Hoy que se ha levantado el día fresco y gris (claro empiezan las Ferias y no podía ser de otro modo), hoy que parece que ha empezado el otoño, aunque yo me niegue, voy a hacer balance del veranito.
A grandes rasgos ha sido un verano estupendo. Y a pequeños rasgos (esto no se dice, no?) ha sido un verano fantástico. Para mí al menos, y como soy la que escribe esto...
Pues sí, empecé el verano muy enamorada, y aunque luego se me pasara no ha habido período de luto ni mucho menos, más bien período de celebración por haberme librado de un final más que infeliz. Luego encontré un trabajo, de esos que en condiciones normales son una mierda, pero que ahora como hay crisis y nos quieren hacer creer que ya no tenemos derecho a quejarnos, pues tenemos que agradecer. Yo me niego, no agradezco tener este trabajo, nadie me está regalando nada, y por supuesto que tengo derecho a quejarme, me parece una mierda por mucha crisis que haya y en cuanto pueda me iré. ¿Cuando podré? probablemente nunca porque vivo en una ciudad... bueno, no voy a tirar por ahí, porque me cabreo y para qué. Encontré trabajo y punto, dejémoslo ahí. Una cosa buena tiene, eso sí, los compañeros son estupendísimos. De verdad que sí. Así que estoy contenta, nos reímos mucho juntos, y el curre, mierdoso donde los haya, se hace mucho más llevadero.
Lo mejor del verano es tener un pueblito bueno al que ir de vacaciones. ¿Vacaciones? No, me las prorratean en el sueldo, así que no tengo ni tendré nunca. De todos modos este año no me correspondían porque acabo de empezar en el curre. Pero los fines de semana son míos y sólo míos, jejeje. Así que los viernes... carretera y manta y ¡al pueblo!
He aprovechado cada uno de los minutos que paso allí, mis escapadas nocturnas, los besos a escondidas, los baños en el río, los paseos con los perros, el sol abrasador, la vuelta a casa cantando, a veces con lágrimas en los ojos pero por fin entendiendo que las cosas son como son y están bien así. Y los domingos por la tarde vuelta a la carretera a una semana llena de buenos ratos en la piscina de Eva, en el parque con los perros y un libro malo de amor imposible, de cañas con los amigos... un verano sin dramas al fin. Las cosas son como son y están bien así, definitivamente.
Y ahora empiezo algo nuevo, y con buen pie, sin atropellos, sin locuras. Bueno sólo con la chispa necesaria de locura, pero sin excesos. Esto va a salir genial porque tiene los días contados y no merece la pena malgastarlos con malos rollos. Pero de todo esto ya hablaremos.
El verano no acaba hasta el 21 de septiembre, y hoy sólo es 5, aunque el día es fresco es gris. Este día y los que vienen se han colado grises en un verano nada gris. El verano es azul y amarillo y rojo y estupendo. No ha sido, no. El verano es estupendo.
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