martes, 4 de agosto de 2020

Te odio un poco, la verdad.

Pues otra vez la misma historia. ¿Será el karma? Pues igual sí, porque he de reconocerlo, he sido muy, pero que muy mala en infinidad de ocasiones. 

Así que ahora te conozco, te abro la puerta, te invito a entrar por tu propia voluntad, como haría una buena vampiresa y tú entras y te haces un hueco, y encajas. La verdad que encajas de una forma que no esperaba, y que siempre había esperado. Fácilmente, sin empujones, con silencios y miles de palabras, con la música que tanto me gusta, con las manos y los labios y las comidas fuera y las comidas dentro y los planetas y los cometas. Encajas.

De manera que ahora que te has ido a mi puzzle le falta una pieza. No le falta, en realidad tú y yo sabemos que mi puzzle está requetecompleto. Pero la sensación es como la de apoyarse en un colchón de visco-elástica y dejar una huella de mano. Durante unos minutos al colchón le falta esa mano para volver a estar completo y bien.

Pues así estoy yo sin ti. Al menos unos minutos.

Así que la verdad es que te odio un poco. Porque yo estaba ahí, bien, ilusionada, contenta, satisfecha y hasta feliz y ¡pum! Burbuja a tomar por culo.

No voy a cometer el error de preguntar por qué, tú sabrás. Yo prefiero quedarme con que eres un poco cobarde, como todo el mundo y que estás esperando que aparezca alguien mejor que yo. Y lo cierto es que yo soy la leche, te equivocas buscando más allá, pero… tú sabrás.

Te odio un poco, la verdad, pero no tanto como para no alegrarme mucho de haberte conocido.


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