lunes, 24 de septiembre de 2012

Me encantan los niños.

Parece ser que el hecho de ser madre (o padre, vaya) trae consigo una serie de derechos de los que los demás no disfrutamos. Por ejemplo, puedes aparcar en las aceras y entrar y salir de ellas sin preocuparte de que estén ocupadas por esos molestos peatones. También puedes aparcar en doble fila de ocho y media a nueve y media de la mañana y de una a tres o a seis de la tarde, dependiendo si los retoños tienen jornada partida o completa en el cole. Por supuesto también cuentan con el privilegio de salir de dicha doble fila sin indicarlo y sin apenas fijarse en el resto de vehículos que puedan o no osar circular por la calle del cole de sus niños. Además puedes entrar con tu vástago en cualquier parte, aunque esté echando los pulmones por la boca de tanto llorar, aunque esparza sus virus tosiendo y estornudando constantemente, aunque lo toque todo, lo tire todo, lo ensucie todo, aunque hable sin parar en su tono de voz agudo y nada molesto (JA), aunque no quepáis porque su carrito es más grande que el establecimiento en sí. No importa, adelante.

¿Qué son los niños? Personas de corta edad, que luego serán adolescentes, luego jóvenes, luego adultos y luego ancianos. Esos mismos niños a los que a los 15 llamaremos putos críos porque destrozan el parque haciendo botellón; esos mismos niños a los que a de los 18 a los 25 llamaremos niñatos porque recién salidos del instituto o de la universidad creen que lo saben todo; esos mismos niños a los que en su edad adulta llamaremos zorras, cabronazos, hijos de puta, etc... ¿que por qué? porque se han largado dejando a la mujer con dos niños y en paro, porque se han acostado con más de tres en un mes, porque casi nos la damos en el cruce de la calle X, porque se nos han colado en el super, porque les han dado el ascenso que creíamos nuestro... ¿sigo?. Y esos mismos niños a los que una vez jubilados llamaremos viejos e intentaremos que molesten lo menos posible ya sea metiéndoles en residencias o sorteando a quién le tocan los veranos y los inviernos. Eso son los niños. Personas.

Poca gente va diciendo por ahí ¡me encantan las personas!, pero sí dicen que les encantan los niños. Es como decir que te encantan los cachorros pero no los perros y cuando crecen y dejan de hacer gracia y ser tan monos les abandonamos. Vale si, eso lo hacen muchos niños en su edad adulta, es verdad. Y eso que los perros ni hacen botellón, ni van de listos, ni se tiran a tu novia, ni te rayan el coche...

A lo que iba, a mi los niños me dan igual, ahora los MAPAG (madres y padres gilipollas)... eso ya es otro tema.

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