Hoy me he levantado con una oferta muy interesante en el horizonte. Alguien a quien no conozco me ha pedido que me vaya con él a Canarias. Ni sé los años que llevo diciendo "yo me voy a Canarias, no aguanto este tiempo". Cada vez que llega octubre lo pienso, y cada vez que llega junio se me olvida. Pero en Canarias tendría un junio perpetuo. Sol. Con lo que a mí me gusta el sol.
Llueve desde hace un par de días o tres, y mi cara ya parece un plato de chili con carne otra vez. Es llegar el mal tiempo y apoderarse de mí esta extraña enfermedad. Ayer perdí mi trabajo. Bueno yo no lo perdí. Me lo han quitado. Mi perro no quiere salir a la calle porque llueve, ni yo tampoco, salgo por la perra, a ella le da igual la lluvia. Aunque todos sabemos que a Senda le pones un patio con sol... y es feliz. Como yo. Mi casa es un desastre, fría, con mil cosas que reparar, oscura, en un edificio con 4 vecinos majos y con 4 vecinos de los que te entran ganas de matar. Y luego Salamanca. Qué decir que no sepamos. Cerrada en sí misma y sin futuro cercano, cuanto menos lejano.
Así que sí. Contemplo la posibilidad de liarme la manta a la cabeza y marcharme a Canarias, a vivir cosas nuevas. A hacerme amiga del mar. A recuperar el sol. Andar descalza, tener una bici, plantar tomates, por fin, tomates.
Ahora vendrán las preguntas, los consejos, las advertencias, los miedos y todo tipo de negatividad. Adjetivos calificativos para mi falta de juicio, aventurando una fracaso rotundo. Miradas compasivas, de reproche, cabezas que niegan en señal de desaprobación. Consejos de guerra.
Pero yo siempre quise esto mismo. Que alguien se volviera loco y me propusiera algo como irme a otro lugar. Preferiblemente un lugar cálido. Una aventura romántica como la de El Piano, o como la de Karen Blixen.
"Cuando los dioses quieren castigarnos escuchan nuestras plegarias."
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