viernes, 4 de mayo de 2012

En el límite del bien.

¿Cuánto estoy dispuesta a sacrificar por tener una relación con el no-hombre-de-mi-vida? Por lo visto no mucho. No hablo de sacrificios a gran escala, bueno si, en realidad si. Yo tengo mi vida configurada de una forma, esto y lo otro y a veces lo de más allá, pero no  muchas. Claro que a veces varío la configuración, y cuando lo hago por decisión propia no solo no me importa hacerlo sino que lo hago de muy buen grado. El problema viene cuando el "varío" se transforma en "tengo que variar". Eso ya lo llevo bastante peor, porque la primera pregunta que me viene a la mente es ¿por qué? hay cosas que nadie debería "tener que hacer", hay cosas que deberían salir de uno mismo.
Soy egoísta, egocéntrica y no sé jugar al juego de tu cedes en esto y yo en aquello, sobre todo cuando tu no cedes en esto pero yo si tengo que ceder en aquello.
No hace mucho escuché a alguien decir que no estaba dispuesta a dejar de ser ni un ápice de ella misma por nada ni por nadie. Y a mí me pareció que una deidad me hablaba a través de la tele. Sería Ares, con mis antecedentes nunca recibiría un mensaje de Afrodita.
Yo tampoco, pensé, ¡no pienso dejar de ser yo!. Y en su momento lo dije en voz alta y fui escuchada y comprendida. Entonces ¿de eso se trata? ¿tu intentas cambiarme y yo me opongo? ¿este es el juego? ¿para siempre? Yo creí que con aquella primera vez bastaría. Llámame listilla, o llámame algo peor, lo que quieras, pero llevo fatal que la gente no coja las cosas a la primera o como mucho a la segunda. Pasar las próximas semanas, meses o incluso años jugando al "tu me cambias yo no me dejo y nos cabreamos" no entra en mis planes.
Ya, consejo del resto del planeta, piénsalo en frío. Nadie quiere que yo sea yo, por lo visto hay una versión mejorada de mí en sus cabezas. Pero no existe, no es más que su imaginación. Esto no es Fringe, y yo no pienso las cosas en frío.

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