viernes, 20 de agosto de 2021

Un día cualquiera.


Después de aquella noche, nada había vuelto a ser lo mismo, todavía. Las calles parecían siempre desiertas. Ya no oía el ruido. Ya no se fijaba en nadie. Coches, autobuses, niños, bicicletas, perros, taxistas, reguetoneros derrapando, ancianos… Ya nada de aquello era importante, nada la sacaba de su cabeza. Desde aquella noche.

Había trabajado aquel mismo sábado por la mañana. No había habido ni una sola llamada en la oficina. El último fin de semana de agosto la gente estaba dando los últimos coletazos, nunca mejor dicho, en la playa. Al día siguiente comenzaba la gran operación vuelta a casa. No era momento de comprar, solo de disfrutar de las últimas horas de las vacaciones.

Para los extranjeros, el curso escolar ya había comenzado. La actividad normal ya se había retomado. Ya no estaban aquí, y los que aún quedaban, al igual que los españoles, estaban entretenidos en pasar esos últimos momentos al sol. Sol que muchos apenas verían hasta las próximas vacaciones en España.

El resto del día fue como cualquier otro sábado. Compra semanal, poner lavadoras, planchar las camisas para la semana, una cerveza, una peli… La tranquilidad de no tener que correr, de saber que al día siguiente no sonaría el despertador. El merecido descanso ya estaba aquí.

Aquella noche, después de cenar, se desperezó en su sofá y abrió Netflix para elegir una peli divertida, de sábado noche. Sacó una cerveza, unas pipas y un bol para echar en él las cáscaras. Por la ventana abierta entraba una ligera brisa que movía las cortinas acompasadamente. Todo estaba en calma.

El teléfono se iluminó en la oscuridad de la habitación. ¿La responsable de Recursos Humanos? ¿A aquellas horas? ¿Un sábado?   ...   ...   ...   ¿Qué voy a hacer ahora? Se preguntó mirando el mensaje iluminado en la pantalla de su teléfono. Optó por beberse un vaso de agua fresca e irse a dormir. Mañana sería otro día. Sería un día como cualquier día para millones de personas. Su primer día como desempleada.