A propósito del próximo lanzamiento de su libro Hoy no puedo, pregunta hoy Juan Plaza en facebook que si a alguno nos han robado algo, contesto yo que el coche un par de veces, el móvil una, y el corazón cada dos por tres.
Y va en serio. En el amplio sentido de la palabra, me lo roban y en el hueco queda una especie de vacío en el que crece un corazón que no es el mío. Un corazón inseguro, llenos de miedos, un corazón dependiente, celoso, un corazón que no me pega nada.
Al cabo de los días, semanas, meses o incluso años (depende del ladrón), el corazón "replantado" se vuelve cada vez más parecido al mío propio. Y todo vuelve a la normalidad. Pero hasta que esto pasa, me encuentro compartiendo mi cuerpo y mi alma con un corazón extraño, al que no entiendo, que duele a menudo, de verdad, duele, y que además me hace ser alguien que detesto, alguien a quien abofetearía para sacar de un estado de imbecilidad total.
Me encuentro hoy en ese punto en el que sé que mi corazón está a punto de desaparecer, está luchando el pobre por quedarse y disfrutar de lo que venga, o llorar lo que venga, no se sabe aún, pero quiere quedarse. Sin embargo veo que se me escapa, veo que ahí estoy, dejándole ir, impotente, contemplando horrorizada como el hueco negro que deja rápido se llena de dudas, de miedos, de angustias.
No sé cómo seguir siendo yo cuando me encuentro con un ladrón. No sé cómo conseguir que mi corazón se quede conmigo, como está, como es. Es perfecto tal y cómo es y no sé cómo decírselo para que me entienda.
Igual tengo que meterlo en una cajita, y nunca llevarlo encima por si me lo quitan, como decía Robe Iniesta. Pero no, eso no es lo que quiero, quiero tenerlo conmigo.
Quiero quedarme con mi corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario