Ayer leí en el horóscopo de Susan Miller que las malas vibraciones del eclipse lunar de finales de abril terminaban ayer, 15 de mayo. Sin embargo hoy, 16 de mayo, me he levantado con el pie izquierdo. He tenido un día de los más tonto. Bueno no, sólo la mañana, porque la tarde ha estado muy bien. Pero la mañana... que mañana.
Empiezo por ir al parque con los perros y encontrarme al tipo que me encuentro cada día a medio esconder detrás de unos setos. Perfectamente visible. Y perfectamente aterrador. Total que en vez de volver a casa por dónde él cree estar escondido, que es mi camino habitual, tengo que rodear un buen trecho rezando para no encontrármelo de frente cerca de mi portal. Mi primer pensamiento es un rottweiler. No se acercaría a mí con un rottweiler. Ni de coña. Mis perros no le asustan. Segundo pensamiento. Voy para allá y le pregunto que qué coño le pasa. Pero me da miedo, la verdad. Ya tuve miedo alguna otra vez y no quiero volver a tenerlo. Tercer pensamiento, rodeo, evito, me pongo a salvo, me olvido. Pero no me olvido. Y el miedo ya está ahí, el muy cabrón. Instalado.
Sea como sea, voy a confesarme. No por la posibilidad de acabar en el purgatorio ni nada de eso, sólo por mi propia conciencia. En mi línea, totalmente egoísta.
Una vez Marta me pidió quedarse en mi casa; yo vivía con Rubén, que no soportaba a Marta y le dije que no, porque no quería tener problemas con él. Me arrepiento.
Una vez jugando con Javier cuando todavía no sabía hablar muy bien dijo algo que no entendí, y le pregunté ¿qué has dicho? No sé por qué ni por qué no, pero mi hermana salió como un rayo de la cocina y empezó a zarandear a la pobre criatura gritando ¿qué has dicho?, ¿qué es lo que has dicho? mientras yo miraba la escena boquiabierta e incapaz de articular palabra. Me siento super culpable de aquello y me gustaría pedirle perdón.
Una vez Laura y yo nos fuimos al pueblo sin decirle nada a sus padres. Mentimos las dos pero la gran bronca se la llevó ella. No fue justo en absoluto y me arrepiento mucho.
Una vez pensé que si no tuviera a Senda todo sería más fácil. No es verdad, y me arrepiento muchísimo de haberlo pensado.
Bueno, lo gordo ya está fuera. Así que ahora, con la conciencia más tranquila puedo pensar en qué hacer el lunes con el tipo este. Un spray de pimienta parece ser la solución, según varias opiniones. No sé, si pudiera hacer algo sin tener que acercarme... A mí lo del rottweiller me sigue pareciendo ideal, pero claro un cachorrín... para cuando crezca, a saber donde está el individuo este, y dónde estoy yo.
Si a alguien se le ocurre algo que lo diga, que yo me voy a dormir, con mi casi inmaculada conciencia.
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