entre dos Tierras (que repite hasta la saciedad esta misma emisora, como si no tuvieran más canciones) hacía años que no escuchaba.
La canción me ha atrapado, he subido el volumen cual choni reguetonera y me he puesto a vociferar. Qué guay. Echar el ancla a babor y de un extremo la argolla y del otro tu corazón... Buff... Me he visto volviendo de Anaya, con mis botas pesadas, de luto, la noche fría y mojada del invierno castellano, ese viento por dios, ese horrible viento, mis cascos y El Espíritu del Vino. Odiándolo todo y a todos casi a pleno pulmón.
Siempre quise pasar una noche con Bunbury, y he pasado muchas, la verdad, si hoy fuera hace unos años me fundiría la botella y media de vino que tengo con él, y la de brandy, qué coño. Hasta me fumaría un algo, fíjate, para dormir a gusto, sobrevolar el cansancio... Pero es posible que el frío venga con la edad.
Igual mi rollo con el mar viene de ellos, no lo había pensado nunca, porque en realidad yo más mesetera no puedo ser, y más de río. Sea como sea, ahora quiero mi sirena más que nunca, varada, claro que sí, como tiene que ser.
NOTA: Lo he comprobado (que yo de lenguaje marinero ni idea) y mi ancla está echada a babor!
Viniendo del parque en el coche venía yo quejándome de que han cambiado Onda Melodía por Melodía FM. La música es la misma si, pero ahora a veces habla un locutor y hay publicidad, una pena, porque molaba mucho la emisora sin nadie dando el coñazo. En una de estas cuñas de los insoportables de Verti he cambiado a Rock FM a ver si con algo de suerte no encontraba el mismo anuncio y no. Me he encontrado de cara, bueno, de oído, con mi pasado, mi presente y mi futuro. Sirena Varada de Héroes del Silencio a quienes salvo por Entre dos Tierras (que repite hasta la saciedad esta misma emisora, como si no tuvieran más canciones) hacía años que no escuchaba.
La canción me ha atrapado, he subido el volumen cual choni reguetonera y me he puesto a vociferar. Qué guay. Echar el ancla a babor y de un extremo la argolla y del otro tu corazón... Buff... Me he visto volviendo de Anaya, con mis botas pesadas, de luto, la noche fría y mojada del invierno castellano, ese viento por dios, ese horrible viento, mis cascos y El Espíritu del Vino. Odiándolo todo y a todos casi a pleno pulmón.
Siempre quise pasar una noche con Bunbury, y he pasado muchas, la verdad, si hoy fuera hace unos años me fundiría la botella y media de vino que tengo con él, y la de brandy, qué coño. Hasta me fumaría un algo, fíjate, para dormir a gusto, sobrevolar el cansancio... Pero es posible que el frío venga con la edad.
Igual mi rollo con el mar viene de ellos, no lo había pensado nunca, porque en realidad yo más mesetera no puedo ser, y más de río. Sea como sea, ahora quiero mi sirena más que nunca, varada, claro que sí, como tiene que ser.
NOTA: Lo he comprobado (que yo de lenguaje marinero ni idea) y mi ancla está echada a babor!
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martes, 7 de enero de 2014
Cuatro días.
Tengo un nudo en la garganta. O más bien tengo un nudo en la cabeza, como si demasiados pensamientos a la vez hubieran taponado... lo que sea que haya en el cerebro que hace que diga, o en este caso que escriba lo que pienso.
Hace días que pienso voy a escribir sobre esto, pero lo pienso dos veces y digo vaya chorrada, no, no voy a escribir sobre esto. Y así casi a diario.
Tendría que haber escrito sobre mis cervezas con Ari, que siempre dan para mil temas. Es como un ángel de la guarda Ari, como una hada madrina o como Jiminy Cricket (Pepito Grillo, que desde que descubrí su nombre en inglés me cae aún mejor).
La Navidad y sus luces de colores. Hacer de Grinch, como siempre. ¿Lo mejor de la Navidad? Que los estudiantes se van a sus casas a dar por saco a otros vecinos. Quejarme y quejarme, que se me da tan bien. La familia, los amigos, las buenas intenciones, la venta de cachorros que serán abandonados en tres meses... Ha sido una Nochevieja fantástica.
No, paso de la Navidad, del todo. Y del Año Nuevo y su lista de buenos propósitos.
Podría escribir sobre la renuncia. Le doy muchas vueltas últimamente. Puede que la manera de sobrellevar esto sea renunciar a cosas que de verdad son difíciles, si no imposibles de conseguir, en lugar de dejarse los cuernos y las esperanzas en alcanzar algo que nunca llega. Creo que nos han grabado a hierro esto de luchar por tus metas para ser felices. Pero ¿y si tus metas son inalcanzables y eso te causa ansiedad, tristeza, depresión...? ¿qué hace uno? Yo compro. Y como. Y compro. Y vuelvo a comer y a comprar. Y cada vez soy menos feliz, porque estoy más gorda y tengo menos dinero y lo que tengo me lo gasto en cosas que no necesito en lugar de irme de una vez a un sitio donde haga calor. Aunque sea 4 días.
Así que si. Renuncio. No a lo alcanzable, sino a lo inalcanzable. Basta ya hombre, de americanadas, de Disney y Susan Miller.Y desde que lo tengo claro estoy mejor.
Y mira, en un pis-pas mi cerebro se ha desatascado. Como siempre ¡muchas gracias!
Hace días que pienso voy a escribir sobre esto, pero lo pienso dos veces y digo vaya chorrada, no, no voy a escribir sobre esto. Y así casi a diario.
Tendría que haber escrito sobre mis cervezas con Ari, que siempre dan para mil temas. Es como un ángel de la guarda Ari, como una hada madrina o como Jiminy Cricket (Pepito Grillo, que desde que descubrí su nombre en inglés me cae aún mejor).
La Navidad y sus luces de colores. Hacer de Grinch, como siempre. ¿Lo mejor de la Navidad? Que los estudiantes se van a sus casas a dar por saco a otros vecinos. Quejarme y quejarme, que se me da tan bien. La familia, los amigos, las buenas intenciones, la venta de cachorros que serán abandonados en tres meses... Ha sido una Nochevieja fantástica.
No, paso de la Navidad, del todo. Y del Año Nuevo y su lista de buenos propósitos.
Podría escribir sobre la renuncia. Le doy muchas vueltas últimamente. Puede que la manera de sobrellevar esto sea renunciar a cosas que de verdad son difíciles, si no imposibles de conseguir, en lugar de dejarse los cuernos y las esperanzas en alcanzar algo que nunca llega. Creo que nos han grabado a hierro esto de luchar por tus metas para ser felices. Pero ¿y si tus metas son inalcanzables y eso te causa ansiedad, tristeza, depresión...? ¿qué hace uno? Yo compro. Y como. Y compro. Y vuelvo a comer y a comprar. Y cada vez soy menos feliz, porque estoy más gorda y tengo menos dinero y lo que tengo me lo gasto en cosas que no necesito en lugar de irme de una vez a un sitio donde haga calor. Aunque sea 4 días.
Así que si. Renuncio. No a lo alcanzable, sino a lo inalcanzable. Basta ya hombre, de americanadas, de Disney y Susan Miller.Y desde que lo tengo claro estoy mejor.
Y mira, en un pis-pas mi cerebro se ha desatascado. Como siempre ¡muchas gracias!
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