martes, 18 de junio de 2013

A perro viejo no cuz cuz.

Ahora ya no sé si son peores los pro-vida sonrisas, sueños, ilusiones y moñadas varias o los pro-sucidio, cabreo, politiquismo barato, quejicas y amargados. A mí me ponen de los nervios al mismo nivel.

Yo creo que las dictaduras son malas sean del color que sean, y no porque sea una ciudadana americana que paga sus impuestos, ama la democracia y la bandera de su país. No. Creo que la democracia es un cuento chino (sin ofender a los chinos, es un dicho de mi idioma y pienso seguir usándolo) y que la libertad es otro. Que no existen, ni la una ni la otra. Ni somos libres ni vivimos en democracia. Eso es lo que yo creo y quien no crea lo mismo, tiene todo mi respeto. O más bien mi indiferencia. En resumidas cuentas que me da lo mismo, me da exactamente igual en qué creas, a quién ames, qué comes, de qué equipo eres y a qué dedicas los domingos por la mañana.

Hay muy poquitas cosas que no me dan lo mismo. Odio que se maltrate a la gente mayor, como la vecina del 4º que está amargando la vida al resto de vecinos, que son todos octogenarios (menos una servidora) y que se merecen vivir en paz los años que les quedan. Y tengo un punto muy malo en lo que se refiere a los perros. De nuevo me sacan de quicio los maltratadores, tanto los que no lo esconden como los que van de educadores caninos, con sus collares de pinchos, sus collares de ahogo, sus collares de impulsos (o sea, de descargas eléctricas, que el perro ni nota según ellos, en los huevos se los ponía yo a ellos, a ver si notan algo). Estos ya no me dan igual. Amenazar o cumplir la amenaza. Mal con cualquier perro, salto a la menor, no lo puedo evitar, me parece tan cobarde aprovecharse así de un animal, tan desmedido, tan injusto, tan bajo... Y ya con mis perros ojo, que ya no ando saltando, por ellos mato, MA-TO.

Y aparte de esto, lo demás me da bastante igual. No tengo trabajo y no encuentro, y me cabrea, me desespera, me preocupa, por supuesto que sí. Pero no voy a insultar a quien pone en su facebook una foto de la comunión de su sobrino, ni al que comparte el resultado del partido, ni al que sube la foto de su moto nueva. Que la vida sigue, y menos mal. Que no gano nada con amargarme y amargar a mis congéneres y mucho menos con ganarme enemigos en una sociedad en la que si no conoces a nadie, eres mayor de 30 y estás en paro jamás volverás a encontrar trabajo.

Yo no creo que sea más el que escribe que el que lee, así como no es más el que juega al fútbol que el que lo ve, y no es más el que ve el telediario que el que se va al bar a echar un cinquillo. Creo que hay que dejar que cada uno haga lo que le da gana, dentro de lo que se nos permite. Y si quieres luchar por algo, pues hazlo, sea por los perros, por los niños, por las focas, por los sindicatos, o por un parque en Estambul. Que la vida sigue, y menos mal.

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