lunes, 24 de junio de 2013

Madrugaba el Conde Olinos...

Esta noche, noche de San Juan y luna llena además, he buscado en Internet algún "conjuro" facilito que pudiera hacerse sin muchos materiales, ni velas, ni hierbas, ni saquitos, ni cordones de colores. He leído varios de los que no hay quien haga a no ser que esté uno muy metido en estas cosas, que si aromas de no sé qué, que si aceites de no sé cuál... Que si te cuelgas de ella o te tiras al mar.Y al final he encontrado uno que consiste en escribir en un papel las cosas negativas de las que te quieres deshacer y luego quemarlo con una cerilla de madera.

Más fácil imposible. He empezado a escribir mi lista a las 11:28 de la noche, porque pensé que lo suyo era quemar el papel pasada la medianoche. No he pensado en nadie más que en mí, o sea, que no he puesto a nadie de quién quiera deshacerme, y no por falta de candidatos/as, sino porque esto era muy mío, muy personal y he pensado que si mejoraba yo, si me quitaba todo lo negativo, esas personas dejarían de ser una molestia. Y lo sigo pensando.

Pues una vez escrita mi lista, he buscado cerillas de madera y he encontrado una cajita recuerdo de la boda de unos primos, allá por 1985. Perfecto. Seguro que ambos estarían encantados de saber que les he dado a sus cerillas un uso tan... peculiar. Y por último he buscado un recipiente en el que poder quemar el papel sin hacer peligrar nada alrededor. Fácil, la bacina de acero que me regaló Eva el año pasado, o el anterior, no sé. Y con todo el material listo me he puesto una chaquetita y me he ido al parque.

He encontrado un hueco protegido por un seto alto de arizónica en el que había un banquito de piedra, rodeado por una barandilla de hierro y desde el que se veía la luna. He doblado el papel con las palabras a quemar, lo he metido en la bacina, la he colocado encima de la barandilla metálica, he encendido una cerilla y la he acercado al papel hasta que ha prendido. Me ha costado 5 cerillas acabar con el papel en cuestión. Creo yo que porque no he escatimado en escribir cosas de las que me quiero deshacer. La lista era enorme y muy detallada, así que no me extraña que no se quemara a la primera.

Ha sido muy bonito la verdad. La luna llena, los cipreses del parque, el frío del aire y el calor de mi hoguerita, todas esas cosas malas quemándose, el humo negro y finalmente las cenizas. Había leído en uno de los sitios que encontré algo sobre enterrar las cenizas así que he salido de mi escondite y he cavado un pequeño hoyo en la tierra húmeda y sin césped del parque, cerca de una boca de riego. Sólo he cogido dos puñados de tierra, así que el hoyo no ha sido muy profundo, he volcado en él las cenizas y lo he vuelto a tapar. Y mientras lo hacía me he encontrado una moneda de 20 céntimos. Jeje.

De vuelta a casa he pensado que esa moneda vendrá conmigo todos los días de este año que empieza hoy, 24 de junio. La he metido en la bacina de acero ya limpia de cenizas y la he puesto en la ventana para que se cargue de luna llena. He vuelto a casa ligera y contenta, recitando el romance del Conde Olinos que Mª Jesús (La Chusa) nos hizo aprender en clase de literatura, y que ni he olvidado ni quiero olvidar. Qué tía más maja era, qué buena profesora. Ojalá le vaya bien este año que comienza hoy.

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