Mi perro mea en la esquina de mi casa. Y tú aparcas en los pasos de cebra y en las aceras. Y tú tiras colillas encendidas por la ventana. Y tú escupes en la calle. Y tú rompes cristales en los parques. Y tú llamas "la gorda del sexto" a tu vecina.
Mi perro mea en la esquina de mi casa. Y tú ocupas dos plazas de aparcamiento con tu coche. Y tú conduces después de beber en las fiestas del pueblo de al lado. Y tú vas a 140 por la autovía. Y tú a 80 por la Gran Vía. Y tú insultas al conductor que te pita por cruzar en rojo.
Mi perro mea en la esquina de mi casa. Y tú también. Y tú cagas en los parques. Y tú robas a tu madre para comprar drogas. Y tú llamas puta vieja a la anciana del tercero. Y tú miras el móvil de tu novia. Y tú enseñas a tu nieto a tirar papeles al suelo. Y tú te haces fotos con una cría de delfín hasta que muere.
Mi perro mea en la esquina de mi casa. Y tú rompes espejos retrovisores cuando vuelves borracho. Y tú vomitas en mi portal. Y tú tiras latas de coca cola en el campo. Y tú pones el fútbol por encima de las personas. Y tú grabas con tu móvil peleas, violaciones y atentados.
Mi perro mea en la esquina de mi casa. Y tú aceptas sobornos de empresarios y constructores. Y tú pones una alambrada de cuchillas en la frontera. Y tú empleas más dinero en toros que en educación y sanidad. Y tú nos multas por tener que trabajar en negro. Y tú te vas de rositas después de robar millones al estado.
Mi perro mea en la esquina de mi casa. Y tú haces política barata en las
redes sociales cada vez que hay un atentado terrorista. Y tú crees que
aquella chica se merecía que la violaran. Y tú crees que las mujeres
maltratadas algo habrán hecho. Y tú crees que la amiga de tu hija viste
como una puta. Y tú crees que somos todas iguales.
La próxima vez que veas a mi perro mear en la esquina de mi casa te puedes ahorrar la miradita.
viernes, 18 de agosto de 2017
lunes, 12 de junio de 2017
Vuelve a llamar.
Pues no sé qué pasa estos días por mi cabeza. Bueno sí lo sé, pero hacía tanto que ya ni me acordaba de la sensación.
Hace mucho calor, cosa que a mí me parece estupenda. Es lunes, pero es fiesta, así que no he ido trabajar. He tenido tiempo (y ganas) de hacer lo que me había propuesto hacer hoy. No digo que haya sido un día productivo, porque odio esa expresión. Productivos, como los animales de granja. Vale que así es, que es para lo que estamos, para producir. Fenómeno. Un fin de lo más guay. A mí sigue sin gustarme la expresión, porque además no he producido más que deshechos hoy. Para redondear el fin de semana largo, hay una tormenta muy chula sobre nuestras cabezas. Me encantan las tormentas. Creo que gracias a Draco, el de Barrio Sésamo.
Aún así ahí está. De nuevo en mi cabeza. Esta sensación de ¿para qué? de ¿qué ha pasado? Me encuentro escuchando canciones de aquella época, y parece que huele a aquel verano. Pero no es aquel, es éste. Y en el medio han pasado más veranos de los que pensé que pasaría. Idas y venidas, amigos y enemigos, perros, compañeros de trabajo que se convierten en amigos, o en pesadillas, o en nada, sin pena ni gloria. Grandes viajes y viajecitos para volver exactamente al mismo punto.
Ya no está aquel mueble mamotreto en el salón, ni la lámpara de araña. La tele nunca está encendida, a veces hay música. Hay plantas en la ventana y juguetes de perro por el suelo. El sofá es otro, aquel acabó por hundirse. Como todo el que se sentaba en él. Este sofá parece más resistente. Aunque solo lo parezca. De todos modos no sé si podrá conmigo, en días como hoy creo que no.
Igual ya es tarde para arrepentirse. ¿Los que no han sido educados en el catolicismo también se arrepienten? No sé si quiero estar tan sola.
Hace mucho calor, cosa que a mí me parece estupenda. Es lunes, pero es fiesta, así que no he ido trabajar. He tenido tiempo (y ganas) de hacer lo que me había propuesto hacer hoy. No digo que haya sido un día productivo, porque odio esa expresión. Productivos, como los animales de granja. Vale que así es, que es para lo que estamos, para producir. Fenómeno. Un fin de lo más guay. A mí sigue sin gustarme la expresión, porque además no he producido más que deshechos hoy. Para redondear el fin de semana largo, hay una tormenta muy chula sobre nuestras cabezas. Me encantan las tormentas. Creo que gracias a Draco, el de Barrio Sésamo.
Aún así ahí está. De nuevo en mi cabeza. Esta sensación de ¿para qué? de ¿qué ha pasado? Me encuentro escuchando canciones de aquella época, y parece que huele a aquel verano. Pero no es aquel, es éste. Y en el medio han pasado más veranos de los que pensé que pasaría. Idas y venidas, amigos y enemigos, perros, compañeros de trabajo que se convierten en amigos, o en pesadillas, o en nada, sin pena ni gloria. Grandes viajes y viajecitos para volver exactamente al mismo punto.
Ya no está aquel mueble mamotreto en el salón, ni la lámpara de araña. La tele nunca está encendida, a veces hay música. Hay plantas en la ventana y juguetes de perro por el suelo. El sofá es otro, aquel acabó por hundirse. Como todo el que se sentaba en él. Este sofá parece más resistente. Aunque solo lo parezca. De todos modos no sé si podrá conmigo, en días como hoy creo que no.
Igual ya es tarde para arrepentirse. ¿Los que no han sido educados en el catolicismo también se arrepienten? No sé si quiero estar tan sola.
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