Siempre me ha parecido increíble que una persona pueda ser el centro de tu vida hoy y desaparecer totalmente mañana. Hoy somos novios, mañana cortamos y hala, se acabó, ya no estás más. Eso si la ruptura es medio pacífica, si no es así tu vida se convierte en un pequeño infierno, y tras tres o cuatro actos o conversaciones hirientes que a veces rayan la tortura, te das cuenta de que en realidad no conocías a la persona en cuestión. Que si hubieras sabido lo cruel que puede llegar a ser jamás hubieras estado con él (digo "él" porque yo soy ella, pero que nadie se ofenda, y si alguien se ofende pues que no siga leyendo y se vaya a leer otra cosa). Que ahora mismo podrías verle matar a golpes a un bebé conejito y no te extrañarías porque has descubierto lo retorcido y malvado que es. Te entra miedo por el pasado, ¿cuántas veces has estado a solas con él? Te entra rabia por lo imbécil que eres. Otra vez te la han metido doblada, de verdad, y no aprendes. Pero ¿cómo no lo viste venir? La mayoría de la veces sí lo vemos venir, pero en efecto, somos idiotas.
Lo siguiente depende del grado de enamoramiento. Si hubo amor sientes una tristeza infinita, porque confiaste, porque quisiste, porque diste mucho de ti, porque no entiendes nada, porque de verdad querías que saliera bien, porque creíste que serías feliz para siempre. Y si no hubo amor te da un asco..., buagh, y pensar que me besó, y... bueno ya sabéis, QUÉ ASCO!!!!! Pero esta parte es fácilmente superable, lo borras de tu vida y listo. Prohibido hablar de aquel gilipollas con el que estuve, y listo.
La tristeza infinita es mucho más difícil de borrar, se te mete en los huesos y hasta donde yo sé, no se va nunca.
El amor apesta.
¿Va con segundas?
ResponderEliminar¿Con segundas? Con primeras diría yo.
ResponderEliminar