Todas las cartas de la tirada de tarot que acabo de hacer me hablan de cambio. Y mira, es una nueva semana, de una nueva estación. Igual es buen momento.
¿Sabes cuando alguien hace algo, que en realidad no es malo,
pero lo hace tan mal, y tan sin pensar en nadie más y tan sin pizca de tacto
que te sienta peor que si te hubiera metido el dedo en un ojo?
Pues siendo yo, como es mi caso, la primera vez lo dejo
pasar instantáneamente. Porque es un pequeño detalle dentro de un mar de cosas
buenas y porque oye, no todo puede ser de color de rosa todo el día, todos los
días.
La segunda vez, me salta una pequeña alarma porque me
acuerdo de la primera, de la que obvié y “dejé pasar”, A la vista está que yo
nunca dejo pasar nada, me lo puedo comer, tragar, hacer la digestión, lo que
sea, pero olvidarlo no sé.
La tercera vez me encabrono hasta ponerme roja, me hierve la
sangre. Y no por lo que me hayan hecho o dicho, que un poco sí, pero no. No por
eso, sino por lo profundamente gilipollas que me siento. Si la primera se me
quedó ahí al fondo de la retina y la segunda me saltó la alarma, ¿por qué
demonios no puse cartas en el asunto antes? ¿Por qué dejar que pase una
tercera?
Pues como dice el tarot, es hora de cambiar, llámalo sino,
destino o sincronicidad. Nunca me había dado por pensar en esa palabra. Ni
sabía lo que significaba, y eso que Synchronicity
II de The Police es una canción que me encanta. ¿Casualidad?
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