sábado, 7 de junio de 2014

Supertramp y yo.

Una vez quedé con un chico para tomar algo, una de mis citas a ciegas. El tipo no quería conocerme, sino darse a conocer. No paró de hablar de él mismo en el par de horas en las que estuvimos en el Forest. Ya quedar en el Forest me pareció pedante de entrada. Era una especie de bar "alternativo-indie-perroflautico-superguay" de Edimburgo. El caso es que en medio del monólogo, me pregunta por mi grupo favorito, yo respondo que Supertramp y él empieza a canturrear Breakfast in America haciendo mofa de la simplicidad de la letra. Reportero de la BBC era el tío, y no era capaz de leer entre líneas. Así está el periodismo británico.

Me hubiera gustado partirle la cara allí mismo, decirle lo gilipollas que era y explicarle que alguien como él jamás podría entender las letras de Supertramp. Pero mi inglés de entonces, y mi mala leche juntas no son buena combinación. Así que me compadecí de su ignorancia en silencio y no volví a verle más.

¿Sabes cuando juegas de pequeño a que te persigan y de repente gritas ¡casa! y como por arte de magia estás a salvo? Pues eso es Supertramp para mí. Casa. Estar a salvo.

En casa sonaba mucha música cuando era pequeña, pero Supertramp es lo que más agradezco a Esther y a Dimas. Cantaba sin parar sus canciones, intentando escribir lo que decían, años antes de mi primera clase de inglés. Leía una y otra vez las letras que aparecían en la parte trasera de los vinilos. No sabía qué decían, no lo supe hasta años después, pero lo entendía todo.

Anoche lo decía Roger Hodgson en el concierto. "Muchos de vosotros ni siquiera sabéis inglés, pero sabéis que estas canciones están escritas con el corazón, y con el corazón las entendéis".
Anoche vi a Roger Hodgson en concierto.

Supertramp son la banda sonora de mis veranos. Y mis veranos son lo mejor que tengo. Iban conmigo al río en un casete grabado de la radio. Puedo sentir las agujas de los pinos crujiendo bajo mis sandalias, puedo oler el sol y oír a las chicharras cuando escucho las canciones que había en aquella cinta. El balcón de la casa vieja, Paloma y yo fumado a escondidas de mi madre, Supertramp de fondo. Antes de tener reproductor de cd (por dios, que vieja soy) compré todos sus cds en mi primer viaje a Inglaterra, un verano de idas y venidas a Bournemouth en bus, cantando carátula en mano. Entendiendo por primera vez qué decían en realidad las canciones que cantaba desde siempre.

También son la banda sonora de mis inviernos. De cuando no quería ver, ni oír, ni sentir, ni saber, ni estar, ni ser. Siempre han estado conmigo.

Cuando no sé qué hacer escucho Supertramp, cuando estoy perdida escucho Supertramp, cuando tengo miedo escucho Supertramp, cuando estoy contenta escucho Supertramp, cuando estoy triste escucho Rem, las cosas como son. Cuando necesito un lugar seguro, encontrarme, reencontrarme, volver a conectar conmigo misma, partir de cero, creer de nuevo o volver a sonreír, escucho Supertramp.

Era muy pequeña cuando la banda se separó, y en mi vida pensé que podría verles en directo. Aún así les vi dos veces en 2002, sin Roger Hodgson claro. En Madrid y en Edimburgo. Los dos conciertos de la misma banda más diferentes que podáis imaginar. Para un artista debe ser la leche tocar en España, y con esto lo digo todo.

Y anoche vi a Roger Hodgson en concierto, en Madrid. Y fue fantástico, no pudo ser mejor. Anoche se hizo realidad uno de mis sueños. Anoche Supertramp y yo.

Y no es que tenga ninguna intención de hacerlo, pero ya me puedo morir tranquila.

No hay comentarios:

Publicar un comentario