martes, 20 de octubre de 2020

El tuerto.

 A mí me cuesta, bueno, me costaba mucho eso de pedir ayuda. Empecé a desahogarme en este blog y la respuesta que obtengo es siempre impresionante. La semana pasada tuve días malos malos, malos de los de antes, de los muy malos. Y os lo conté. Y ahí estuvisteis. Recibí cariño vuestro a borbotones, a calderos, a ríos. Y os doy las gracias.

Me habéis demostrado que estáis. En más de una ocasión. En muchas de hecho. Que tengo amigas buenas de hace años. Con algunas hablo casi a diario. A algunas os veo los domingos por videollamada. A otras no os he vuelto a ver. Con otras apenas he vuelto a hablar. Pero estáis ahí.

Después una piedra se cruzó en mi camino, o más bien en mi riñón y me las hizo pasar putas. De alguna manera después de unas tres horas llorando de dolor parí toda esa mierda que me llenaba la cabeza. No sé qué ha sido de la piedra, si sigue ahí, si ya se ha ido o si se está deshaciendo. Lo que sé es que después de tanto dolor físico he soltado también el dolor del alma. Salí del hospital, me dormí y por la mañana no tenía ni uno ni otro dolor.

Total, que igual que os cuento mis miserias, os quería decir que ya estoy bien. Que no se me ha olvidado, pero que ya no me mata de dolor. Que sois geniales y que aquí estoy para lo que necesitéis. Que ojalá cuando no sé nada de vosotras sea porque estáis todas bien y tranquilas, y que si alguna vez dejáis de estarlo y queréis desahogaros, aquí estoy.

Vamos a seguir andando, y alguna piedra más nos encontraremos, habrá que tomárselo con filosofía. Ahora, como pille al tuerto que me miró…



No hay comentarios:

Publicar un comentario